Agaves, agaves y más agaves...

¿Se imaginan a México sin agaves?... Es imposible, ¿verdad?

Los agaves o magueyes definen la esencia biológica y cultural de nuestro país. Son plantas que dominan la mayor parte de los paisajes de México, en forma de extensas poblaciones silvestres o cultivadas. Los paisajes cultivados de agave azul son tan conocidos en el mundo que en 2006 la UNESCO los reconoció como patrimonio de la humanidad. A pesar del honor que esto constituye, es necesario señalar que esta clase de paisaje agavero es resultado de cultivos dominados por plantas idénticas y no representa la totalidad de la riqueza biológica de los agaves mexicanos. Los agaves fueron fundamentales en la alimentación y bebida de los antiguos mexicanos, además de proveerles fibras para todo tipo de uso y un sinnúmero de otras aplicaciones. Para los mexicanos modernos, los agaves representan una de las principales fuentes de ingresos del país, gracias a nuestras bebidas destiladas típicas: el tequila y los mezcales. Además, no debemos olvidar el tradicional pulque, bebida sin destilar que está teniendo un importante resurgimiento en todo México.

     Biológicamente, los agaves son un auténtico “árbol de las maravillas”: su inflorescencia es la más grande de todo el reino vegetal. La roseta crece durante muchos años, a veces más de 30, para producir una sola inflorescencia, misma que consume todos sus recursos, y después muere. Esta reproducción suicida es muy eficiente porque atrae a cientos de polinizadores, desde murciélagos nectarívoros hasta una multitud de aves e insectos de muchos tipos, que recorren largas distancias para visitarlos y así generan un amplio flujo génico entre las plantas de una región.

     Por otra parte, los agaves presentan una serie de adaptaciones fascinantes: son plantas que pueden vivir en condiciones de sequía haciendo un uso muy eficiente del agua; además, producen una gran cantidad de compuestos de interés bioquímico, y se ha sugerido que pueden ser una importante fuente de biocombustibles. Se ha pensado que las filosas espinas terminales y dientes laterales de las grandes rosetas, que producen heridas muy dolorosas por los compuestos químicos que portan, son una adaptación para defenderse de los grandes herbívoros pleistocénicos, actualmente extintos. Los agaves son uno de los géneros de plantas con más especies de todo México, es un clado o linaje vegetal con más de 240 especies. La mayor parte son endémicos, porque sus distribuciones geográficas son restringidas, y México es, indudablemente, el centro de su diversidad.

     México es tierra de agaves, por eso dedicamos este número de Oikos= a estas majestuosas plantas del campo mexicano. Enrique Scheinvar, quien hizo su posgrado trabajando con el género Agave en nuestro Instituto, nos platica acerca de la diversidad e historia de los magueyes y narra el origen del nombre agave y la forma en la que los primeros mexicanos utilizaron estas plantas, para luego explicar la compleja y fascinante historia natural y humana de los diferentes mezcales que se producen en nuestro país.

     Así como el vino es fundamental en la historia de Europa, el pulque lo ha sido en la historia del Centro de México. Laura Trejo, investigadora del Instituto de Biología de la UNAM en la sede Tlaxcala, relata en estas páginas el irresistible ascenso del pulque en los últimos años. Nos ilustra sobre las diferentes tradiciones que hacen referencia al origen y uso de esta bebida de baja graduación alcohólica, su posterior desarrollo en la colonia e independencia, y su gradual declive en el siglo XX. Laura detalla el proceso de producción del pulque y resalta la biodiversidad que aún se mantiene en los agaves productores de pulque.

     Pero, indudablemente, el tequila sigue siendo la joya de la corona de las exportaciones de México, un ejemplo de cómo podemos avanzar en los negocios internacionales. Roberto Trejo y otros colaboradores de nuestro Instituto abordan la compleja relación co-evolutiva entre los agaves y sus principales polinizadores, los murciélagos nectarívoros del género Leptonycteris, y explican la biología de los murciélagos, su papel en la polinización de los agaves y la forma en la que se relacionan con la vigorosa industria tequilera. Aquí surge un conflicto: para producir las diferentes bebidas de agave, desde el tequila y los mezcales hasta el pulque, se utilizan las plantas que están listas para reproducirse (después de crecer por muchos años); de modo que el costo de la gran eficiencia en el uso de las plantas para la producción masiva de estas bebidas es que ya no queden inflorescencias de las que puedan alimentarse los murciélagos y los demás polinizadores. El artículo propone que, si los murciélagos seleccionaron a los agaves en una especie de domesticación para que produjeran los azúcares que nosotros empleamos en la elaboración de estas bebidas, lo mínimo que podemos hacer es devolverles el favor. También habla de un nuevo sello en las etiquetas de las botellas que garantiza que los productores de esa bebida permiten que los magueyes produzcan suficientes inflorescencias como para mantener sanas a las poblaciones de estos polinizadores. Y, al final, ¿por qué no?, también está la propuesta de que una parte mínima de sus ganancias se destine al estudio y la protección de los murciélagos, los agaves y sus otros polinizadores.

     Por supuesto, el campo mexicano no son sólo agaves. Nuestro número anterior lo dedicamos a la milpa y algunos de sus principales componentes: el maíz, los frijoles, las calabazas, los chiles, los quelites. Ahora Ana E. Escalante, investigadora de nuestro Instituto, nos presenta otro componente fascinante de los ambientes terrestres, tanto naturales como manejados: la gran diversidad de microbios que habitan los suelos. Ellos determinan infinidad de procesos que afectan a las comunidades vegetales y a los ecosistemas completos. En particular, entender el papel de los microbios en los agroecosistemas es crucial para mantener la fertilidad de los mismos. Ana nos muestra cómo ahora, gracias al uso de modernos métodos moleculares como los análisis metagenómicos (en los que se analiza el material genético de todos los organismos de una muestra), podemos describir y comenzar a analizar esta fascinante y crítica biodiversidad, para después utilizar los resultados en proyectos que se estén llevando a cabo en México y así buscar la sostenibilidad de nuestros preciados suelos.

     Acercándonos a la milpa, Alicia Mastretta y colaboradores de la CONABIO nos hablan acerca de su nueva propuesta de ciencia ciudadana que busca involucrar a todo México en la tarea de documentar, mapear y conservar a los diferentes habitantes de estos cultivos. Su propuesta invita a usar la aplicación iNaturalist, de la misma CONABIO, que está dando resultados notables y sorprendentes. ¡Ojalá todos podamos colaborar en este fascinante proyecto!

Y, a todo esto, ¿para qué sirve la biodiversidad?

Aunque para todos los biólogos es evidente que la diversidad por sí misma es invaluable, a veces es conveniente tener datos concretos que nos digan cómo es que la vida en la Tierra depende, de formas insospechadas, de que se mantenga esta diversidad. Para cerrar este número, hemos incluido una reseña escrita por otro investigador del Instituto, Rodrigo Medellín, de un importante libro que el Fondo de Cultura publicó recientemente y que aborda extensamente este tema.

     Y así, ¡salud con buen mezcal! En nuestra siguiente entrega, comenzaremos a presentar las diferentes áreas protegidas de México, a analizar su relevancia biológica y a discutir la investigación que llevamos a cabo en ellas.

Luis E. Eguiarte, Laura Espinosa Asuar y Clementina Equihua Z.