Clementina Equihua Z. y Luis E. Eguiarte

Alfred R. Wallace pasó a la historia como el hombre que apresuró a Charles Darwin a publicar su obra El origen de las especies por medio de la selección natural. Pero indudablemente Wallace fue uno de los más grandes biólogos de la historia por méritos propios, no sólo por ser uno de los fundadores de la biología evolutiva moderna, sino por sus aportes al conocimiento de la zoología, ecología e historia natural en  general, y por ser además el fundador de la biogeografía moderna. La magnitud e impacto actual de sus contribuciones se pueden constatar en la página de sus citas en Google scholar.

03edificio     Wallace era un hombre inteligente, emprendedor y de gran empuje. De pequeño su familia tuvo problemas económicos, y a los 14 años abandonó sus estudios para poder contribuir al soporte de la familia. En cambio Darwin, quien era hijo de un prominente médico y empresario, nunca tuvo necesidad de dejar de estudiar y siempre contó con el apapacho familiar y el apoyo económico de su padre.

     A partir del momento en que A.R. Wallace abandonó los estudios, su iniciativa y entusiasmo lo llevaron a experimentar todo tipo de empleos. Inicialmente trabajó con su hermano John, con quien hizo proyectos arquitectónicos, incluyendo un edificio que todavía sigue en pié,  que fue originalmente el Instituto de Mecánica de Neath. Hoy el edificio luce una placa que dice “Consejo del municipio de Neath. Alfred Russell Wallace, 1823-1913, diseño este edificio”.

     Wallace también trabajó como profesor. Durante ese tiempo gozó de tiempo libre que aprovechó para leer las Narraciones personales de viajes de Humboldt y los Ensayos sobre el principio de la población de Thomas Malthus. Casualmente, estos mismos libro también fueron muy importantes para Darwin. Durante ese tiempo Wallace conoció a Henry W. Bates, quien lo introdujo al gusto por colectar escarabajos.

     Otras obras fueron fundamentales para la vida de Wallace, una de ellas fue el Diario de Darwin, en donde relata su viaje en el Beagle y la obra Vestiges of the Natural History of Creation de R. Chambers. Vestiges provocó tanto a Wallace que detonó su curiosidad científica y alimentó sus inicios como naturalista.

03Vestiges     Bates y Wallace se embarcaron rumbo al Amazonas en abril de 1848 con el fin de entender cómo es que ocurría la evolución, que financiarían comerciando ejemplares de valor científico. Samuel Stevens, un agente especializado en la venta de especímenes científicos, les garantizó la compra de duplicados de sus ejemplares y enviarles suficiente dinero para sobrevivir. Después de un par de meses y los necesarios ajustes, ambos jóvenes lograron enviar a Inglaterra ejemplares de plantas, insectos y aves. Aunque por el precio que les ofreció Stevens, los jóvenes naturalistas debían enviar miles de ejemplares, lo que también implicaba una dura competencia en el trabajo de campo. Tiempo después los amigos decidieron separarse y Wallace emprendió rumbo a la confluencia del Río Negro y el Amazonas y, en enero de 1851, llegaría a los tributarios del Orinoco, en donde nadie había colectado antes.

     En 1852, enfermo y cansado, Wallace preparó su regreso Londres. En el libro Darwins’s armada, Iain McCalman relata que en el valioso cargamento había un “masivo número de ejemplares que incluían 10 mil pieles de aves, un gran herbario de plantas secas y una colección sin igual de huevos de pájaros…” además llevaba animales vivos entre los que incluía cinco monos, dos guacamayas, 20 pericos y cotorros, entre otras cosas. McCalman menciona que lo más preciado eran sus libretas de notas y dibujos.

     Quizá una de las historias más famosas en la vida de Wallace fue su viaje de regreso a Londres. Probablemente enfermo de paludismo y mareado, A.R. Wallace estaba encerrado en su camarote cuando se asomó el capitán para decirle “me temo que el barco está en llamas, ven a ver”. La nave Helen, que aparentemente transportaba un tipo de bálsamo inflamable y caucho, efectivamente se había incendiado, pero por un error del capitán y las condiciones climáticas, el fuego se extendió por toda el barco. A las órdenes del capitán la tripulación y pasajeros desalojaron al Helen, en donde quedaron todos los ejemplares de Wallace y sus preciadas notas e ilustraciones. Después de diez días a la deriva los náufragos fueron rescatados por el Jordeson, un barco que transportaba madera rumbo al viejo mundo. La aventura no quedó ahí, ya que el Jordeson estuvo a punto de naufragar también varias veces. Alfred R. Wallace finalmente llegó al puerto de Deal (cerca de Dover), después de 80 días en altamar.

     Después de la aventura marítima, Alfred Wallace llegó a Inglaterra hambriento y decepcionado: Su preciosa cargo se había esfumado y las herramientas para preparar las diversas obras que había ideado sobre su expedición al río Negro, eran cenizas en el mar. Aun así, Wallace se las arregló para publicar dos libros: Palm trees of the Amazon and their uses.

     Poco tiempo después Wallace empezó a planear su siguiente viaje, pero esta vez decidió viajar al Archipiélago Malayo. En esa región pasaría los siguientes ocho años de su vida.

     Alfred R. Wallace llegó a Singapur en abril de 1854. Durante ese tiempo viajó por todas las islas grandes por lo menos una vez: Sumatra, Java, Bali, Borneo, Celebes, Timor y Sarawak, entre muchas más. El resultado fue  muchísimos ejemplares para pagar su estancia en las islas del Pacífico. Quammen relata en su artículo The man who wasn’t Darwin que, como naturalista más experimentado, Wallace cuidó de contar con suficientes individuos para poder comerciar con ellos, pero también para tener buenas series. Esta es una práctica actual de zoólogos y botánicos, ya que es la manera de tener suficientes ejemplares para comparar individuos. En el caso del trabajo de este naturalista fue fundamental, ya que al identificar la variación entre individuos fue capaz de elucidar el mecanismo por el cual las especies cambiaban.

03Malasia     En 1858, estando en cama enfermo y hambriento, Wallace tuvo tiempo de pensar sobre la evolución de las especies y fue entonces que escribió la histórica carta a Darwin en la que le plantea sus ideas sobre el origen de las especies. Desafortunadamente, la carta de Wallace a Darwin está perdida, y sólo sobrevive el documento que leyó Lyell en la Sesión del 1º de julio de 1858 de la Linnean Society of London. En conmemoración de los 100 años de la muerte de Wallace la misma Linnean Society publicó un número virtual dedicado al trabajo de Wallace.

     A su regreso a Inglaterra, en 1862, mientras se recuperaba de todo el agotamiento de las enfermedades y aventuras de su viaje de ocho años, organizó sus notas y colecciones, que abarcaban más de 126,000 ejemplares, incluyendo más de  80,000 escarabajos, y escribió lo que es considerado como su obra magna, publicada en 1869 y considerada actualmente como uno de los libros de viajes y naturalistas más importantes de la historia .

     En total Wallace publicó en su vida 22 libros y otras 747 obras, la mayor parte de ellas sobre biogeografía, ecología e historia natural  (29%) y sobre evolución (25%), pero también sobre asuntos sociales, antropología, espiritismo, frenología y astrobiología, entre otros temas. A lo largo de su vida A.R. Wallace recibió muchos reconocimientos y estableció lazos con muchos científicos de la Inglaterra victoriana. Además viajó por Los Estados Unidos impartiendo conferencias sobre su trabajo.

     Darwin y Wallace mantuvieron correspondencia por muchos años y entablaron una buena amistad. Al morir Darwin, Wallace fue uno de los que llevaron depositar su féretro a la Abadía de Westminster.

     A pesar de recibir los diversos reconocimientos académicos y ser considerado un gran naturalista, Wallace tuvo problemas económicos casi toda su vida, por lo que realizó todo tipo de trabajos y ocupaciones, tanto antes como después de su viaje al Archipiélago Malayo. No fue hasta que, gracias al apoyo de Darwin, en 1881 el gobierno Inglés le otorgó una pequeña pensión de 200 libras al año. Murió hace exactamente 100 años, el 7 de noviembre del 1913, en su casa de campo Old Orchard, en Dorset, en el Sur de Inglaterra, a los 90 años, sobreviviendo a Charles Darwin por 31 años.          

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