Constantino Macías García

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Lo tengo frente a mí. Pesa dos kilos con seiscientos gramos, mismos que cargué en mi maleta de mano por aeropuertos, trenes y taxis en un viaje desde Escocia hasta Tlalpan. Tenía que tenerlo, aunque fuese solamente por la imagen de cuatro señores kazajos montados en caballos chaparritos, cada uno con un águila dorada en el puño derecho.

     El libro Birds & People, escrito por Mark Cocker e ilustrado espectacularmente por el fotógrafo David Tipling, es un homenaje a la antigua y muchas veces mística relación entre los humanos y las aves. Lo editó la Sociedad Real para la Preservación de las Aves (RSPB, por sus siglas en inglés), y aunque dicha sociedad y dicho libro son productos de la Gran Bretaña, el texto abarca, desde luego a vuelo de pájaro, la mayor parte de la relación entre aves y humanos en todo el mundo.

     La RSPB fue un pivote clave en el desarrollo de la organización internacional BirdLife, representada en México por Pronatura, y forma parte de la que es, probablemente, la red de naturalistas más extensa del planeta, porque en todos lados tenemos historias de aves. Nos gustan las aves, las hemos domesticado, son nuestras mascotas, salimos a verlas cada que podemos, las fotografiamos, escribimos sobre ellas y las criamos. Pero también las desplazamos de sus hábitats naturales, las intoxicamos, las cazamos indiscriminadamente y las extinguimos.

     En este número de Oikos= un puñado de autores nos cuentan, en seis artículos, unas cuantas historias en las que las aves son protagonistas de procesos biológicos, de adaptaciones inesperadas, y de regresos de, casi casi, el más allá ecológico.