Reseña del libro: Ezcurra, E., M. Mazari, l. Pisanty y A.G. Aguilar. 2006. La Cuenca de México. Aspectos ambientales críticos y sustentabilidad. Fondo de Cultura Económica, México, D.F.

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Luis E. Eguiarte

El antiguo dios romano Jano tenía dos caras, una con la que veía el pasado y con la otra, el futuro. Igual que él, los ecólogos tenemos dos tareas: con una cara estudiamos a las comunidades naturales; esta es la misión “tradicional" de la ecología, entender las causas bióticas y abióticas que determinan la distribución y abundancia de los organismos. De esta manera, los ecólogos durante mucho tiempo hemos intentado comprender cómo funciona la naturaleza en los lugares más prístinos, menos afectados por el humano. Pero así como Jano, los ecólogos también tenemos otra cara, la que trata de ver al futuro, y que busca analizar los efectos dañinos de la humanidad sobre la naturaleza. Esta es la versión popular de lo que es la ecología, o sea, el estudio de la contaminación, del cambio global, de cómo generar menos basura y cómo reciclarla, cómo usar menos recursos o cómo evitar la extinción de las especies.

2011 1 04Fig02     Los ecólogos académicos (cuando menos algunos) durante mucho tiempo despreciamos la segunda cara de nuestra vocación, alegando que eso era simplemente “ecologismo”, y que en el mejor de los casos era sólo una rama menor aplicada de nuestra ciencia, y lo que sus promotores buscaban eran recursos fáciles y popularidad demagógica. En parte, nuestro desprecio se debía a la preocupación honesta de entender a las comunidades y ambientes naturales en primer lugar, antes de proponer posibles soluciones a su perturbación y destrucción sin datos serios. Sin embargo, hay una lista de notables ecólogos que desde un principio aceptaron esta "doble-misión" del trabajo de la ecología moderna, y algunos la aplicaron sin ninguna timidez; en particular, el Dr. Exequiel Ezcurra ha simbolizado para muchos de nosotros un caso ejemplar, porque es indudablemente uno de los grandes naturalistas mexicanos, ya que conoce todas las especies de numerosas regiones, no sólo de plantas, sino también de animales, además de conocer toda su historia natural (qué hacen, dónde crecen, porqué son importantes e interesantes, etc.). Aunado a este detallado conocimiento de los organismos en sus ambientes naturales, el Dr. Ezcurra tiene una excelente formación como ecólogo teórico y cuantitativo, y nunca ha dudado en desarrollar sofisticados métodos en su investigación de frontera.

     Al mismo tiempo, Exequiel ha estado siempre preocupado en desarrollar de manera profesional, la segunda misión del ecólogo: resolver los problemas ambientales. Su libro La Cuenca de México, escrito junto con otros colaboradores —dos ecólogas y un geógrafo— es una muestra clara de su doble vocación. Por un lado, describe con mucho cuidado las características abióticas y bióticas originales del Valle de México y la historia de los seres humanos que lo han habitado, desarrollando así las causas de su excesiva población y concentración de recursos. Por otro lado, revisa detalladamente los diferentes problemas ambientales de la cuenca, sus perspectivas y posibles soluciones. Ciertamente, el área metropolitana de la Ciudad de México simboliza uno de los retos ambientales más graves del mundo, tanto por su tamaño como por los problemas que representa ser una cuenca cerrada, su elevada altitud sobre el nivel del mar (lo que implica un gran costo para subir agua a ella por ejemplo), y sus riesgos volcánicos y sísmicos. Sin embargo, los que hemos vivido toda nuestra vida en la misma, hemos desarrollado una especie de resistencia ante los diferentes vaticinios periódicos y apocalípticos sobre nuestra segura destrucción inminente.

     Pasan los años y la ciudad sigue viva, a pesar de la clara ineficiencia de sus administradores y la modesta y arbitraria inversión en infraestructura, que en muchos casos resulta más dañina o cuando menos controversia!, como el caso de la "Supervía" que se revisa en este mismo número. De hecho, este escepticismo se puede sustentar en que algunas cosas han mejorado, como la calidad del aire, o la disminución de tolvaneras. Tal vez en muchos casos, estos reportes apocalípticos se basen en esfuerzos honestos de generar preocupación entre la población y autoridades (pero si se exagera, hacen que uno pierda la confianza), o se basan en datos parciales.

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     Mucho tiempo se consideró a la Ciudad de México como la "más contaminada del mundo", y así se puede encontrar registrada en libros de hace unos años. O también hemos creído que es la ciudad "más grande del mundo", aunque parece que nunca lo fue, y ahora es apenas la novena ciudad con más población; las más poblada sería la zona urbana de Tokio-­Yokohama, con unos 35 millones de habitantes, contra unos 20 millones para el área metropolitana de la Ciudad de México. Uno de los logros del libro es presentar una visión informada, científica y balanceada de los problemas ambientales de nuestra ciudad, que contrasta con las visiones apocalípticas que regularmente hemos visto en la prensa nacional e internacional. Inician demostrando una relación inversa entre la tasa de crecimiento y el PIB (producto interno bruto) per capita, lo que significa que la ciudades más pobres son las que están creciendo más.

     Estas megaciudades del tercer mundo, y en particular la Ciudad de México, constituyen "un inmenso laboratorio, un gran espejo donde se reflejan la sustentabilidad ambiental y la viabilidad económica". "Como la Ciudad de México, muchas de estas ciudades tienen sus raíces en culturas antiguas y en una larga historia de ciclos de crecimiento, esplendor y colapso". Ciertamente, el concepto de "laboratorios naturales" es una de las ideas favoritas de los ecólogos, pero al mismo tiempo ¡creo que a muchos de nosotros no nos entusiasma mucho ser los ratones de este experimento! Congruentemente con sus ideas y preocupaciones, el Dr. Ezcurra ha evitado vivir en la Ciudad de México desde hace muchos años, excepto cuando ha tenido que residir por su trabajo como funcionario...

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     Este libro es uno de los mejores resúmenes de las flora y fauna de la región que conozco, ya que está actualizado y es científicamente preciso. Se analiza cuidadosamente cómo ha cambiado la población humana en el valle en el tiempo; es de particular interés los tres colapsos poblacionales que documentan: el de Cuicuilco, generado por la actividad volcánica de Xitle, que acabó con una gran cultura y sus fértiles tierras de cultivo, hace unos 1900 años. El de Teotihuacán, hace unos 1250 años, mismo que no dudan en explicar por la destrucción ambiental generada por la ciudad (contra la muy querida visión romántica de muchos ecólogos y antropólogos que plantean un equilibrio de los antiguos mesoamericanos con su ambiente), y la más catastrófica, derivada de la conquista española y en buena parte debida a enfermedades que llegaron del Nuevo Mundo, entre otras razones.

     Apoyados por varios mapas, el libro documenta no sólo los tamaños poblacionales en la Cuenca de México desde los años 1940, sino la expansión física de la ciudad en las diferente áreas del valle, con la consecuente destrucción de áreas naturales y pérdida de áreas de cultivo, de captación de agua, etc. Es interesante el proceso de despoblamiento del centro de la ciudad, que inició en la década de 1970, simultáneo al crecimiento en los municipios periféricos del Estado de México.

     La economía de la ciudad y sus actividades productivas es también un tema analizado en la obra, así como los cambios en la vegetación natural, principalmente la destrucción de los bosques naturales para hacer leña, papel y otros usos urbanos e industriales, y la posterior plantación de eucaliptos; además incluye una sección sobre la Reserva del Pedregal de San Ángel como uno de los pocos refugios de vegetación natural en el valle.

2011 1 04Fig05     Con diferentes mapas, se muestra de manera dramática el crecimiento de la urbanización en el valle y la impresionante disminución de áreas verdes de todos tipo, así como la reducción (y profunda modificación) en los lagos y cuerpos de agua, lo que ha generado fuertes cambios en el ecosistema. Por ejemplo, el desarrollo de las islas de calor que se han generado por la urbanización, que directamente han cambiado los patrones e intensidad de las lluvias, las cuales han incrementado en las zonas con mayor cantidad de construcciones.

     El agua en el valle y su uso son unas de las principales preocupaciones de la obra. Se detalla la progresiva extracción del agua subterránea, con el efecto del impresionante hundimiento del centro de la Ciudad de México y otras áreas (que en 100 años ha sido de unos 8 metros, tasa de hundimiento que se mantiene a unos 6 cm por año). Un dato asombroso es que se pierde el 31.7% del total del agua en la Ciudad por fugas (23 m3/seg). Con mejoras en el uso del agua, como la eliminación de esas fugas, o con la captura de agua de lluvia, tal vez no se necesitaría importar nada de agua al Valle de México de fuentes externas.

2011 1 04Fig06     Problemas como la calidad del agua, el drenaje, la basura o la contaminación del aire en la ciudad son evaluados cuidadosamente en la obra. Por ejemplo, el principal problema de la calidad del aire en la ciudad, el plomo, se resolvió en 1986 con el cambio de gasolina; pero se generó una dificultad insospechada, el de la contaminación por ozono que aún sufrimos, especialmente en el suroeste de la ciudad. Esto ilustra cómo sí pueden haber soluciones relativamente sencillas, pero que éstas a su vez pueden generar otros problemas, potencialmente aún más graves.

     El enorme consumo de recursos del país del que hace la ciudad es otro de los temas que se desarrollan en el libro. La ciudad no sólo exporta sus problemas ambientales, sino que consume los recursos de amplias regiones del país. Por ejemplo, se menciona que la ciudad utiliza el 27% de petróleo y 29% de la electricidad producida en México, aunque sólo representa 20% de la población del país. Aún así, no es del todo un hoyo negro porque contribuye, según los autores, con el 32% del PIB; cuando al menos en términos económicos parecería que produce más de lo que cuesta. La alta densidad de la Ciudad de México (un poco más de 11 mil persona por km2, que según los autores solo es superada por algunas ciudades asiáticas como Bombay, Calcuta y Hong-Kong) es relevante ya que permite el uso más eficiente de los recursos, porque las distancias y costos de transporte de las personas, alimentos, agua, de energía etc. se reducen y se hacen más eficientes, disminuyendo en muchos casos la llamada "huella de carbono" per capita; misma que sería interesante analizar para la Ciudad de México, en comparación con otras ciudades de México y Norteamérica. De cualquier forma, la densidad de la ciudad ha disminuido dramáticamente desde 1919 (20 mil personas/km2) gracias al desarrollo del transporte público, y también la tasa de crecimiento poblacional (de un máximo de más del 5% entre 1940 y 1950 a menos del 2% entre 1990 y 2000).

2011 1 04Fig07     Los últimos capítulos están dedicados a temas tan importantes como la "política gubernamental", que favoreció y permitió que surgiera el monstruo actual que es la Ciudad de México, la evolución de la conciencia sobre los problemas ambientales de la ciudad y del país a diferentes niveles (desde el gubernamental, federal y local); medidas como la medición de la contaminación del aire (los famosos IMECAS) o el "Hoy no circula", sus buenos efectos iniciales (reducción en el consumo de gasolina en el 12%) y malos efectos a largo plazo (un incremento sin precedentes en la venta de coches nuevos y del número de autos que circulan en la ciudad); los grupos no gubernamentales o ecologistas, las diferentes redes ambientales, y aspectos de la biografía de sus personajes clave como Enrique Beltrán y Miguel Ángel de Quevedo (el último resulta muy interesante, debido a que usualmente los biólogos lo conocemos como el villano que introdujo los eucaliptos a todo México, cuando su papel fue central en mitigar la destrucción de los bosques de México y en la creación de reservas y parque naturales); o la reservas naturales, especialmente las llamadas "de la Biósfera", entre otros.

2011 1 04Fig08     La obra es impresionante por la cantidad y calidad de información, y representa un tesoro de información tanto biológica como ambiental. Aunque el capitulo cinco inicia con la frase “No se puede ser optimista en cuanto a las perspectiva futuras de la Ciudad de México", existen posibles acciones para retrasar el momento en el que suceda la (supuestamente inevitable) catástrofe final: cómo incrementar y mantener las pocas áreas verdes, reservas y parques de la ciudad, analizar cómo reducir el agua empleada en la ciudad, disminuyendo pérdidas y desperdicios de la misma, y cómo aumentar la captura y uso del agua de lluvia, etc. También se dan ideas de qué hacer con los desechos sólidos y líquidos o de cómo mejorar la calidad del aire. El libro debería ser una herramienta indispensable para todos los políticos y funcionarios de la Ciudad de México y zonas aledañas, para tomar decisiones y tener una perspectiva adecuada en su desempeño administrativo. Al ser un presentación clara, realista y balanceada de los problemas ambientales, escrita en una prosa clara y directa (aunque la exposición de varios temas resulta un poco repetitivo, debemos admitirlo), se vuelve un elemento central para discutir el futuro de la ciudad y diseñar medidas que permitan que esta urbe se mantenga y mejores sus parámetros ambientales.

     Para los ecólogos, este volumen es un recordatorio y modelo de nuestra "doble función", y de cómo hacerla: como Jano, es importante preocuparnos por el futuro del ambiente, pero tenemos que hacerlo de manera rigurosa y balanceada, apoyándonos en los mejores datos, al igual que Jano, observando también al pasado, tanto de sus poblaciones naturales, como de las perturbaciones que han sufrido, usando para estos los mejores modelos formales con una visión crítica (aunque al final optimista).