Sobre el Dr. Sarukhán y el desarrollo de la Ecología en México. Reflexiones de un rarísimo extranjero

Hugh Drummond

05ChapalaAtrapando serpientes en Zacatecas. Foto cortesía de H. Drummond.Fue precisamente cuando la etología se estaba transformando en la ecología conductual cuando desde Tennessee, en los Estados Unidos, envié una carta al Dr. José Sarukhán, entonces director del Instituto de Biología de la UNAM, para solicitar una plaza de investigador. De las otras universidades en México (escribí a todas las que cultivaban las disciplinas de biología o psicología) no recibí respuesta alguna, excepto de la Universidad de Guadalajara, que me envió un formato para llenar. Lo llené, y nunca escuché nada más de ellos. De la UNAM sí hubo respuesta, y fue el Dr. Sarukhán quien lo hizo. Yo tenía interés en establecer una línea de investigación sobre ecología conductual en México y él me contestó de manera cortés pero cautelosa, mostrando interés, pero queriendo asegurarse de que tenía el potencial y la intención de formar a las nuevas generaciones, fomentar la disciplina y formar escuela. No le convenció del todo mi currículum (¿a quién le podría convencer? mi formación había sido en leyes, lingüística aplicada y psicología), pero poco a poco, a través de una entrevista por teléfono (desde la Sierra Nevada en California, donde estaba estudiando serpientes) y otra entrevista en persona en la dirección del instituto, lo convencí. Me contrató, pero bajo la estricta condición de que formara gente y escuela en ecología conductual.

     Considero que hizo bien. En 1980 México no contaba con ningún especialista formado en ecología conductual, y la disciplina estaba experimentando un cambio de paradigma, desatado por el trabajo teórico de Bill Hamilton, Bob Trivers, Richard Dawkins, Edward Wilson y otros, y así estaba por convertirse en una ciencia formal, de punta e importante.

     ¿Qué nos dice esta anécdota sobre el Dr. Sarukhán? Con los años pude apreciar que es una pequeña, pero típica muestra de su visión futurista y su compromiso con la calidad de la ciencia que se practica en la UNAM y en el país. También entendí que así es su estilo habitual, cortés y respetuoso. Tenía conocimiento de los cambios sísmicos que estaban ocurriendo en la investigación en conducta animal, entendía su importancia dentro de las ciencias biológicas, y quería fomentar en México la ciencia de frontera. No le importaba que quien estaba tocando su puerta fuese un forastero (aunque había que asegurarse de que estuviera dispuesto a unirse al proyecto de desarrollo académico del Instituto de Biología). Yo creo que aquélla contratación de un recién doctorado inglés, con un "rarísimo" currículum (sus palabras), es una clara demostración de esa combinación de optimismo y osadía característicos del Dr. Sarukhán, que en contextos de mayor envergadura, lo han impulsado a fundar y transformar instituciones.

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El Dr. Drummond durante una plática en el recién creado Centro de Ecología. Foto cortesía de L.E. Eguiarte.
     Por supuesto que a partir de esa entrevista y a través de los años, he dedicado gran parte de mi tiempo como investigador a formar estudiantes y hacer escuela en ecología conductual. Tuve la gran suerte de hacerlo cuando el Dr. Sarukhán y unos brillantes y jóvenes colaboradores que se movían en su órbita, estaban creando un nuevo departamento que luego se convertiría en Centro, y posteriormente en el actual Instituto de Ecología de la UNAM. De éste último surgirían el Centro de Investigaciones en Ecosistemas (CIECO), también de la UNAM y la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO).

     Personalmente, mantuve un perfil bajo (estaba ocupado luchando con las serpientes acuáticas de Michoacán, derritiéndome en el sol de las islas del Pacífico y, por supuesto, formando estudiantes y escuela), pero me fijaba en lo que estaba pasando a mi alrededor, y resultó ser una gran oportunidad para apreciar la importancia y el poder de su liderazgo académico. Ahora, para beneficio de quienes no estaban, y tal vez para algunos que estaban pero no se daban cuenta, es un privilegio para mí aprovechar esta oportunidad para relatar de manera muy sucinta lo que percibí.

     No fueron tiempos ordinarios. Se sentía en el grupo cercano al Dr. Sarukhán una vibra especial. Es difícil describirlo, pero existía un ambiente de crecimiento y momentum, de oportunidades que se abrían, de movimiento hacia un futuro lleno de posibilidades. Todo estaba cobijado por un líder cuya visión, compromiso con el país, integridad y capacidad política (ni hablar de su generosidad y confianza en sus estudiantes y colegas) iban a hacer posible todo....

     Así fue. Los cínicos me podrán acusar de ingenuidad, pero eso es lo que percibí y lo que sigo percibiendo, y en mi opinión el compromiso del Dr. Sarukhán y la energía que desató, ayudan mucho a explicar el rápido crecimiento de una ecología de excelencia en la UNAM, el acelerado desarrollo de la ecología pura y aplicada en México, y su creciente importancia en el manejo de los ecosistemas del país.ranita20