El concepto ecológico de nicho describe, de forma general, el rango de condiciones ambientales, físicas y bióticas, en las cuales una especie, o más precisamente, una población local, puede vivir y perpetuarse exitosamente. Para referirnos al nicho de las especies frecuentemente hacemos énfasis en una o dos variables del ambiente, como las condiciones, el hábitat o los recursos que usan los organismos para su existencia. Estas variables del nicho ayudan a explicar el principio de exclusión competitiva: dos especies que compitan por los mismos recursos no pueden coexistir localmente a menos que ocupen nichos distintos. Por tanto, especies ecológicamente idénticas no pueden vivir en la misma región a menos que se diferencien ecológicamente, o una de ellas se extinga. En la figura se ilustra un recurso en un gradiente de variación a lo largo del eje de las x (una sola dimensión), y diferentes especies (curvas A, B, C, y D) que usan fracciones de ese espectro de recurso. Si las curvas de dos especies se solapan de forma marcada, por ejemplo, el caso de C y D, no es posible la coexistencia. Entonces, se predice que una de las especies se extinguirá o el nicho divergirá, lo que quiere decir que una de las especies aprovechará el recurso de manera diferente o acabará viviendo en condiciones diferentes. Sin embargo, los ecólogos se preguntan, para el caso simple de un recurso, ¿cuántas especies pueden “empacarse” a nivel local, es decir que coexistan en un sitio de forma estable? ¿cuál es el límite en similitud ecológica posible entre especies en una comunidad? En el caso del ejemplo que aquí ilustramos, nichos de una dimensión, parecería inexplicable la existencia de las selvas tropicales, con cientos de especies arbóreas por hectárea.

Tuxtlas Nicho