César A. Domínguez y Luis E. Eguiarte

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El sexo es muy costoso, como lo demuestra la vida diaria... ¡y no sólo hablando en términos de pesos y centavos! En la naturaleza todos los organismos invierten un porcentaje importante de sus recursos en el sexo, incluyendo grandes cantidades de energía en la producción de gametos, en la búsqueda de pareja, en el cortejo y apareamiento, y en la producción y cuidado de la progenie. Por si fuera poco, todas estas actividades reproductivas pueden resultar muy peligrosas (debido a depredadores, enfermedades venéreas, etc.). A pesar de sus costos y riesgos, la mayoría de las especies de la tierra, tanto plantas y animales como microorganismos, se reproducen por la vía sexual, aunque potencialmente podrían propagarse asexualmente. Esto ha obligado a los biólogos a proponer que el sexo ofrece ventajas evolutivas a corto y/o largo plazo. Sin embargo, la pregunta de por qué hay reproducción sexual, constituye una paradoja evolutiva. Es decir, si un genotipo funciona bien en un ambiente particular, ¿entonces porqué no se perpetúa a lo largo de las generaciones? ¿Por qué la naturaleza destruye las efímeras combinaciones de genes que conocemos como genotipos y cada generación forma nuevas combinaciones que tienen el riesgo de ser peores que el genotipo original? De hecho, la mayor parte de los estudios teóricos indican que el sexo es favorecido en ambientes extremos, muy cambiantes o impredecibles, en los que no hay ninguna certeza de que el genotipo de los progenitores vaya a ser adecuado. La moraleja es que la mejor estrategia en ambientes impredecibles es producir una progenie muy variable con la esperanza de que alguno de estos hijos tenga un genotipo que funcione en el nuevo ambiente.

     En pocas palabras, aún estamos lejos de entender cabalmente por qué existe el sexo. Tampoco queda claro, por ejemplo, por qué sólo hay dos sexos (machos y hembras) y no tres o más. Aún con todas estas incógnitas, la investigación sobre la sexualidad ha sido un campo fértil para todo tipo de estudios ecológicos y evolutivos. No es sorprendente que el mismo Charles Darwin haya dedicado varios de sus libros al estudio de la biología reproductiva de las plantas con flores y que incluyera infinidad de ejemplos de este tema en sus obras.

     Los investigadores del Instituto de Ecología han sido asiduos seguidores de esta tradición, y este número de Oikos= pre­senta algunos ejemplos de los estudios sobre sexualidad que se han hecho a lo largo de sus 15 años de historia. Dice un famoso tango que 20 años no es nada, obviamente 15 son todavía menos. Aún así, este tiempo ha sido suficiente para dejar una huella en la ecología mexica­na. Estamos convencidos de que a pesar de su juventud, el Instituto de Ecología ha logrado ganarse un lugar privilegiado entre las instituciones científicas del país y del mundo. Iniciemos esta celebración con un número de Oikos= dedicado al sexo, uno de los fenómenos paradigmá­ticos de la biología.