Verónica Solares Rojas y Alonso Aguilar Ibarra

Cuando se nos antoja algo para comer, ya sea unos tlacoyos de haba con sus nopales, unas verdolagas en salsa verde, unos ricos frijoles con tortillas, o bien una ensalada, no nos detenemos a reflexionar sobre su origen y las condiciones necesarias para producir tales alimentos. Quizá a veces se nos olvida que todos estos productos llegan diariamente a nuestra mesa gracias a la agricultura, la cual, a su vez, depende de los llamados servicios ecosistémicos, que se pueden definir como los beneficios que la sociedad obtiene de los ecosistemas.

Solares01     Entre los servicios ecosistémicos relacionados con la producción de alimentos destacan la polinización, la formación del suelo, la prevención de la erosión del suelo, el ciclo de nutrientes, el ciclo hidrológico y el control biológico de plagas y enfermedades. En este sentido, los servicios y beneficios ecosistémicos sostienen la seguridad alimentaria, que está estrechamente relacionada con el bienestar social (figura 1).

     Es importante reconocer que, si alteramos los ecosistemas, también afectaremos el ciclo del agua, o hidrológico, que la mantiene en movimiento. En el ciclo hidrológico, los ecosistemas funcionan como captadores y almacenadores de agua, ya que del volumen que cae con las lluvias, una parte escurre por ríos y lagos, otra se infiltra a los acuíferos, otra se evapora o se transpira y otra se almacena en los tejidos vegetales. La cubierta vegetal juega un papel fundamental durante todo este proceso, ya que impide que el agua de lluvia escurra rápidamente. Así disminuye la erosión del suelo, se promueve la infiltración de agua que alimenta a los acuíferos y se da continuidad al ciclo hidrológico.

     Dado que las plantas también requieren del agua para sobrevivir, una gran parte de la que cae con las lluvias no queda disponible para la sociedad, ya que queda “atrapada” en los tejidos vegetales. Por ello, algunos estudios como el de Ilstedt y colaboradores publicado en 2015 que evaluó la recarga de aguas subterráneas en función de la cobertura de árboles, han encontrado que la disponibilidad de agua superficial (en ríos y lagos) es menor en los extremos de cobertura. Es decir, la recarga es menor cuando hay una gran densidad forestal y también cuando hay muy poca. Por lo que existe un óptimo de recarga entre ambos extremos. Sin embargo, es importante tener en cuenta que en una zona deforestada el resultado es la erosión del suelo por lo que se altera el ciclo hidrológico a costa de la degradación de los ecosistemas y la cantidad de agua disponible disminuirá eventualmente. Una situación de este tipo es insostenible a largo plazo, ya provoca que se deterioren o pierdan más servicios ecosistémicos, no sólo los hídricos.

Solares02     En la figura 2 se observa una zona deforestada en Chiapas, en donde, el papel de la evapotranspiración de la vegetación se reduce y, después de algunos años, la materia orgánica del suelo se perderá y entonces también se comenzará a perder el suelo (erosión). La consecuencia será un ciclo hidrológico alterado, una menor recarga del acuífero y menor disponibilidad para alimentarnos.

     Para analizar cómo impacta la alteración de los servicios ecosistémicos hídricos a la seguridad alimentaria de las familias, realizamos un estudio en Chiapas como parte del Posgrado de Ciencias de la Sostenibilidad (UNAM) y financiado por el programa PAPIIT-UNAM, en el que evaluamos la modificación del servicio hídrico y su relación con diferentes indicadores de seguridad alimentaria. Para ello, calculamos el balance hídrico superficial o la cantidad de agua potencialmente disponible en Chiapas. Dado que en este estado ha habido pérdida de vegetación, evaluamos también cómo se modificó el volumen de agua disponible como consecuencia del cambio de uso del suelo realizado en los años 2002 y 2011, para los que existe información sobre uso de suelo y cobertura vegetal. El indicador resultante, al que denominamos modificación del balance hídrico, refleja el cambio en la disponibilidad potencial de agua provocado por el cambio de uso del suelo. La figura 3 explica de manera muy simplificada cómo se calculó dicho indicador.

Solares03     Aunque en la literatura científica queda claro que los ecosistemas son fundamentales para mantener el ciclo del agua y que esto es importante para la seguridad alimentaria, prácticamente no hay estudios que indiquen la dirección ni la magnitud de esta relación. En nuestro estudio se hizo evidente la importancia que tiene la cobertura vegetal en los volúmenes de agua disponible, mediante el cálculo de los balances hídricos ante cambios de uso del suelo. Encontramos, además, de manera cuantitativa, una relación entre la modificación del balance hídrico y el índice de pobreza alimentaria: cuando aumenta la modificación del balance hídrico (es decir hay más agua disponible), disminuye la pobreza alimentaria. En otras palabras, los cambios en el uso de suelo, debidos principalmente a factores como la deforestación, tienen repercusiones inmediatas en el balance hídrico. Se puede interpretar que, en el corto plazo (poco menos de una década en nuestro estudio), la pérdida de masa vegetal permite que inmediatamente haya más agua disponible para los cultivos y esto lleve a una mejora alimentaria, pero es importante resaltar que este beneficio ocurre en el muy corto plazo. El problema aquí es para nuestro futuro: la pérdida de grandes extensiones de vegetación y el mantenimiento de una agricultura poco sostenible altera el ciclo hidrológico y se empobrecen los suelos, ya que disminuye la materia orgánica. En el largo plazo, no hay duda que faltará agua para los cultivos y, por lo tanto, para nuestros tlacoyos, tacos o ensaladas. Al final la mejora alimentaria será fugaz y acabará por desaparecer.

     En conclusión, el daño que ocasionemos hoy a los ecosistemas tendrá repercusiones en nuestra seguridad alimentaria futura. Debe considerarse que incluso cuando en el corto plazo podamos gozar de un poco más de agua disponible para la agricultura, habrá sido una ilusión, a largo plazo tendremos todavía menos agua y, por lo tanto, menos comida. La mayor disponibilidad es, entonces, temporal. Existen en México varios ejemplos exitosos en los que la colaboración academia y productores ha jugado un papel muy importante en el desarrollo de nuevos sistemas de producción sostenibles que permiten mantener los servicios ecosistémicos, entre ellos los hídricos. Por ejemplo, el proyecto comunitario del Ejido Tres Garantías en Quintana Roo, México para la producción de madera. La única alternativa que tenemos para nuestra seguridad alimentaria de hoy y del futuro, es el uso sostenible de nuestras áreas naturales.

Agradecimientos

Agradecemos los valiosos comentarios de Clementina Equihua Zamora, Lakshmi Charli-Joseph, Laura Espinosa Asuar y Luis Eguiarte Fruns. La UNAM (PAPIIT No. IN301617) y CONACYT (No.448116) aportaron financiamiento para este estudio.

Para saber más

  • Aguilar Ibarra, A., R. Pérez Espejo, V. E. Solares Rojas, C. Martínez Córdova y V. S. Avila Foucat. 2017. Servicios ecosistémicos relevantes para la soberanía alimentaria en México. En: Torres Torres F. (Ed.). Implicaciones regionales de la seguridad alimentaria en la estructura del desarrollo económico de México: 179-213. IIEc-UNAM.
  • Coates, D., P. L. Pert, J. Barron, C. Muthuri, S. Nguyen-Khoa, E. Boelee y D. I. Jarvis. 2013. Water-related Ecosystem Services and Food Security. En: Boelee, E. (Ed.). Managing Water and Agroecosystems for Food Security. CAB International, Oxfordshire, UK.
  • FAO, Sagarpa, Sedesol, e INSP. 2013. Panorama de la seguridad alimentaria y nutricional en México 2012.
  • FAO. Servicios ecosistémicos y biodiversidad
  • Semarnat. Conoce más sobre los servicios ambientales
  • Villafuerte Solís, D. 2015. Rural Crisis, Poverty and Hunger in Chiapas. Estudios Sociales y Humanísticos 13: 13–28.