Vania R. Olmos Lau

El tráfico ilegal de especies se puede entender como una forma de secuestro. Año con año miles de bellezas espinosas son secuestradas y transportadas hacia ambientes desconocidos. Algunas terminan en un departamento en Europa, otras son explotadas en el continente asiático para producir miles de hijos, y unas cuantas terminan en las inocentes manos de esa persona especial que realmente las aprecia, aunque no siempre las entiende.

     América es el único continente donde las cactáceas nacen, crecen y evolucionan de manera natural. En México tenemos la fortuna de albergar alrededor del 40% de todas las especies de cactáceas del mundo, aproximadamente 678. De éstas, 80% son endémicas, por lo tanto estas últimas sólo se encuentran naturalmente en nuestro país y en ningún otro. La riqueza que representa esta familia para nuestra diversidad biológica y cultural es digna de poner las "manos a las espinas". Pero todos nosotros ¿qué podemos hacer para conservar esta carismática familia de plantas?

Un espía suculento

02Fig1Recientemente fui protagonista de una historia que comenzó cuando llegó a mis manos una convocatoria para participar en la Convención Internacional sobre el Comercio de Especies Amenazadas de Flora y Fauna (CITES, por sus siglas en inglés), la cual se encarga de regular el comercio internacional de especies en peligro de extinción. La venta en línea de Strombocactus disciformis, una cactácea en el Apéndice I de CITES, fue el tema que escogí. Con una rápida búsqueda en Google es posible encontrar fotos de esta simpática cactácea de la zona centro del país; pero no sólo eso, también existen decenas de páginas que la ofrecen a la venta. Esto se convirtió en mi foco de atención. Mi meta fue determinar la magnitud de la venta en línea de esta cactácea e intentar determinar si el origen del individuo en venta era legal.

     La segunda tarea no fue sencilla. Me puse en contacto vía correo electrónico con varias de las personas que ofrecían ésta, y muchas otras cactáceas globosas. Fue aquí donde me imaginé ser un agente secreto del siglo XXI, cuyo gadget es una computadora y una @. Le escribí a cada uno de los productores que no declaraban contar con una certificación oficial CITES para el comercio internacional, argumentando que quería comprar una planta y que tenía inquietud de que ésta fuera a ser confiscada por las autoridades; ningún comprador se quiere arriesgar a perder su dinero.

     Para mi sorpresa, este negocio, calculado en 7-8 millones de especímenes en el mercado ilegal por año con un valor aproximado de 2 a 2,000 dólares por planta, resultó mucho más sencillo de lo que debería ser. "Lo mandamos en una caja con el código WDF689". "Nunca hemos tenido problemas enviando paquetes fuera del continente". "Sí, no hay problema, seguido mandamos plantas a Canadá y a Estados Unidos". "Las semillas van en un sobre y no se notan, nunca hemos tenido problema..." Éstas fueron algunas de las respuestas que recibí.

     Strombocactus no es la única víctima de este intercambio irregular. La mayoría de las especies de cactáceas globosas están disponibles en las páginas web que visité. El saqueo de los recursos biológicos de nuestro país es reconocido a nivel mundial, con casos tan notables como aquél en el que se ofrecían a la venta plantas propagadas en viveros de Europa antes de que se hiciera oficial la descripción científica de la especie. O el terrorífico caso de Echinocereus ferrerianus var. Lindsay, que tan sólo quince años después de la publicación de su localidad, se declaró extinta para siempre en tierras mexicanas (hay más historias en México Desconocido). Por ello no es sorpresa que 37% de las cactáceas mexicanas se encuentren bajo alguna categoría de riesgo, como amenazadas o en peligro de extinción de acuerdo a la NOM-059-SEMARNAT-2010, y toda la familia Cactaceae esté dentro del Apéndice II de CITES.

     Con su variedad de formas, colores, texturas y su increíble habilidad para vivir en condiciones extremas, no resulta sorprendente que las cactáceas y otras suculentas nativas de México hayan causado una exorbitante fascinación en miles de personas alrededor del mundo. Particularmente en otros continentes cuyos ecosistemas no tienen el privilegio de albergar miembros de esta familia, pero recientemente se ha observado que el mercado nacional ha crecido considerablemente.

¿Qué opciones tengo?

Entonces, supongamos que soy un coleccionista y he desarrollado una obsesión desproporcionada por esta familia, ¿qué puedo hacer para tratar mis síntomas sin perjudicar a las poblaciones de estas plantas que me gustan tanto? En realidad es muy fácil: informarse sobre qué es lo que compras. Como se puede ver (con base en los resultados de mi búsqueda incógnita), con tan sólo simples preguntas, la información sale a la luz. Sin embargo, lo mejor es confiar en las certificaciones oficiales, ya que para eso se crearon. Dentro de México existen los certificados de las UMA (Unidades de Manejo para la Conservación de la Vida Silvestre) y, para el comercio internacional, los certificados CITES.

02Fig2     En México, las UMA son generalmente administradas por comunidades locales que se dedican a aprovechar especies de flora o fauna de manera sustentable. Pueden ser parte de proyectos tan bonitos como el Centro de Adopción de Plantas Mexicanas en Peligro de Extinción del Jardín Botánico de la UNAM.

     Por otro lado, si eres una persona generosa que gusta de compartir las riquezas de nuestro hermoso país con el resto del mundo, un certificado CITES te permite enviar o recibir plantas del extranjero asegurando que no fueron extraídas del medio silvestre, o que se obtuvo dentro de una cuota que no perjudica a las poblaciones naturales. Toda la familia de las cactáceas esta en el Apéndice II de CITES, con algunas excepciones que se encuentran dentro del Apéndice I por ser más vulnerables. El Apéndice II incluye a las especies del Apéndice I propagadas artificialmente. En México, la Dirección General de Vida Silvestre de la SEMARNAT se encarga de emitir los certificados CITES. Como consumidor responsable, esto es lo más sensato que podría hacerse para asegurar que una planta será feliz en su nuevo hogar y no extrañará la comodidad del hábitat en el que ha vivido a gusto durante probablemente décadas.

Pero, ¿y las semillas?

Hay un tipo de secuestro aún más maquiavélico que el del propio individuo: tal es el secuestro de los hijos, la descendencia... las semillas. Las semillas de todas las especies de cactáceas mexicanas están sujetas a regulación para su exportación y aunque la venta de semillas silvestres es común, sobre todo en el extranjero, es totalmente ilegal. Y recordemos que nuestro país tiene el privilegio de albergar el 40% de los posibles padres de estas semillas y el 100% de la riqueza genética de todas las especies de cactáceas mexicanas.

     La historia de cómo una semilla puede germinar y crecer, es la de cómo un cactus debe ser un verdadero campeón. Primero necesita tener la suerte de situarse debajo de alguna planta o grieta cuya sombra le permita protegerse de la radiación solar. Luego debe aprovechar cada gota de lluvia que le proporciona la naturaleza durante el verano. Y finalmente tiene que soportar las temperaturas extremas y la sequía características de los ecosistemas áridos. Después de todas estas pruebas que garantizan que es una planta lo suficientemente fuerte para tener el privilegio de vivir en el desierto, el cactus puede ahora sólo preocuparse por crecer y ser un adulto pleno. Aproximadamente sólo una de 100 semillas puede establecerse exitosamente en el hábitat natural, y una proporción mucho menor llegará a la etapa adulta.. Entonces, ¿qué pasa si a todos los campeones se los llevan al extranjero? La probabilidad de que una semilla pueda establecerse en el desierto se vuelve menor de lo que naturalmente ya es, ya que entre menos semillas haya en la población disminuye la probabilidad de que se establezcan nuevas plantas.

La guía del shopping

02Fig3Pensemos en algún conocido al que le gustan las cactáceas y las aprecia tanto que quisiéramos regalarle una en su cumpleaños. Vamos a Xochimilco en la ciudad de México, y una nos llama la atención, nos dicen que es rara y sólo quedan tres a la venta; seguro que nuestro conocido hipotético aún no la tiene. Si ya hemos leído este texto, de entrada esto nos debería parecer sospechoso, pero confiamos en la integridad de las personas y decidimos preguntar por el origen de la planta. Nos dicen que es de vivero y entonces preguntamos si tienen alguna certificación de UMA o CITES para comprobarlo. El vendedor argumenta que no la tiene porque es un proceso muy complicado y costoso, pero nos explica que lleva años en esta práctica y que ha perfeccionado el método para el cultivo de las plantas más quisquillosas. Mantenemos nuestra fe en la humanidad y queremos darle a esta persona el beneficio de la duda, y además estamos seguros que nuestro conocido realmente le gustará este cactus. Nos detenemos, lo pensamos un momento. Pero falta un último filtro para llegar a la verdad.

     Las plantas de vivero por lo general crecen consentidas. Como las prodigiosas niñas de concursos de belleza, se hace todo por mantenerlas sin un solo rasguño, sin una sola mancha y sin una sola parte fuera de lugar. Así, cuando vemos que la cactácea que estamos tan tentados en comprar tiene marcas cafés como si la hubiesen golpeado, y además le faltan espinas en algunos lugares, por fin lo entendemos. Esta planta ha vivido la vida, ha disfrutado de las altas y bajas de vivir en libertad, y no se trata de una planta de vivero, Por un simple capricho, estábamos a punto de convertirnos en cómplices partícipes de un secuestro.

02Fig4     Aunque nuestro conocido y nuestra historia fueron hipotéticos, la situación podría ser muy real. Por ello, ahora tú puedes poner en práctica estos pasos para asegurar que una compra no perjudique la sobrevivencia de una especie en su hábitat natural, donde no sólo es necesaria para adornar el paisaje. Muchos insectos necesitan de estas plantas para alimentarse, insectos de los que a su vez reptiles y mamíferos dependen para subsistir. Estas plantas forman parte de una amplia y complicada red de los paisajes áridos de nuestro país. Y aunque muchas de estas redes y las conexiones que la conforman aún no se entienden por completo, no esperemos hasta que nos falte un componente para entender que éste era la clave que mantenía el equilibrio del mágico desierto.

     Como Antoine de Saint-Exupéry dice en El Principito: "Lo que embellece al desierto es que en alguna parte esconde un manantial". Podemos decir con orgullo que ese manantial, la biodiversidad de cactáceas, es parte del patrimonio de nuestro país. Por ello cada vez que compremos un cacto, sin importar si es en un invernadero o por internet, asegurémonos de poner las manos en las espinas correctas.

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