La milpa es un espejo de la diversidad biológica y cultural de México

La milpa es el principal logro tecnológico de los mexicanos y uno de los más importantes de toda la humanidad. ¡Punto! A partir de la extraordinaria diversidad biológica de México, los habitantes del territorio que actualmente ocupa nuestro país fueron seleccionando poco a poco variedades de plantas que poseían características útiles para los seres humanos; seleccionaron plantas relacionadas con la alimentación, para usar en bebidas, para fibras, con aplicaciones medicinales o como ornato. Al mismo tiempo, estas variedades seleccionadas se fueron adaptando a la gran cantidad de ambientes climáticos, tipos de suelo y condiciones de cada región del país. Los antiguos americanos no sólo seleccionaban una especie en particular, sino que con sus actividades diarias fueron capaces de manejar y modificar a ecosistemas y paisajes enteros.

     La obra maestra de esta interacción entre la diversidad biológica y cultural es el sistema agroecológico llamado milpa, donde coexisten, además de diferentes tipos de maíz, una gran cantidad de otras plantas domesticadas en México. Los otros protagonistas principales son las diferentes especies de frijol y calabaza, así como distintas especies de chiles y una innumerable cantidad de otras plantas que son particulares a las diferentes zonas del país, y se usan según la temporada o tradiciones culturales específicas. Esta diversidad vegetal, junto con todo el resto de la comunidad biológica, especialmente sus microbios (tanto bacterias como hongos, que viven en el suelo asociados a las raíces o en otros tejidos de la mismas plantas) forman el complejo y variable agro-ecosistema que conocemos como milpa, el cual ha sido desarrollado y ha coevolucionado durante miles de años gracias las actividades de nuestros ancestros, y aún hoy en día sigue existiendo y continúa evolucionando.

     Sin embargo, esta notable obra biotecnológica no fue reconocida por los europeos cuando invadieron y colonizaron a las Américas. Ellos no podía concebir que los humanos hubieran cambiado al mundo, haciendo surgir especies y formas nuevas útiles y productivas, y mucho menos que paisajes completos fueran el resultado de esta actividad humana. Para los europeos, las plantas eran resultado de la creación divina junto con los paisajes, entes inamovibles desde el momento de la creación. Los europeos tomaron a las plantas ya domesticadas y seleccionadas, las movieron y adaptaron a sus necesidades locales, olvidándose del resto de la milpa y su agroecosistema. Transcurrieron varios siglos hasta que a principios del siglo XX, el trabajo de botánicos y agrónomos como el soviético Nikolai Vavilov y de notables botánicos y agrónomos mexicanos (entre los que debemos citar el trabajo de Efraím Hernández Xolocotzi) así como de otros países, comenzaron a revelar la labor asombrosa de biotecnología que llevaron a cabo los antiguos mexicanos, quienes poco a poco habían ido seleccionando, durante miles de años, una diversidad brutal de formas y funciones en diferentes plantas y sus bacterias.

     En este número especial celebramos la biodiversidad artificial y natural de México, un verdadero regalo de nuestros ancestros al mundo. Recientemente se está desarrollando en México investigación de primera línea para conocer mejor a la milpa. Existen diferentes estudios que están organizados de manera más o menos informal alrededor de un vigoroso proyecto liderado por el Dr. Daniel Piñero (investigador fundador de nuestro Instituto) con apoyo del CONACYT y la CONABIO, y también se están realizando esfuerzos independientes en la UNAM y otros centros de México. En dichos estudios se conjuntan detallados muestreos por todo el país con cuidadosa investigación botánica, ecología y etnobotánica, utilizando los métodos genómicos más modernos.

     En primer lugar, dentro de esta excelente colección tenemos una descripción de la diversidad de milpas que hay en México, hecha por Mahelet Lozada y colaboradores de la CONABIO. En ella se analizan los diferentes productos que se van obteniendo de nuestras milpas a lo largo del año, la diversidad de ambientes en los que se desarrollan, y los procesos evolutivos y antropogénicos que actualmente siguen modelando su diversidad vegetal. No descuidan la descripción de los distintos componentes de estos complejos ecosistemas, especialmente de sus polinizadores.

     El corazón de la milpa son los diferentes tipos, razas y variedades del maíz, y éste ha sido uno de los logros más importantes de los antiguos mexicanos: ¿cómo fue que modificaron al teosinte, un pasto anual que no se parece en nada al maíz actual, y que además no sirve de alimento porque produce semillas duras y pequeñas, convirtiéndolo en el maíz que todos conocemos? El teosinte no sólo es diferente morfológica y alimenticiamente, sino que toda su arquitectura, fenología (ciclo biológico) y adaptación al clima se ha modificado por la selección artificial que hicieron los antiguos mexicanos. El teosinte ha sido motivo de cuidadosos estudios y Jonás Aguirre Liguori, alumno de doctorado de nuestro Instituto nos platica sobre el trabajo que está realizando para entender su biología evolutiva y adaptación. Este será el primer paso para comprender finamente el proceso de domesticación y adaptación del maíz y será además una herramienta fundamental para conservar mejor nuestros recursos genéticos. Jonás expone los avances e ideas que se han generado recientemente, utilizando modernos estudios genéticos y genómicos que permiten entender el proceso de domesticación del maíz. También menciona algunos resultados sobre sus estudios de la adaptación local en el teosinte y cómo toda esta información puede contribuir en el futuro al mejoramiento del maíz cultivado, especialmente frente a escenarios de cambio climático.

     Es posible que las calabazas hayan sido de las primeras especies que se domesticaron por los antiguos mexicanos, ya que restos arqueológicos en cuevas del país indican que los humanos las consumieron y seleccionaron hace unos 8 mil años. México, comparado con el resto del mundo, es el país donde existen más calabazas silvestres, y hay cuando menos cuatro especies que fueron domesticadas de manera independiente en nuestro territorio. Guillermo Sánchez de la Vega, también alumno de doctorado del Instituto, describe estas exploraciones arqueológicas al mismo tiempo que nos platica de la diversidad de especies, usos y ecología de las calabazas, tanto silvestres como cultivadas, y de los diferentes estudios en los que participa junto con Rafael Lira de la FES Iztacala, UNAM y su director de tesis (Luis E. Eguiarte, Instituto de Ecología, UNAM). Los estudios permitirán analizar los recursos genéticos y la domesticación de este grupo de especies, que es poco conocido comparado con el maíz y los frijoles.

     El Dr. Daniel Piñero inició como investigador en diversidad de frijoles en México en la década de 1980. Esta línea de investigación actualmente se ha revitalizado con el uso de nuevos métodos de secuenciación. Su alumna de doctorado Azalea Guerra García, describe la diversidad de especies del género del frijol (Phaseolus), sus eventos de domesticación en México y los avances recientes de esta investigación. Por ejemplo, se ha documentado con nuevos métodos genómicos que el frijol común, Phaseolus vulgaris, fue domesticado de manera independiente una vez en el Centro de México y otra vez en los Andes. Azalea revisa los cambios genómicos que se han encontrado en estas dos domesticaciones independientes, en las que se obtuvieron plantas y frijoles que son similares, pero los análisis demuestran que se deben a diferentes cambios genéticos. También expone avances en el estudio genómico de la diversidad de otra especie del género Phaseolus, el ayocote P. coccineus.

     Otro elemento de la milpa, central para la identidad nacional, es el representado por los chiles. Lev Jardón fue alumno de doctorado de nuestro Instituto, y actualmente es investigador del CEIICH de la UNAM. Lev nos presenta aspectos de la biología del género Capsicum, así como de la diversidad y ecología de los chiles de México. Hace descripciones de sus sabores y características, tanto de las formas domesticadas como de las picosísimas poblaciones silvestres que se encuentran en el país, y de cómo esta diversidad permite evaluar las ideas de Vavilov, el proceso activo de selección artificial, al mismo tiempo que se documenta la adaptación local. Por último, Lev discute los últimos avances genómicos en el estudio del género y describe el proyecto de investigación que él coordina, en el cual se están analizando los recursos genéticos y la diversidad de usos del chile Capsicum annuum en el estado de Oaxaca.

     Además de las plantas mencionadas que todos conocemos, en la milpa coexisten una amplia diversidad de otras plantas de muchas familias, usualmente anuales, que la gente tolera, fomenta y utiliza, y que se denominan plantas arvenses, las cuales incluyen entre otras muchas especies a los llamados quelites, al epazote, y una infinidad de especies menos conocidas. Estas plantas tienen diferentes usos y funciones alimenticias, por ejemplo, como condimento o decorativas, medicinales y para control de plagas. Beatriz Rendón-Aguilar (que fue alumna de doctorado de este Instituto y actualmente es investigadora de la UAM Iztapalapa), y sus colaboradores nos platican de la compleja diversidad de arvenses que tenemos en México. Detallan minuciosamente los pormenores de una de estas plantas con la que han trabajado muchos años: el caso de los alaches, Anoda cristata, una malvácea que es utilizada en diferentes platillos tradicionales.

     Este número de Oikos= concluye con una reflexión sobre el potencial de la genómica y su uso en el estudio de los recursos genéticos del país que nos presenta uno de los jóvenes investigadores de nuestro Instituto, Luis David Alcaraz. En este ensayo se describe cómo han avanzado los métodos genómicos, incluyendo una discusión sobre a quién pertenecen los recursos genéticos. También se explora la increíble diversidad que tienen los genomas microbianos, con miles de adaptaciones y genes novedosos que representan posibles aplicaciones médicas, agronómicas y biotecnológicas. Esta riqueza en recursos genómicos se puede estudiar utilizando estrategias que conjuntan métodos moleculares de frontera con análisis estadísticos novedosos en los llamados estudios metagenómicos, donde se secuencia todo el ADN de una comunidad, y con estos datos se puede inferir el funcionamiento ecosistémico de un ambiente, por ejemplo, el del suelo de la milpa.

     México como el país biodiverso que es, debe desarrollar un papel más protagónico, agresivo y práctico para avanzar de manera clara en el estudio y la utilización de nuestros recursos genéticos a todos los niveles (genes, genomas y metagenomas de plantas, hongos, bacterias, virus y animales), especialmente los que fueron modelados por nuestros ancestros. Este número de Oikos= ilustra la ciencia alrededor de una pequeña muestra de la increíble diversidad biológica y cultural de México, país que nos ha dado este tesoro biológico que es la milpa, así como la extraordinaria diversidad de recursos genéticos que tenemos. Los ensayos que se presentan en este número son un ejemplo del esfuerzo de jóvenes investigadores que utilizan modernos métodos genómicos, además de conceptos de ecología de frontera y una nueva perspectiva para documentar, estudiar y conservar estos recursos.

     Indudablemente, México como país debe de tomar más seriamente esta misión y hacer un esfuerzo extraordinario y formal por conservar de manera activa a los recursos genéticos que están guardados en las milpas. Este conocimiento representa un tema de seguridad nacional, que puede significar para México mayor seguridad alimentaria y podría posicionarnos como líderes en biotecnología moderna a nivel mundial. Se necesita desarrollar programas de investigación y de conservación genética in situ y ex situ que se enfoquen en conservar la prácticas y diversidad de estos cultivos de manera eficiente y a largo plazo.

     En pocas palabras: la milpa es uno de los grandes logros tecnológicos de la humanidad, resultado de un uso y manejo genial de la biodiversidad, gracias al trabajo de los antiguos mexicanos. El reto y mandato de los científicos de nuestro país es estar a la altura de nuestros ancestros y hacer útil esta diversidad, adaptaciones y conocimiento para toda la humanidad. Sirva este Oikos= como un catálogo de dicho compromiso, ilustrado por los esfuerzos por jóvenes investigadores nacionales en este tema. Quizá en la ancestral milpa se esconde el futuro de la sostenibilidad alimenticia.

Los editores

Luis E. EguiarteClementina Equihua Zamora y Laura Espinosa-Asuar.