Si quieres estar sano, protege la biodiversidad

Rodrigo A. Medellín

Chivian, Eric y Aaron Bernstein (coordinadores). 2015. Preservar la vida. De cómo nuestra salud depende de la biodiversidad. Fondo de Cultura Económica (FCE), Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO). México. 705 pp. ISBN impreso: 9786071631626. Costo: $425.00. ISBN electrónico: 9786071633972. Costo: $350.00.

08Fig01Del ébola al SARS, del zika al chikunguña y al dengue, la humanidad enfrenta hoy nuevas amenazas. Este extraordinario y oportuno volumen aparece en el momento en el que las enfermedades infecciosas emergentes están repuntando y diversificándose en todo el mundo. El libro, escrito por más de 90 autores, es una obra monumental. La gran mayoría viven en los Estados Unidos, pero también hay autores de Indonesia, Japón, Finlandia y otros países, y tengo el gusto de conocer a muchos de ellos.

     El libro está organizado en diez capítulos que contribuyen a visualizar el contexto y a dimensionar la profundidad y la relevancia del problema. La introducción es importante porque nos da la plataforma para entender al mundo como una historia continua de 4,000 millones de años, que llega a un presente en el que la evolución orgánica ha alcanzado sus máximos niveles de biodiversidad. Esto ocurre en un momento en el que una especie, el Homo sapiens, tiene más poder que ninguna otra sobre el futuro del mundo y las especies vivas. Este preámbulo abre las puertas al resto del libro, que se centra en las enfermedades, los medicamentos, y su relación con los beneficios que recibimos del mundo natural.

     Los dos coordinadores del libro, Eric Chivian y Aaron Bernstein, en el segundo capítulo, nos dan un panorama de las amenazas antropogénicas a la biodiversidad. Describen el colapso de las pesquerías y hablan de cómo hoy quedan menos del 10% de los peces grandes del océano, respecto a lo que había hace 50 años. También abordan la pérdida de ecosistemas y nos dicen que están desapareciendo unos 120,000 km2 de bosques húmedos tropicales cada año; a este paso, perderemos lo que nos queda en menos de 50 años.

     Un tema fundamental que aborda la obra son los servicios ecosistémicos. Desde la purificación del agua y del aire que respiramos, hasta la mitigación de inundaciones, la biodiversidad es fundamental para la vida. Los servicios de provisión de bienes como medicinas, alimentos y fibras, son también esenciales. Baste decir que uno de cada tres bocados que nos llevamos a la boca llega ahí gracias a los animales polinizadores como abejas, avispas, moscas, colibríes, y los murciélagos nectarívoros. Y qué decir de los servicios de soporte o de apoyo: el control de plagas y la dispersión de semillas son dos ejemplos de servicios ecosistémicos que tocan cada día de nuestras vidas. Si se comieron un elote, una tortilla o incluso una torta ahogada, o si tienen puesta alguna prenda de algodón o de lino, o incluso si se tomaron un café o un té, su vida diaria está indeleblemente vinculada a estos servicios y a los animales y plantas que los proporcionan.

     En el libro se describen también las medicinas obtenidas de las plantas. Fármacos como la quinina, la aspirina, los anticonceptivos –éstos últimos provenientes inicialmente de un tubérculo de los bosques tropicales del sur de México que se llama barbasco–, la morfina –obtenida de la goma que se extrae de la amapola– y por supuesto los antibióticos, todos ellos derivados de distintos hongos microscópicos y bacterias, son enlaces directos entre la biodiversidad y nuestra salud y bienestar. No se engañen: aunque estos fármacos hoy lucen casi irreconocibles como productos industriales que se nos presentan como comprimidos, cápsulas, o tabletas, todos ellos y muchos más tienen su origen en las plantas, animales y microorganismos de las selvas, bosques, desiertos, matorrales, manglares, lagunas, ríos y mares del mundo.

     Esos vínculos entre la biodiversidad y la investigación biomédica se exploran con cuidado en el quinto capítulo que, ilustrado con facsímiles y textos de Galeno y de la medicina islámica de la Edad Media, relata el avance de la ciencia médica para mejorar los tratamientos y maximizar la salud de los pacientes. Una sección en particular capturó mi interés por la forma en que aborda la relación entre el desarrollo de fármacos y los modelos de plantas y animales usados para la investigación biomédica y farmacológica.

     El capítulo seis nos recuerda la importancia de entender a las especies que están en peligro de extinción y que pueden ser aliados importantes para la salud humana. En particular, analiza las altas tasas de extinción de los anfibios, ranas y sapos que están sufriendo por el advenimiento del hongo Batrachochytridium, que causa infecciones mortales en muchos de ellos. El que se pierdan estos anfibios en todos los ecosistemas terrestres es un problema muy serio, debido a que, entre otras cosas, prestan importantes servicios ecosistémicos. Por ejemplo, en los anfibios se han encontrado compuestos químicos con actividad bioquímica y farmacológica importante que ayudan a fortalecer la actividad cardíaca o que sirven como analgésicos, antibióticos, o como componentes en tratamientos de la úlcera del pie diabético y del paludismo.

     Otro ejemplo son los osos, que por sus hábitos de hibernación son modelos de estudio que se utilizan para desarrollar estrategias que permitan detener la pérdida de masa ósea en pacientes postrados por largos períodos. También existe un compuesto químico que se extrae de la bilis de los osos y que se ha usado para mejorar los procesos digestivos y el funcionamiento del hígado. Desafortunadamente, muchas especies de osos enfrentan riesgos de extinción, y en China frecuentemente los mantienen en jaulas pequeñísimas que impiden su movimiento, con un catéter insertado directamente en la vesícula biliar para así extraer la bilis y usarla como medicamento. Sobra decir la crueldad inaceptable que esto representa.

     Por otra parte, muchas plantas útiles para la medicina también están en peligro de extinción. El Ginkgo biloba es originario de los bosques de una pequeña región central de China y se usa para controlar el colesterol, y además mejorar la absorción de relajantes musculares y medicamentos para conciliar el sueño, pero hoy se utiliza como planta ornamental en muchos sitios, entre ellos Nueva York y la Ciudad de México.

     Así pues, el libro trata sobre la relación entre la pérdida de la biodiversidad, la perturbación de los ecosistemas naturales y las enfermedades infecciosas emergentes y reemergentes, y describe el llamado efecto de dilución, proceso que resalta la necesidad de conservar los ecosistemas intactos. Los hantavirus, la enfermedad de Lyme, el virus del oeste del Nilo y otras infecciones se desbocan y causan brotes alarmantes cuando los humanos deforestamos y alteramos el balance ecológico.

     El libro también aborda la conexión entre la biodiversidad y la producción de alimentos. Algunos ejemplos son el control de plagas, la polinización y la dispersión de semillas, que son fundamentales para la provisión de alimentos a los humanos. Los autores nos recuerdan que las abejas hoy enfrentan amenazas terribles que han provocado la desaparición de hasta el 70% de las colmenas en algunos estados de los Estados Unidos. Es por eso que las nuevas ciencias de producción de alimento están desarrollando rápidamente procesos para asegurar la disponibilidad de alimento para las generaciones futuras.

     El noveno capítulo discute los vínculos entre los alimentos y la biodiversidad, desde la perspectiva de los organismos genéticamente modificados (OGM) y de los alimentos orgánicos. Este es, probablemente, el capítulo más controversial del libro, especialmente por la escasa información disponible al público respecto a estos organismos. El caso del maíz es interesante, pues usando maíz GM en México se corre el riesgo de perder variedades autóctonas y especies ancestrales nativas como el teocinte. Está también el salmón transgénico, al que se le han insertado genes para acelerar su crecimiento, lo cual produce resultados negativos cuando estos salmones entran en contacto con salmones silvestres.

     Sin embargo, no todo es negativo; el apartado de la agricultura orgánica toma un enfoque optimista, al resaltar las mejoras tecnológicas que evitan la exposición a plaguicidas, herbicidas u otros agroquímicos y mejoran la productividad de estos sistemas. Este capítulo nos brinda la esperanza de que si manejamos bien los alimentos orgánicos, éstos pueden, realmente, convertirse en una alternativa viable y confiable para producir alimentos suficientes, nutritivos y sanos en el mediano plazo.

     En general, el tema del libro es la relación que los seres humanos establecemos con la crisis ambiental que enfrenta el mundo. Todos podemos hacer algo para reducir esta crisis si empezamos por analizar nuestros propios patrones de consumo. Los autores dan ejemplos de cómo podemos disminuir nuestra huella ecológica y por ende la carga que representamos para el planeta. Acciones como examinar y reducir nuestras pautas de consumo de combustibles, el coche que usamos y para qué lo usamos, cuándo y cuánto usamos el aire acondicionado, disminuir el uso de agua, reciclar el agua y los desechos, reutilizar las cosas, minimizar la producción de basura, enterarnos del origen e impacto ecológico de los alimentos que consumimos, reducir nuestros hábitos de consumo de alimentos, analizar cómo seleccionamos los sitios a los que vamos a vacacionar, evitar usar alimentos y bebidas pre-envasadas y reducir el uso de plásticos, popotes y botellas. En este capítulo hay lecciones para todos. Lo que queda claro es que es inadmisible seguir viviendo la vida como la hemos vivido hasta ahora.

     Por último, las secciones de referencias bibliográficas que se encuentran al final de cada capítulo son verdaderos cofres de tesoros inesperados que abren un sinfín de puertas para que el lector pueda ampliar su aprendizaje sobre temas particulares. Además, en los tres apéndices hay información acerca de organizaciones de todo el mundo cuyo objetivo es contribuir a proteger la biodiversidad. Aunque la lista no es exhaustiva, es un recurso que sirve a los lectores que quieran unir esfuerzos, colaborar, o aprender más.

     En resumidas cuentas, este libro es un tratado de la vida. Un compendio que nos explica cómo y por qué la biodiversidad es importante para nuestra vida diaria. Hace énfasis en las enfermedades y los vínculos entre la biodiversidad y nuestra salud, pero proporciona perspectivas interesantes para todos aquellos que quieran aprender del planeta que habitamos. Todos somos compañeros de viaje en nuestro paso por este planeta, desde los microbios, bacterias y virus, hasta las sequoias, cactos gigantes, ballenas y leones, pero sólo nosotros, la especie humana, hemos degradado los servicios ecosistémicos y puesto en riesgo el futuro del planeta. Es hora de aprender, valorar y proteger todos los beneficios que recibimos de la biodiversidad. Este libro nos dice cómo.