Áreas protegidas: ¿para qué?

Las diferentes reservas ecológicas y áreas protegidas siempre han sido centrales para la investigación científica en México y para la formación de los nuevos ecólogos del país. Muchos de nosotros aprendimos a hacer investigación en ecología en estas áreas. En particular, las dos estaciones de biología tropical de la UNAM: la de Biología Tropical de Los Tuxtlas y la de Biología Tropical de Chamela, han sido centrales tanto para la docencia como para la investigación ecológica.

     Juan Nuñez Farfán, investigador de nuestro Instituto, narra cómo aprendió a ser un ecólogo en la Estación de Biología Tropical de Los Tuxtlas, cerca de la costa de Veracruz, y nos platica cándidamente sus sufrimientos, angustias y fascinación por la selva cuando realizó sus primeros estudios —la tesis de licenciatura y los primeros artículos— sobre la ecología y dinámica poblacional de dos especies de árboles tropicales, bajo la dirección de otros dos ecólogos notables: Miguel Martínez Ramos y Rodolfo Dirzo. Al mismo tiempo, Juan nos introduce a la fascinante biología de los bosques tropicales citando diferentes descripciones clásicas de la selva, entre ellas la del mismísimo Cristóbal Colón, la de Alfred R. Wallace y otras más recientes.

     Desde otro lugar del país, nuestra investigadora Angelina Martínez Yrízar, junto con otros ecólogos legendarios, como José Sarukhán, Manuel Maass y Víctor J. Jaramillo, nos relatan el origen, en 1982, de un proyecto a largo plazo para comprender el funcionamiento de los ecosistemas. Este ambicioso proyecto se lleva a cabo en el bosque tropical caducifolio (o selva seca), en la Estación de Biología Tropical de Chamela, UNAM, ubicada en la costa de Jalisco. A lo largo de más de 36 años, se ha estudiado cómo interactúan la vegetación, la dinámica del agua, la productividad primaria (medida en términos de la hojarasca, algo que ha estudiado Angelina desde esos tiempos) y la biogeoquímica (para una definición ver Biogeoquímica en Cuatro Ciénegas: mundos dentro de mundos y miradas a escala en Oikos= 19), de este bosque, así como los diferentes efectos de los patrones de lluvias y huracanes en esta compleja dinámica del ecosistema.

     Además del trabajo en las estaciones de campo, los investigadores del Instituto de Ecología están trabajando en otras áreas protegidas en las que también estudian a los ecosistemas, pero conjuntamente con el factor social, lo cual hace la investigación mucho más complicada. Un buen ejemplo nos lo relata Patricia Pérez Belmont, estudiante de doctorado del posgrado en Ciencias de la Sostenibilidad, en colaboración con Marisa Mazari y Lakshmi Charli de LANCIS, así como Elsa Valiente de la Asociación Civil Restauración Ecológica y Desarrollo. En su artículo estas autoras nos hablan sobre los problemas de Xochimilco, al sur de la ciudad de México. Esta es un área muy importante para el bienestar de la ciudad por los servicios ambientales que provee, como por ejemplo por el agua que abastece a la zona urbana. Xochimilco es un Área Natural Protegida, Humedal de Importancia Internacional y Patrimonio Natural y Cultural de la Humanidad por la UNESCO, pero al mismo tiempo es parte de la ciudad de México. Por lo tanto, ha estado habitada por cientos de años y hoy tiene graves problemas ambientales, que se acentúan por la presencia de asentamientos humanos irregulares que ha proliferado en los últimos años, a los que se le añaden los daños sufridos por el reciente sismo de septiembre del 2017. En su contribución nos reseñan estos problemas, conflictos y perspectivas para avanzar y lograr cierta sostenibilidad.

     Las reservas ecológicas y áreas naturales protegidas, además de ser muy importantes por los servicios ambientales que proveen a todo el país, son fundamentales para la investigación, el aprendizaje práctico y, por su uso ecoturístico, para la sensibilización de todos los miembros de la sociedad. Además, son especialmente relevantes por la fauna y la flora que viven en ellas, y en muchos casos son claves para la sobrevivencia de especies en peligro de extinción. Hoy sabemos que algunas de las áreas naturales protegidas también funcionan como refugios de los cuales podrían emerger, eventualmente, los organismos resguardados para recolonizar áreas de las que desaparecieron. Quizá en un futuro en el que el ser humano logre ser más civilizado. Un terrible ejemplo de desaparición es el caso de una carismática especie que es también el cetáceo más pequeño del mundo, endémico del golfo de California: la vaquita marina (Phocoena sinus). La población de la vaquita se sigue reduciendo, a pesar de que está supuestamente protegida en la Reserva de la Biósfera Alto Golfo de California y Delta del Río Colorado, y de que se han realizado importantes esfuerzos para su conservación. Actualmente quedan sólo 30 ejemplares. Nuestra editora, Clementina Equihua Zamora, nos habla de distintos eventos recientes en los que ha participado el Instituto de Ecología y que se han realizado para llamar la atención e informar sobre este problema. Ha sido un triste fracaso de nuestras políticas de conservación, pero invitamos al lector a leer la nota positiva hacia el final del artículo.

     A pesar de los diferentes e innumerables problemas de conservación dentro y fuera de nuestras áreas naturales protegidas, son indudables el entusiasmo, cariño y dedicación de todas las personas, tanto científicos como naturalistas, ecólogos y amantes de la naturaleza, encargados o visitantes, que se han involucrado con estas áreas. Ese entusiasmo se ve reflejado en el libro Relatos de Fogata II, editado por nuestros colegas Ignacio J. March Mifsut, Jorge A. Rickards Guevara y Andrew Rhodes Espinosa, y que reseña con igual entusiasmo nuestra colaboradora y ahora editora Esmeralda Osejo Brito.

     Concluimos esta vigésima entrega de Oikos= con una nueva versión de los lineamientos de nuestra revista, para quienes estén interesados en publicar en ella. Queremos motivar a los diferentes ecólogos y naturalistas del país, tanto investigadores y profesionistas como estudiantes, a mandarnos sus contribuciones. Así seguiremos dando voz, en un lenguaje accesible, a la ecología, la evolución y las ciencias ambientales.

Los editores.

Luis E. Eguiarte, Clementina Equihua Z., Laura Espinosa Asuar y Esmeralda Osejo Brito