Xochimilco y sus chinampas: lecciones del sismo del 19 de septiembre, 2017

Patricia Pérez Belmont, Lakshmi Charli Joseph, Elsa Valiente Riveros y Marisa Mazari Hiriart

Xochimilco es una zona de grandes contrastes donde convergen diferentes dimensiones que van de lo rural a lo urbano, de la conservación de los recursos naturales a su explotación y de lo ancestral a lo moderno. La heterogeneidad del paisaje de Xochimilco —un área periurbana de la Ciudad de México— es resultado de las actividades agrícolas tradicionales que persisten desde tiempos prehispánicos en forma de chinampas, porciones de tierras inmersas en un humedal. Este humedal se ve modificado no sólo por dichas actividades, sino por la presión del crecimiento urbano de una de las ciudades más grandes del mundo.

Xochimilco01Los canales son las vías comunes de transporte para esta comunidad de Xochimilco, que se desarrolla entre la tierra y el agua. Aquí podemos ver una escena tradicional de un chinampero que cultiva flores llevando su mercancía para vender. Fotografía: Rocío Brito García.     Los espacios en donde se dan relaciones estrechas entre los humanos y la naturaleza a diferentes escalas se conocen como sistemas socio-ecológicos; Xochimilco es uno de estos sistemas en los que la fragmentación del tejido social y del paisaje lo ha llevado a una situación actual de alta vulnerabilidad, desde el punto de vista biofísico y sociocultural. Esta vulnerabilidad se puso en evidencia a partir del evento sísmico del 19 de septiembre de 2017 y ha llamado la atención de académicos, sociedad civil, sector privado y gobierno, quienes han demostrado su voluntad para apoyar en la recuperación y restauración de la zona. Sin embargo, es importante replantear la búsqueda de acciones que conduzcan a este sistema socio-ecológico hacia trayectorias sostenibles.

Importancia ecológica y económica de las chinampas de Xochimilco

La zona periurbana de Xochimilco comprende áreas semi-urbanizadas y diversos pueblos con vocación agrícola, entre ellos Xochimilco, Santa Cruz Acalpixca, San Gregorio Atlapulco y San Luis Tlaxialtemalco, así como lo que queda del sistema de lagos y canales de la cuenca de México. Las chinampas son la principal forma de cultivo de la región, cuyo sistema de aprovechamiento y acoplamiento con el entorno biofísico, ha demostrado ser un ejemplo de agricultura sostenible y uno de los sistemas agrícolas más productivos del mundo. Las chinampas han logrado persistir en la actualidad gracias a su importancia ecológica y cultural, y desde 1971 han recibido —junto con el humedal de Xochimilco— reconocimientos y denominaciones a nivel nacional e internacional, como se ilustra en la Figura 1, con el fin de favorecer su conservación y resaltar su importancia, no solo para los habitantes de México, sino a nivel mundial.

     El Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera (SIAP), en su edición de 2017, indica que la producción agrícola en las chinampas —ya sea por métodos tradicionales o a través de formas tecnificadas como los invernaderos— generó una derrama económica de aproximadamente 312 millones de pesos para la Ciudad de México en 2016. Económicamente, es la segunda delegación con mayor valor de producción agrícola después de Milpa Alta (855 millones), y eso sin contar el valor de la producción de la floricultura.

Xochimilco02Gráfica 1. Denominaciones nacionales (verdes) e internacionales (azules) del sistema socio-ecológico de Xochimilco y de su humedal. Imagen: Patricia Pérez Belmont.

     Además de proveer alimentos principalmente a los habitantes de la Ciudad de México, y ser una fuente importante de recursos económicos para sus pobladores, otro de los servicios que destacan de este sistema socio-ecológico es la provisión de agua subterránea para abastecer a la zona metropolitana de la Ciudad de México. La región tiene pozos que van de los 180 a los 300 m de profundidad que se recargan principalmente en los alrededores o en la periferia de las zonas de la ciudad que han sido destinadas para la conservación (llamadas oficialmente Suelo de Conservación). Esta demanda de agua para la ciudad ha llevado a la sobreexplotación de los acuíferos que, aunada a la urbanización, ocasiona hundimientos diferenciales de entre 30 y 40 cm/año en la zona.

     Geológicamente Xochimilco se encuentra en una zona donde convergen dos tipos de materiales: los volcánicos y los materiales de relleno del lago. Cuando estos dos tipos de material hacen contacto, se pueden formar lo que se conoce como planos de debilidad; es decir, que las capas de material pueden desplazarse. En el caso de Xochimilco, los planos de debilidad se distribuyen de manera diferente a lo largo del pie de monte formando una zona de transición entre la base de la montaña y la zona lacustre. Es en estas zonas de transición en donde se presentan grietas que se encuentran distribuidas tanto en la base de la ladera de la Sierra de Santa Catarina (Iztapalapa y Tláhuac), como en la base de la Sierra del Chichinautzin (Xochimilco y San Gregorio Atlapulco). El agrietamiento también se ve favorecido por la extracción de agua y los hundimientos, ya que se han observado desplazamientos horizontales y verticales del terreno de entre 30 y 40 centímetros en promedio. Por lo anterior, tanto las grietas como las formaciones rocosas contribuyen a la vulnerabilidad física de la zona. Estas variaciones en la solidez del terreno pueden repercutir en las viviendas construidas de manera precaria e irregular, así como en la zona chinampera, tanto en canales como en zonas de cultivo.

Xochimilco03Mapa que muestra el área de transición entre la zona montañosa (sur) y las chinampas (norte). Se señalan con flechas las zonas en las que coinciden la vulnerabilidad física y social a la fractura del terreno por sismos (sombreadas en rojo y vino), los sitios de fracturamiento o hundimientos (puntos verdes) y las líneas de fracturas (en rojo). Imagen tomada de http://rmgir-servicios.cenapred.unam.mx/Geociencias/

     La región también ha experimentado una importante transformación del uso de suelo agrícola de las chinampas a uso habitacional, relacionada con factores como el abandono de las prácticas agrícolas, la creciente demanda de espacios de vivienda y la falta de mercado para los productos chinamperos. Estos nuevos asentamientos humanos irregulares (AHI) generalmente se encuentran dentro del Suelo de Conservación en Xochimilco, afectando las condiciones naturales del sitio y favoreciendo el avance de la mancha urbana. La ocupación de los AHI abarca aproximadamente 275 ha de las 2,522 ha que forman parte del Área Natural Protegida (ANP), sin contar aquellas que se encuentran dentro del Suelo de Conservación en el resto de la demarcación. Los habitantes de estos asentamientos suelen ser familias de los pueblos originarios, pero también hay trabajadores agrícolas o jornaleros procedentes de otros estados de la república que buscan oportunidades de trabajo en la capital del país.

     Inicialmente los AHI carecen de servicios, pero con el tiempo van logrando un mayor grado de consolidación: primero, las viviendas se adaptan para tener ciertos servicios; un ejemplo son las conexiones clandestinas a los transformadores de energía eléctrica y a las fuentes de agua limpia. Después, conforme los asentamientos crecen, su consolidación puede lograrse, por ejemplo, al negociar con las autoridades la prestación de servicios y la regularización a cambio de sufragios. En general, las construcciones de los AHI son frágiles, ya que se encuentran en suelos poco aptos para el uso habitacional. Por su cercanía con las orillas de los canales con agua de dudosa calidad, la falta de instalaciones sanitarias adecuadas y de suministro de agua para uso y consumo humano, en los AHI se potencian condiciones de vulnerabilidad social que derivan en enfermedades crónicas en adultos mayores, falta de espacios educativos para la población infantil y juvenil, entre otros. A esta situación se le suman, también, problemas derivados de la desarticulación institucional, políticas públicas que sólo atienden demandas puntuales e inmediatas, y corrupción.

Xochimilco y la situación post-sismo

El sistema socio-ecológico de Xochimilco presenta una alta vulnerabilidad social y biofísica que está relacionada con procesos de urbanización, erosión del tejido social, activismo político y sobreexplotación de los recursos, entre otros. Debido a esto, la capacidad para responder ante fenómenos naturales como el sismo ocurrido en septiembre de 2017 se ha visto afectada. Por esta razón, es importante replantear el enfoque de los proyectos de recuperación, de la implementación de políticas públicas y de la investigación científica. Estos enfoques deben orientarse a concretar transformaciones en el sitio que incluyan una visión a largo plazo, de modo que se le permita al sistema responder mejor ante condiciones futuras de estrés, manteniendo su funcionamiento en un contexto de sostenibilidad.

Xochimilco04Chinampa transformada para uso de suelo habitacional, en el Barrio de La Santísima. Agosto de 2012. Fotografía: Patricia Pérez Belmont.

     La Asociación REDES (Restauración Ecológica y Desarrollo A.C.) ha trabajado desde hace 10 años, junto con productores chinamperos, en la conservación de la región mediante la reactivación de la chinampería bajo esquemas agroecológicos. Al observar los impactos del sismo en las chinampas, REDES apoyó en las tareas de recuperación para los afectados del sismo y realizó una encuesta con el apoyo del grupo de Monitoreo Ambiental del LANCIS-IE-UNAM (coordinado por la Dra. Marisa Mazari), de la Unidad de Análisis Ambiental (coordinado por C. Ponce de León, Facultad de Ciencias, UNAM) y de grupos voluntarios (www.xochimilkids.com y www.natoure.org). La finalidad de esta encuesta fue identificar los daños causados por el sismo y profundizar tanto en el análisis como en la propuesta de acciones para recuperar la zona, por lo que se aplicaron cuestionarios a 200 familias que habitan en chinampas dentro del Suelo de Conservación. Entre los resultados que destacan se encuentra el hecho de que la mitad de las familias no realizan actividades relacionadas con la agricultura o las chinampas, y que la mitad mencionaron estar dispuestas a cambiar su lugar de vivienda a sitios fuera de las chinampas, en caso de presentarse la oportunidad. Aunque la encuesta se realizó únicamente a habitantes de la zona chinampera de San Gregorio Atlapulco, reveló que las familias se perciben en una situación de evidente vulnerabilidad, al punto de mostrarse dispuestas a migrar fuera del Suelo de Conservación. Esta nueva percepción de las familias podría ser una ventana de oportunidad para atender la problemática derivada de la presencia de asentamientos humanos dentro del ANP.

     Pueblos como el de San Gregorio Atlapulco recibieron mucho apoyo de la ciudadanía durante los días inmediatos al sismo, principalmente con acopios de alimento, agua, ropa y algunos materiales para la reconstrucción. Con la inminente necesidad de vivienda para las familias que perdieron su casa durante el sismo o que la tuvieron que demoler por el riesgo que representaban, comenzaron algunas tareas de reconstrucción de viviendas, sin importar que éstas se encontraran dentro del ANP, en donde el uso de suelo habitacional está prohibido. La reconstrucción en suelo chinampero ha continuado sin ninguna planeación aparente y resultó en una controversia ya que, por un lado, es indispensable proveer de vivienda a las personas afectadas y, por otro, existe la condición de ilegalidad de la construcción de viviendas dentro de la ANP. Para evitar un impacto ecológico mayor, se instalaron algunas viviendas “ecológicas” construidas con materiales de bajo impacto como la tabla-roca, pero que en general no son aptas para las condiciones climáticas de la región y no contaron con un equipamiento adecuado en cuanto a los servicios básicos de vivienda. Otras casas incluso se reconstruyeron utilizando nuevamente materiales diseñados para suelos urbanos, como el concreto.

     A raíz de esta reconstrucción han surgido muchas preguntas. ¿Es correcto permitir y propiciar que las familias se queden dentro de un área de conservación, que además es de alta vulnerabilidad física, como lo confirmó el reciente sismo?, ¿se debe permitir la reconstrucción con casas “ecológicas” que provean de cobijo sin comodidades, pero cuyo impacto al ecosistema sea menor?, o bien, ¿lo correcto es reubicar de manera planificada para ofrecer calidad de vida y al mismo tiempo preservar las últimas hectáreas que constituyen un patrimonio natural, cultural y agrícola de todos los mexicanos?, ¿cómo plantear este tipo de intervenciones sin generar conflictos sociales?

     Es claro que al reemplazar las viviendas de las chinampas la urbanización de las mismas continuará irremediablemente, y en el caso de que eventualmente se permita de manera legal la vivienda dentro o en los límites del ANP de Xochimilco, deben considerarse una serie de lineamientos que se adapten a las características del sitio. Responder a estas preguntas no es sencillo, pero es importante que en la búsqueda de las respuestas se consideren nuevas formas de intervención y nuevas conceptualizaciones de cómo lidiar con esta compleja problemática.

Hacia la sostenibilidad en Xochimilco; investigaciones en el LANCIS

Si bien la zona ha sido ampliamente estudiada desde diversas disciplinas y esto ha dado como resultado numerosos diagnósticos y esfuerzos enfocados hacia el manejo, control e intervenciones, la tendencia del sistema socio-ecológico hacia el deterioro continúa aceleradamente. La situación actual del Xochimilco periurbano ilustra las características de lo que en sostenibilidad se denomina un problema perverso; es decir, es un problema complejo y urgente que no posee una solución única ni directa. No obstante, también es un espacio donde se pueden identificar oportunidades para trabajar de diferentes maneras y contribuir a procesos de cambio más profundos.

Xochimilco05Grieta en suelo y viviendas de la zona chinampera de San Gregorio Atlapulco. Septiembre 22, 2017. Fotografía: Marisa Mazari Hiriart.

     El enfoque del programa de investigación Transformaciones hacia la Sostenibilidad (en inglés, Transformations to Sustainability) explora cómo en los sistemas socio-ecológicos con trayectorias no sostenibles, se pueden analizar y diseñar procesos que impulsen cambios más radicales o profundos hacia estados deseables y más sostenibles. En 2012 en un artículo publicado en Progress in Human Geography, Karen O’Brien los caracterizó como “cambios no incrementales que involucran modificaciones fundamentales en los sistemas socio-ecológicos”. Un elemento esencial de las transformaciones hacia la sostenibilidad es el trabajo a nivel cognitivo; es decir, con la forma en la que la gente percibe y concibe la situación y los factores que la generan. Mientras los diversos actores implicados (aquellos que tienen interés y atribución en la zona) sigan conceptualizando la problemática de la misma forma, será difícil proponer acciones e instituir prácticas innovadoras que logren romper la inercia del statu quo (el estado actual de las cosas) y las tendencias de degradación socio-ecológica.

     En el futuro es necesario diseñar e implementar procesos participativos, mediante los cuales se fomente una nueva manera de explorar las diferentes formas de relación entre los actores sociales del sistema; desde cómo perciben su papel y su forma de actuar dentro del sistema socio-ecológico, hasta cómo conciben las relaciones causales entre los componentes de dicho sistema: la sociedad y su medio ambiente. Por ejemplo, si la urbanización se sigue percibiendo como un motor de cambio que viene únicamente del exterior, y por lo tanto es ajeno a cualquier transformación interna en la zona, las acciones colectivas que puedan desarrollarse para lograr el bienestar de las comunidades del sistema socio-ecológicos tendrán poco impacto.

     En el Laboratorio Nacional de Ciencias de la Sostenibilidad (LANCIS) del Instituto de Ecología de la UNAM, estamos realizando investigaciones que utilizan el enfoque de transformaciones hacia la sostenibilidad para impulsar el desarrollo sostenible del sistema socio-ecológico de Xochimilco. Uno de los proyectos en esta línea de investigación es el Laboratorio de Transformación en Xochimilco, Ciudad de México (T-Lab - Laboratorio de Transformación) en el humedal de Xochimilco. El proyecto busca crear un espacio de participación, para entender cómo es que determinados actores clave para Xochimilco podrían impulsar procesos de transformación al identificar su agencia individual; es decir, su propia capacidad como individuos, para actuar y movilizar conocimientos, valores, colaboraciones, experiencias, o mecanismos de participación humana de cualquier índole, y de este modo construir una posible futura agencia colectiva; es decir, que la agencia individual se convierta en un esfuerzo colectivo articulado. A través de métodos transdisciplinarios que tratan de incluir a actores no académicos en el proceso de la investigación científica (ver Sistemas productivos: microorganismos, suelos y sostenibilidad en Oikos= 18), el proyecto T-Lab intenta fomentar en los actores la reconceptualización de la problemática de Xochimilco como una situación que, al final, sumada a algunos eventos detonantes como el sismo, ha propiciado la colaboración entre algunos de los participantes implicados, para llevar a cabo tareas de forma colectiva.

     Otro de los proyectos del LANCIS aborda el tema del impacto del cambio de uso de suelo, y la urbanización de las chinampas en el sistema socio-ecológico de Xochimilco. El proyecto se basa en la elaboración de un modelo que incorpora el papel que juegan los actores locales. Para ello se utiliza la Modelación Basada en Agentes, que consiste en simulaciones por computadora en las que el investigador define a los agentes (actores locales), que interactúan en un espacio (que puede representar espacialmente al sistema socio-ecológico) con base en una serie de reglas de decisión. Con esta metodología es posible estimar los cambios en los patrones de comportamiento en el tiempo, tanto de los agentes como del espacio, a nivel individual y colectivo. Este método de investigación permite entender cómo los actores locales y sus decisiones individuales pueden llevar a un proceso colectivo de transformación, que resulta en un cambio en el paisaje, que en este caso se refiere al cambio de chinampas agrícolas a chinampas urbanizadas. De esta manera no sólo se entienden las dinámicas del sistema socio-ecológico a través de las diversas acciones colectivas, sino que también es posible explorar procesos hipotéticos que podrían detonar cambios en la trayectoria del mismo sistema hacia estados más deseables y sostenibles.

     Para abordar este tipo de problemáticas tan arraigadas y complejas se requiere experimentar con diversos enfoques teórico-metodológicos. Por ejemplo, en 2008 la Procuraduría Ambiental y del Ordenamiento Territorial del Distrito Federal (PAOT) estimó que el crecimiento poblacional de la Delegación Xochimilco llegará al medio millón de habitantes en 2030. Si consideramos los retos futuros que esto implicaría, es fundamental promover el trabajo transdisciplinario para implementar decisiones social y ambientalmente éticas que permitan el tránsito hacia la sostenibilidad.

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