Dentro de la naturaleza: historias de la conservación en nuestras áreas protegidas

Esmeralda Osejo Brito

March Mifsut, Ignacio J., Jorge A. Rickards Guevara y Andrew Rhodes Espinosa (editores). Relatos de Fogata II: Un viaje por las Áreas Naturales Protegidas de México a través de los relatos y aventuras de guardaparques y conservacionistas. 2016. SEMARNAT, CONANP y PNUD. México. 296 pp. http://www.conanp.gob.mx/pdf/RelatosdeFogataII.pdf

El pasado es el presente

Quienes vivimos en estos tiempos somos herederos de la destrucción ecológica que dejaron nuestros antepasados, y que nuestra generación sigue perpetuando. A nosotros nos queda la encomienda de resarcir el daño y pagar las deudas (enmendar el karma, dirían algunos). En las páginas de esta dramática historia desfilan numerosas especies que son testigos silenciosos de nuestras acciones. Las enormes ballenas grises, las tortugas y las vaquitas marinas, que poco a poco se extinguen sin haber podido nunca aspirar a la clemencia; los jaguares, pumas y ocelotes, las zorras grises, los armadillos, los venados, las aves cuyas poblaciones se reducen ante nuestros ojos cada día; las orquídeas que se acercan a su muerte sin siquiera haber sido descubiertas por el ojo humano. Somos nosotros, los seres humanos, quienes tenemos la capacidad tanto de destruir como de restaurar, y quienes podemos dar voz a quien no la tiene.

Reseña01

     El libro Relatos de Fogata II: Un viaje por las Áreas Naturales Protegidas de México a través de los relatos y aventuras de guardaparques y conservacionistas está compuesto por 56 narraciones anecdóticas relacionadas con el trabajo de campo en 31 de nuestras Áreas Naturales Protegidas (ANP). Los relatos están repartidos en siete secciones definidas por regiones geográficas del país, y entre los 48 autores hay biólogos, doctores en ciencias, funcionarios públicos, reporteros, guardaparques y muchos más; incluso un experto montañista. Es la segunda parte de la colección Relatos de Fogata, cuyo primer volumen, Relatos de Fogata: Anécdotas y experiencias de biólogos y conservacionistas en el campo, se publicó en 2012.

     Uno se siente cautivado desde que lee los títulos, como si se tratara del índice de un libro de cuentos. Efectivamente, todas las historias son sumamente entretenidas y seguramente no decepcionarán a los lectores. Acompañadas por fotografías y mapas, revelan la gran biodiversidad que aún existe en México, las leyendas asociadas a ciertos lugares y especies, las narrativas de la gente que convive con esta diversidad sobreviviente y las peripecias de quienes se han aventurado a catalogarla.

     Es un compendio de anécdotas verídicas que, al contarse en estilo narrativo, se transforman en relatos amenos y agradables. “Sueños anfibios”, por ejemplo, de María del Carmen García Rivas, Doctora en Ciencias, bordea en el realismo mágico; nos sumerge en el mundo, la naturaleza y las cualidades de los lobos marinos, y al final hace una transición de nuestro punto de vista al de ellos, a través de la supuesta transformación de la protagonista en su sujeto de estudio. La edición procura respetar el tono de cada autor, llegando a ser muy coloquial en algunos casos, lo que le confiere una cualidad casi oral.

     Los relatos compilados en este libro logran abrirnos los ojos a la belleza de una gran cantidad de lugares que, en muchas ocasiones, no sabemos ni siquiera que existen en nuestro país. Tenemos, por ejemplo, el paraje del “Valle de las Burbujas” de la Reserva de la Biosfera El Pinacate y Gran Desierto de Altar, en Sonora. En este extraño lugar, la tierra guarda la memoria de lo que parecen haber sido burbujas gigantes que reventaron en una tierra blanda y dejaron en ella la huella de sus cráteres. Y es debido a su rareza y peculiaridad, precisamente, que la NASA realizará los entrenamientos de sus astronautas para la misión a Marte en 2030 en el Campo Volcánico de El Pinacate. Así pues, el libro nos comunica el mensaje de que aún hay grandes misterios ecológicos por resolver y especies por encontrar, pero no podemos lograrlo si no hacemos algo respecto a su conservación.

     La viveza de la recreación de atmósferas y situaciones —como en el magnífico relato de la noche estrellada en medio del mar luminiscente de la Isla San Esteban en el Golfo de California (“De ballenas e islas”), en que una majestuosa ballena gris nadó justo por debajo de la pequeña panga de tres amigos—, estimula la apreciación estética y el amor del lector, y aviva el deseo de ayudar, de conocer más de estos lugares y sus especies, y de contribuir a su conservación. Todas estas características convierten al segundo volumen de Relatos de Fogata en una excelente herramienta de divulgación y difusión de la conservación. Además, es posible encontrarlo de manera gratuita en el sitio web de la CONANP, en formato PDF.

     Pero no todo es entusiasmo conservacionista. En algunos casos los relatos también nos pintan, duramente, la realidad de las distintas concepciones del mundo que están en juego en la conservación de las especies, como en el caso de la tortuga caguama. Por ejemplo, mientras unos las ven como un tesoro por el valor comercial de su carne y huevos, e incluso consideran que capturar una es de buen augurio, otros la valoran como especie única de su género, que se ve constantemente expuesta a la muerte accidental en redes pesqueras y a la caza irresponsable. También nos permiten apreciar las diferencias entre la experiencia de quienes viven inmersos en las ANP y están familiarizados con todo lo que sucede en ellas, y quienes se acercan por primera vez, sin conocer los mecanismos impredecibles del lugar.

     Además, hablan de lo difícil que es cambiar ciertos hábitos o percepciones que tenemos al momento de relacionarnos con la naturaleza, y de una gran cantidad de destrucción. Sin embargo, al final la gran mayoría de los relatos tiene un mensaje de esperanza; una luz que muestra la realidad de una posible recuperación basada en los pasos adecuados. Muchas de las historias son excelentes lecciones de la importancia del trabajo en equipo, como el caso de las tortugas de La Cruz de Loreto en Jalisco, donde la matanza de tortugas se transformó en un desarrollo turístico que las protege, y donde, gracias a la iniciativa de unas pocas personas, los lugareños pudieron darse cuenta de que, para ellos mismos, valían más vivas que muertas. Esta es una prueba de que las que parecen pequeñas acciones, a la larga generan grandes cambios.

Lo que queda

Queda claro que aún nos falta mucho por descubrir de los misterios de la exuberante riqueza biológica de México, y por entender y valorar de los servicios ecosistémicos que nos prestan las diversas especies que conviven con nosotros en la Tierra. Este libro resalta la importancia del esfuerzo humano, y muestra los riesgos el trabajo de campo y la forma en la que decenas de personas arriesgan su vida y su integridad física por salvar lo que nos queda de naturaleza. También destaca el papel del gobierno y de las fundaciones en la conservación, y la importancia del empuje individual y de la interacción con la gente local, indispensables en cualquier proyecto de conservación. La labor de aprender a conocer, amar y conservar la compartimos todos los habitantes del país.

     Asimismo, pone de manifiesto lo crucial que es la paciencia. A todos nos gustaría que fuera suficiente hacer un pequeño cambio de hábitos para ver resultados de la noche a la mañana, pero no es así; hay transformaciones que apenas comienzan a vislumbrarse después de años de esfuerzo. Por ejemplo, la Reserva de la Biosfera de Janos logró decretarse como tal hasta después de años de investigaciones y trabajo de campo. Sin embargo, se han logrado cambios importantes y es una gran recompensa ver cómo la naturaleza responde con gratitud ante nuestros cuidados. Los relatos “Encuentros con la fauna en la Cascada de Basseaseachic” y “Reencuentro de una especie” son un claro ejemplo de esta reciprocidad. En el primero, después de que unos guardaparques rescataran a tres crías de zorrita gris que habían perdido a su madre, una de las dos supervivientes se quedó a vivir cerca de la base en la que la habían cuidado. Años después, aún se acerca cuando escucha a la persona que la alimentó, se deja tocar y juega con ella. En el segundo, años después de que la Isla Isabel perdiera la mayor parte de su vegetación por la voracidad de los chivos introducidos que ahora corrían en estado salvaje, la autora encontró, en un lugar inesperado, un ejemplar de una planta endémica que se creía extinta, y con ello resurgió la esperanza de que, tras los largos esfuerzos por controlar el abuso de los chivos, la isla estaba respondiendo positivamente y, aunque le llevara años, quizá lograría recuperarse por completo.

     Así pues, ya sea que interactuemos más con el lado salvaje e indómito de la naturaleza o con su lado doméstico, cada pequeña acción cuenta y, como en un reloj de arena, se acumula para construir una transformación y salvar a millones de seres vivos, entre los que estamos nosotros mismos.