Editorial01

En 2012, el “Año del Murciélago”, dedicamos el número seis de Oikos= a estos pequeños mamíferos, celebrando su ecología, evolución y adaptaciones. Este año decidimos continuar la tradición y dedicar un número a otro de nuestros vertebrados voladores favoritos: las aves. El 2018 fue declarado el “Año de las Aves” por la Audubon Society y la National Geographic Society —entre otras asociaciones en los Estados Unidos—, para celebrar el centenario del importante tratado internacional Migratory Bird Treaty Act. Este tratado buscaba, inicialmente, la conservación de las poblaciones de aves migratorias de Canadá y Estados Unidos. Después se unió México también. Las poblaciones de aves en estos tres países estaban disminuyendo debido al intenso tráfico de plumas utilizadas para adornar sombreros de mujer, pero también debido a otras actividades —no reguladas en ese momento— que amenazaban con su exterminio, como la cacería y recolecta de huevos, de nidos y de ejemplares para disecarlos (taxidermia) o para la cetrería. En Wikipedia se puede leer la historia completa.

     Las aves son un grupo de organismos que han sido (y siguen siendo) utilizados frecuentemente como modelo para el estudio de la ecología, la conducta y la evolución. Esto se debe a que, además de su innegable elegancia y belleza, son de los animales que se pueden estudiar con mayor facilidad; para observarlas basta usar binoculares, y muchas veces es posible identificar sin problemas de qué especie se trata. De la misma manera se puede registrar de forma detallada su conducta, tanto reproductiva como de alimentación, así como las interacciones con miembros de su propia especie y de otras especies, y muchos aspectos más de su ecología. Además, son un grupo muy atractivo para los biólogos por sus formas, colores y adaptaciones, y también por su gran diversidad: alrededor de diez mil especies en el mundo.

     En la historia de la ecología, y gracias a la investigación que se ha realizado con aves, existen numerosos estudios canónicos que han impactado en nuestra percepción de las relaciones entre los organismos y el ambiente. Por ejemplo, los trabajos de Robert MacArthur, en 1958, sobre la ecología, el nicho y la competencia entre diferentes especies de chipes o reinitas (Parulidae, warblers en inglés) de los bosques del este de los Estados Unidos, constituyen un paradigma dentro de los estudios sobre interacciones poblacionales y de comunidades.

     Cien años antes de los trabajos de MacArthur, Charles Darwin describió muchos ejemplos de evolución usando aves. Estos quedaron plasmados en su libro El origen de las especies, así como en otras de sus obras. Los ejemplos incluyen casos de selección artificial en palomas y de divergencia en los parientes de los cenzontles (Mimus parvulus) entre las islas Galápagos, o también la evolución de los famosos pinzones de Darwin (el género Geospiza). De hecho, David Lack publicó en 1947 un detallado estudio de la ecología y evolución de estos pinzones, explicando cómo, a partir de una primera especie que llegó del continente a las islas, se fueron adaptando, divergiendo y dando origen a un notable grupo de especies con diferentes características. Más recientemente, desde 1973, Peter y Mary Grant, una pareja de científicos eméritos de la Universidad de Princeton, EUA, realizaron fascinantes estudios modernos con los mismos pinzones, conjuntando la ecología, la genética de poblaciones y la evolución. Sus estudios aún continúan, ahora complementados con datos genómicos.

     Dentro del campo de la conducta animal, las aves siempre han sido uno de los grupos favoritos de estudio. Como ejemplo podemos mencionar a dos fundadores de esta área que realizaron trabajos hoy ya clásicos; el primero de ellos, que comenzó a principios de los años 30, es el alemán Konrad Lorenz, que estudió gansos y cuervos, y el otro es su colaborador holandés Nikolaas Tinbergen, quien trabajó en la década de los 50 con diferentes especies de aves.

     En México existe una larga tradición de estudios taxonómicos en aves desde el siglo XIX, pero los trabajos modernos, especialmente relacionados con su ecología, conducta y evolución, tardaron un tiempo en iniciarse. Por ejemplo, en nuestro Instituto, el Dr. Hugh Drummond comenzó, casi desde su incorporación a la UNAM al inicio de los años 1980, el estudio a largo plazo de la ecología y conducta de los ya famosos bobos de patas azules (Sula nebouxii) que adornaron la portada del quinto número de Oikos=, en 2012. La investigación de Drummond y sus colaboradores, que sigue en curso, es un referente internacional de estudios ecológicos a largo plazo.

     Recientemente hemos visto un auge en la ornitología moderna en el país, con la realización de estudios que usan nuevos métodos ecológicos, evolutivos e informáticos, y las páginas de este número son sólo un pequeño muestrario de estas nuevas investigaciones:

     Uno de los grupos con más historia y carisma dentro de las aves mexicanas son los colibríes. La Dra. María del Coro Arizmendi, investigadora de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala de la UNAM (que además fue alumna del doctorado de nuestro Instituto), nos ilustra sobre la biología de estas pequeñas aves, mismas que ha estudiado desde su tesis de licenciatura. En su ensayo aborda aspectos de la historia natural de los colibríes, como su importancia cultural y ecológica —especialmente por ser polinizadores de muchas de nuestras especies vegetales—, habla de su diversidad y adaptaciones, y termina con recomendaciones sobre cómo atraerlos a nuestros jardines de forma adecuada.

     Otra ave con mucho significado simbólico para México es el águila real, Aquila chrysaetos, que aparece en nuestro escudo nacional y forma parte del mito de la fundación de la capital de los aztecas, hoy Ciudad de México. El águila real es una especie amenazada en México, y un grupo de investigadores liderado por Manuel Valdés-Alarcón, de la Asociación Civil Espacios Naturales y Desarrollo Sustentable, nos platica sus esfuerzos por localizar, estudiar y proteger los nidos de esta especie en Zacatecas. También nos describen qué es lo que hacen para garantizar que haya suficientes presas y condiciones naturales adecuadas para que el águila pueda alimentarse y así puedan seguir existiendo poblaciones de esta majestuosa especie.

     Por otra parte, las islas son ambientes importantes para las aves, no sólo por las especies endémicas que allí viven, sino porque en ellas anida una gran cantidad de aves marinas (como el bobo de patas azules), especies críticas para la ecología y diversidad marina. Las islas del golfo de California son sustancialmente importantes para las aves del Pacífico, pero durante muchos años sufrieron todo tipo de abusos ambientales que mermaron a las poblaciones de aves o acabaron con ellas: por ejemplo, la extracción de guano, la contaminación por petróleo y DDT, y, especialmente, la invasión de especies exóticas como gatos, cabras y ratas. Las estrategias, esfuerzos y éxitos en la restauración de ambientes adecuados para las aves los describen Yuliana Bedolla Guzmán y sus colaboradores, del Grupo de Ecología y Conservación de Islas, A. C.

     Diferentes grupos de investigación en nuestra universidad y en el mundo han dedicado años al detallado estudio de la sistemática (la clasificación de las especies) y la biogeografía (cómo y porqué se distribuyen las especies en el planeta) de las aves, usando herramientas modernas como marcadores moleculares y computadoras para simular las distribuciones potenciales actuales y en el pasado. Destaca en este tipo de investigación el grupo del Museo de Zoología de la Facultad de Ciencias, UNAM, liderado por el Dr. Adolfo Navarro. De este grupo de trabajo, un alumno de doctorado, David A. Prieto-Torres, y sus colaboradores, nos presentan un novedoso panorama de la diversidad de las aves; en particular, de las selvas y bosques secos de México y del resto de América Latina. Estos bosques son ricos en especies de plantas endémicas y están amenazados por actividades humanas como la agricultura y la sobreexplotación maderera. En ellos habita una gran diversidad de especies de aves, también endémicas, que, hasta ahora, habían sido pobremente entendidas y estudiadas. Es desde hace relativamente poco que entre los ornitólogos latinoamericanos ha surgido un fuerte interés por investigarlas. Este artículo nos describe análisis novedosos de la diversidad de aves en estos bosques, recurre a una base de datos de distribución de 1,298 especies de aves, y discute algunas perspectivas para su conservación.

     En el futuro, las ciudades serán el ecosistema dominante de nuestro planeta. Desafortunadamente, será a costa de nuestros recursos naturales. Es en este entorno humano en el que la fauna silvestre se está adaptando y dando muestras de procesos evolutivos novedosos. Constantino Macías y Clementina Equihua Z. nos relatan sobre la investigación que se lleva a cabo en nuestro Instituto para entender cómo se adaptan algunas aves de la ciudad de México a las condiciones de ruido y a la carencia de materiales naturales para elaborar sus nidos.

     Por último, pero no menos importante, la Reserva Ecológica del Pedregal de San Ángel de la UNAM que rodea al Instituto de Ecología, a veces llamada por sus iniciales, REPSA, ha sido una fuente de fascinación, entrenamiento y docencia para muchas generaciones de biólogos. En la REPSA se han estudiado especialmente sus aves, y la observación y registro son actualmente una importante actividad de ciencia ciudadana. La bióloga Rocío Brito García, colaboradora de nuestro Instituto, nos reseña para este número de Oikos= las características ecológicas que hacen única a la reserva. La autora menciona a las más de 150 especies de aves que podemos ver en ella, y la relevancia que este lugar tiene para evitar la extinción local de las poblaciones de aves en el Valle de México, muchas de ellas migratorias. También habla sobre el problema del aumento de la tasa de extinción de especies, y da ejemplos de especies extintas en nuestro valle, como el guajolote norteño (Meleagris gallopavo) y la mascarita transvolcánica (Geothlypis speciosa). Así, esta última contribución nos recuerda los principales objetivos de este Año de las Aves 2018: cuidar la diversidad de este fascinante grupo de organismos, y recordar el tratado que, desde hace cien años, ha permitido conservar mucha de esta diversidad en Norte América y es un gran apoyo especialmente para las aves migratorias.

     Esperamos que disfruten de esta nueva entrega. Para la siguiente edición de Oikos= les adelantamos que estamos preparando un número especial con artículos que abordan diferentes aspectos de las Ciencias de la Sostenibilidad, elaborados por investigadores, docentes y estudiantes del posgrado en esta disciplina. Estas ciencias se impulsan en el Laboratorio Nacional de Ciencias de la Sostenibilidad, LANCIS, de nuestro Instituto de Ecología, UNAM.

Luis E. Eguiarte, Clementina Equihua Z., Laura Espinosa Asuar y Esmeralda Osejo Brito