Julia Carabias L.

02CumbresTierraDesde que el concepto de desarrollo sustentable quedó acuñado en 1987 en el Informe “Nuestro Futuro Común” y adoptado por cerca de 180 jefes de Estado en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, realizada en Río de Janeiro en 1992, sin duda, se han registrado incuestionables avances que reflejan la incorporación de los criterios ambientales en los procesos de desarrollo. En México, como en la mayoría de los países, se crearon instituciones, se promulgaron leyes y se establecieron programas e instrumentos para atender los asuntos ambientales. Sin embargo, también podemos afirmar, que la implementación de un modelo de desarrollo sustentable ha fracasado en todo el mundo y no porque el concepto en sí mismo sea obsoleto -por el contrario, sigue siendo pertinente-, sino, sobre todo, por la falta de voluntad política de los gobiernos, la tendencia a planear considerando sólo el corto plazo en la planeación y la incapacidad de la política económica para incorporar el concepto y asumir sus implicaciones. 

     A poco más de veinte años de la Cumbre de Río, los compromisos globales de la sustentabilidad ambiental no se han cumplido cabalmente. Los acuerdos multilaterales no pudieron prevenir la peligrosa interferencia antropogénica en los sistemas climáticos y no se estabilizaron las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera; la Convención sobre Diversidad Biológica no pudo detener las tendencias de pérdida de la biodiversidad y sus servicios ambientales. Con respecto a la sustentabilidad socioeconómica tampoco se lograron los objetivos;  las desigualdades se han profundizado en las últimas dos décadas y la pobreza no disminuyó como se esperaba. 

     En México, al menos el tema del cambio climático, aunque con dificultades, logró posicionarse como se discute en Cambio climático: una reflexión desde México. No corrieron la misma suerte los demás asuntos de la agenda de la sustentabilidad ambiental: detener la pérdida de la biodiversidad y la degradación de la tierra; mejorar el acceso sustentable al agua, en calidad y cantidad; garantizar la seguridad alimentaria y fomentar la agricultura sustentable y la pesca responsable; valorar los servicios ambientales; construir una economía baja en consumo de carbono; disminuir la pobreza y las desigualdades sociales, entre muchos otros.

     La lentitud de la respuesta de los gobiernos y de las sociedades no corresponde a la acelerada velocidad a la que ocurren los cambios sobre la naturaleza por causa de la interferencia humana, lo cual impacta la calidad de vida de la población mundial y el propio desarrollo. Como se menciona en Resilient People, Resilient Planet: a future worth choosing, el reto sigue siendo erradicar la pobreza, reducir las desigualdades, promover el crecimiento económico incluyente y la producción y consumo más sustentable al tiempo de combatir el cambio climático y respetar otros límites planetarios.

Los impactos del desarrollo

Hoy, mientras que las sociedades del mundo están abrumadas por las crisis económicas, financieras y sociales, la corrupción, el crimen organizado y el terrorismo, el tema del desarrollo sustentable sigue en espera; no se asumen con decisión los principios de éste modelo de desarrollo y tampoco se comprende que, precisamente, es en la implementación de los principios de sustentabilidad en donde radica la solución de fondo y de largo plazo de las diversas y recurrentes crisis.

     La globalización, la comunicación y la tecnología son las grandes revoluciones de nuestra era y abrieron inimaginables oportunidades para el desarrollo; sin embargo, también han propiciado el sobreconsumo, incrementando las presiones sobre los recursos naturales. Aunque aún falta mucho por investigar, existe ya la evidencia científica de que el progreso de la humanidad ha ocurrido a un costo muy elevado para el funcionamiento del planeta y para las especies, ya que se están transgrediendo los límites biofísicos que han mantenido estables al medio ambiente y a la civilización durante los últimos 10 mil años. En la Evaluación de los Ecosistemas del Milenio se estima que 15 de los 24 servicios ambientales más importantes que mantienen la economía han sido empujados (forzados) más allá de sus límites de sustentabilidad.

     Si no se modifican las tendencias, inexorablemente el problema va a empeorar. Para el año 2050 la población se incrementará alrededor de 3 mil millones de habitantes que demandarán alimentos, agua, materias primas y energía. A este número se deben sumar las cerca de 1,400 millones de personas que actualmente viven en condiciones de pobreza extrema, se encuentran desnutridos y no tienen acceso al agua limpia. Dicho de otra forma: los patrones de consumo y producción actuales que han provocado una alteración sin precedentes al funcionamiento de la naturaleza, incluso, en ocasiones, de manera irreversible, no han podido resolver las necesidades básicas de una quinta parte de la población mundial. En Desarrollo sustentable y Bienestar Social explico que, para atender la demanda adicional de otros 4.4 mil millones (los que no han nacido y los que viven en pobreza extrema) se requerirá duplicar la producción de alimentos y triplicar el acceso al agua, lo cual, bajo los esquemas actuales resulta biofísicamente inviable.

02circulos-sustentabilidad     Los habitas naturales siguen declinando y por ello se incrementa la pérdida de biodiversidad y sus servicios ambientales; anualmente se deforestan alrededor de 13 millones de hectáreas en el mundo, principalmente en los trópicos. Cerca de una cuarta parte de todas las especies de plantas están en riesgo de extinción, y la extinción es irreversible. Más del 30% de las pesquerías mundiales están sobreexplotadas y los océanos se están acidificando por causa de los agroquímicos, creando amplias zonas muertas. Las emisiones de bióxido de carbono siguen creciendo y, si no cambian las tendencias, entre los años 2020 a 2030 alcanzaremos concentraciones atmosféricas de gases con efecto invernadero peligrosas para el futuro de la humanidad, que afectarán a los cultivos, modificarán los regímenes de precipitación, reducirán la disponibilidad de agua,  incrementado la desertificación de los suelos y la frecuencia e intensidad de los desastres naturales provocados por eventos hidrometeorológicos extremos. Como se mencionó en la Evaluación de los Ecosistemas del Milenio y posteriormente lo han reportado WWF y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), la única buena noticia que podemos narrar, es que la capa de ozono está en proceso de recuperación y que regresará a su estado normal entre el año 2060 y 2075.

     El daño sobre el capital natural de las naciones se ha justificado indebidamente como parte del costo del desarrollo. Sin embargo, el abuso en el uso de los recursos naturales no condujo a la solución de los problemas sociales, por el contrario, como se menciona en el capítulo Políticas públicas y perspectivas de sustentabilidad del libro Capital natural, el deterioro ambiental genera pobreza y que, a su vez, ésta incrementa el deterioro. El costo social de un modelo de desarrollo insustentable se expresa en que 27% de la población mundial vive en condiciones de alta pobreza y si bien se registra una mejoría en los índices de pobreza global, ésta se debe principalmente al crecimiento económico en China, sin que en el resto de las regiones exista una mejoría sustantiva; más aún, las hambrunas se han incrementado por causa del aumento de los precios de los alimentos. Además, cerca de 1.5 mil millones de personas tienen empleos vulnerables y las desigualdades sociales se han exacerbado; los países ricos son 13 veces más ricos per cápita que los países con desarrollo intermedio y 70 veces más que los países pobres. En Resilient people, resilient planet: A future worth choosing, discutimos que las desigualdades se expresan no solo entre regiones, sino también al interior de los países. En estas condiciones los Objetivos de Desarrollo del Milenio difícilmente se van a cumplir para el 2015, fecha señalada por la Organización de las Naciones Unidas en 2009.

Interacciones, transversalidad, transdisciplina

02tendiendo-puentesEntre los aciertos del concepto del desarrollo sustentable cabe resaltar la vinculación que existe entre los factores ecológicos-ambientales, los económicos y el bienestar social. Sin embargo, a pesar de la aceptación del concepto, su puesta en práctica dista mucho de asumir las implicaciones de estas conexiones. Si los problemas se enfocaran desde esta perspectiva, la búsqueda de soluciones se centraría en el conjunto de relaciones que se producen entorno a los recursos naturales para atender las necesidades básicas de la población, desde su extracción, transformación, distribución, acceso, consumo y desecho.

     Lamentablemente los sistemas de educación y de investigación históricamente se han orientado a que el razonamiento de las sociedades sea fragmentado, temático y especializado; por lo general, se carece de visiones, métodos e instrumentos que permitan analizar y actuar con una visión integral. Por ello, las soluciones a la pobreza o al deterioro ambiental se han abordado convencionalmente desde una sola perspectiva, segmentada, y sin entender, ni atender, sus interrelaciones. No existen instituciones ni programas adecuados para enfrentar la complejidad e interacción entre los problemas sociales, ambientales y económicos. Cada sector atiende su tema sin tomar en cuenta las repercusiones sobre otros sectores o sus interacciones. 

     Para lograr la planeación y conducción del desarrollo de una nación hacia la sustentabilidad resulta imprescindible, entre otras cosas, contar con una base sólida de conocimiento científico sobre los procesos económicos, sociales y ambientales que rigen la  relación sociedad – naturaleza, así como con tecnología moderna, adecuada y accesible para diferentes condiciones. La ciencia ha dado muchas explicaciones a los problemas complejos, la comprensión de estos es mucho mejor en los tiempos recientes y la base de información y conocimiento es bastante robusta. A. su vez, la tecnología, siguiendo los planteamientos científicos, ha elaborado muchas respuestas en biotecnología, genética, computación, eficiencia energética y energía alternativa, y para los servicios básicos.

     En México la investigación científica se ha fortalecido de manera muy notable durante el último siglo. La gestación y consolidación de las políticas ambientales nacionales no puede entenderse al margen de la evolución de la ciencia de la ecología en nuestro país y, posteriormente de las ciencias ambientales. La generación de conocimiento que explica los fenómenos del funcionamiento de la naturaleza y su vinculación con los procesos sociales ha sido indispensable para el diseño de dichas políticas y sus instrumentos tales como el ordenamiento ecológico, la evaluación de impacto ambiental, las áreas naturales protegidas, el manejo de la vida silvestre, la valoración de los servicios ambientales, la restauración ambiental, entre muchos otros. Además, la disponibilidad de una sólida base de datos científicos es el mejor soporte tanto para la toma de decisiones de largo plazo, como para la resolución de conflictos en torno al uso de los recursos naturales.

     Sin embargo, es necesario enfatizar que se ha padecido la escasez de presupuesto y la falta de voluntad de los gobiernos para impulsar la ciencia como un eje de la política nacional. Además, la insuficiencia de enfoques interdisciplinarios no permite, desde las distintas áreas del conocimiento, entender y explicar los sistemas complejos que constituyen las relaciones socioambientales. Es indispensable acelerar, en todos los ámbitos, los procesos que faciliten el entendimiento de los problemas, locales y globales, y la construcción de rutas para su solución integral y transdisciplinaria. 

Temas pendientes

Los siguientes son algunos de los temas en los que la ciencia, integrando distintas disciplinas, debe seguir aportando conocimiento y las instituciones incorporándolo en las políticas públicas, para la consolidación de la dimensión ambiental del desarrollo:

  • Transformación revolucionaria en la forma de usar la energía y las materias primas mediante mecanismos que desacoplen el crecimiento económico de la utilización de estos recursos; 
  • nueva revolución agrícola para aumentar la producción de alimentos, con innovadoras tecnologías sustentables acordes con cada región ecológica, que consideren los límites adecuados de uso de agua y detengan la conversión de ecosistemas naturales en áreas de cultivo que provocan la pérdida de biodiversidad y la reducción de sumideros de carbono;.
  • incluir el conocimiento sobre el capital natural y sus servicios ambientales, tanto en lo que respecta a las restricciones como a las oportunidades, en todas las decisiones económicas y en las estrategias de reducción de la pobreza;
  • generar  nuevos indicadores de bienestar, más allá del limitado Producto Interno Bruto, así como rediseñar instrumentos económicos que permitan a las innovaciones responder a intereses sociales e incluir a la población que no está siendo beneficiada;.
  • investigar a gran escala sobre los sistemas de la Tierra, los límites planetarios y la sustentabilidad global;.entender las interacciones entre el cambio climático, la escasez de agua, la escasez de energía, la salud mundial, la seguridad alimentaria.

     El fortalecimiento de la investigación científica sobre la sustentabilidad y la construcción de puentes comunicantes entre la ciencia  y la toma de decisiones en el diseño de políticas públicas, son un asunto de extrema importancia y urgencia en las agendas nacionales y deben quedar plasmados en nuevos arreglos institucionales y acuerdos sociales.

     Como bien concluyeron en 2011 los laureados con el premio Nobel en su 3° Simposium sobre Sustentabilidad Global “en un mundo interconectado y constreñido, en el cual tenemos una relación simbiótica con el planeta, la sustentabilidad ambiental es una precondición para la erradicación de la pobreza, el desarrollo económico y la justicia social”.

Para saber más

  • Carabias, J. 2012. Desarrollo sustentable y bienestar social. En, Cordera, R. et alDiálogo Nacional para un México Social. Universidad Nacional Autónoma de México. México.
  • Comisión Mundial del Medio Ambiente y del Desarrollo. 1988. Nuestro Futuro Común. Alianza Editorial, Madrid.
  • Conabio. 2008. Capital natural de México, vol. III: Políticas públicas y perspectivas de sustentabilidad. Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad, México.
  • Millennium Ecosystem Assessment. 2005. Ecosystem and human well-being. Islandress, Washington, D.C.
  • ONU. 2009. Objetivos de Desarrollo del Milenio. Informe 2009. Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas. Nueva York. Organización de las Naciones Unidas
  • PNUMA. 2010.  Perspectiva Global de la Biodiversidad (GBO3). Programa de naciones Unidas para el Medio Ambiente. Nairobi.
  • Semarnat. 2012. Cambio climático: una reflexión desde México. Semarnat, México.
  • Stockholm Memorandum. 2011. Tipping the scale towards sustainability. 3rd Nobel Laureate Symposium on Global Sustainability, Stockholm, Sweeden, 16-19 May, 2011.
  • UN. 2012. United Nations Secretary-General´s High-level Panel on Global Sustainability. Resilient People, Resilient Planet: A future worth choosing. New York: United Nations.
  • WWF. 2010. Planeta Vivo. World Wildlife Fund.ranita20