Ejemplo 1

Un pedazo de grafito dentro de un cristal de circonio atrapado en una roca de hace 4.1 mil millones de años, proveniente de Sudáfrica, nos da la primera pista acerca de lo que pasó cuando la vida consumió los recursos acumulados en la sopa de cometas (ver 4.1 Billion Year Old Australian Zircon Contains Graphite of Biological Origin, Study Claims). La vida dejó su huella al usar alguno de los isótopos de los elementos de la vida (es decir, usando el mismo elemento pero con distinto número atómico), y esa huella demuestra que los seres vivos primigenios empezaron a utilizar (comer) otras formas de los elementos, no sólo los productos de la sopa original. En particular, comenzaron a tomar el carbono de la atmósfera (CO2) y a unirlo con el hidrógeno de las arcillas, para construir por sí mismos los primeros azúcares de origen totalmente “terrestre”. Estos organismos primitivos aún existen: son las bacterias llamadas metanógenas, las cuales forman un lodo negro que, aunque pestilente, representa a nuestros ancestros vivos más remotos.

     Poco tiempo después (unos cuantos millones de años, pero poco en términos geológicos) se comenzaron a armar las comunidades microbianas que construyeron los engranajes del “reloj de la vida”. Este reloj es la maquinaria de la cual dependemos todos, capaz de mover todos los elementos que nacen en las supernovas y de obtener de ellos la energía y todo lo necesario para construir las células. Lo más sorprendente en la historia de nuestro planeta no es que la vida se haya originado (lo cual es notable en sí mismo), sino que haya sobrevivido a los meteoritos que caían, a los volcanes que hacían erupción repentinamente, a los rayos cósmicos y a tener una cantidad de fósforo limitada. La vida en la Tierra es persistente, y al evolucionar creó todo tipo de estrategias para extraer fósforo de las rocas y reciclarlo de manera muy eficiente. A través del tiempo, los seres vivos se han ido adaptando por selección natural y han logrado sobrevivir a todos los retos que les pone el ambiente; así han desarrollado la capacidad de comer, crecer y tener descendencia. Esa es la fuerza fundamental que mueve la vida, tanto de forma cotidiana como a lo largo de las eras geológicas.

     En esos tiempos remotísimos en los que sólo existía la vida unicelular, bacteriana y microscópica, no sólo era difícil obtener fósforo, sino que no había oxígeno molecular (es decir, no había oxígeno “libre”; en la Tierra sólo existía el oxigeno como parte del agua) y, por lo tanto, el planeta no tenía una capa de ozono que protegiera a la vida de la luz ultravioleta (y esta luz puede ser letal, ya que destruye el material genético; el ADN). En esas circunstancias, los seres vivos se refugiaban debajo del agua, la cual era anaranjada por ser rica en sales y azufre. La Tierra también era anaranjada y estaba llena de neblina, pero una neblina que resultaría tóxica para nosotros, ya que era rica en compuestos de azufre (S), nitrógeno (N) y bióxido de carbono (CO2). Hay que recordar que, en un inicio, la Tierra era un mundo de volcanes; de hecho, no había continentes. Tuvieron que pasar 2 mil millones de años para que el agua atrapada en el magma saliera por los volcanes, formara nubes y causara las tormentas que, cual diluvio universal, dieron origen al mar profundo.

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Ejemplo 2

Como sabemos, la agricultura es fundamental para todos nosotros, ya que es la principal (y, en algunos casos, la única) fuente de alimento para los miles de millones de personas que habitamos el planeta. En el caso particular de México, nos provee de los ricos aguacates que utilizamos para acompañar una buena torta, de la refrescante sandía que comemos en el verano y del cacao con el que se produce el delicioso chocolate que millones de personas disfrutan alrededor del mundo.

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Ejemplo 3

En este continente dorado también vivía un pequeño y sociable animal de apenas un kilogramo de peso, en colonias formadas por miles de individuos. El perrito de las praderas, como lo llamaron (en latín Cynomys ludovicianus), es un pariente de las ardillas que construye madrigueras y túneles subterráneos y se alimenta de pastos y hierbas. Desde el principio los exploradores y naturalistas europeos se sorprendieron por su alta complejidad social, ya que viven en colonias que semejan “pueblos”. Incluso algunos exploradores les llamaban “pequeñas repúblicas”, por estar compuestas de ciudadanos con complejos sistemas de organización y comunicación; un ejemplo son los vigías que, siempre alerta, hacen notar la presencia de cualquier intruso que amenace a la colonia mediante llamados parecidos a los ladridos de un perro pequeño; el llamado de alerta se extiende rápidamente por toda la colonia y todos corren a refugiarse.

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