El tequila y el murciélago: ¡todos somos Leptonycteris!

Roberto Trejo, Luis E. Eguiarte y Rodrigo A. Medellín

05Fig01Leptonycteris yerbabuenae polinizando la flor de una cactácea columnar, de la especie Pachycereus pringlei. Esta planta es endémica de Baja California, Baja California Sur y Sonora, México. Fotografía: Marco Tschapka.¿Quién no disfruta una copa de un buen tequila? ¡Eso ni se discute! Pero lo que poca gente sabe es que le debemos el tequila, el bacanora y el mezcal al trabajo paciente y nocturno de un murciélago: el murciélago magueyero, en latín Leptonycteris, que durante millones de años ha ido seleccionando cuidadosamente los mejores agaves para que produzcan más y mejor néctar, del que luego él se alimenta. Esta selección ha llevado a la evolución de una gran diversidad de especies de agaves, plantas únicas en el mundo, que posteriormente los mexicanos hemos aprendido a utilizar, entre otras cosas, para producir mezcales (ver Agave, mezcal tradicional, cultura y diversidad) y tequilas. Desafortunadamente, en la actualidad las poblaciones de los diferentes murciélagos nectarívoros se encuentran amenazadas, y debemos hacer lo posible para protegerlas; así aseguramos, a largo plazo, el bienestar de los agaves comerciales. Para entender esta historia, debemos conocer un poco sobre la biología y más específicamente sobre la ecología de los murciélagos, es decir sus relaciones con otras especies y con las condiciones ambientales que los rodean.

Los misteriosos murciélagos

De todos los organismos que habitan la Tierra, indudablemente los murciélagos representan uno de los grupos más misteriosos, diversos, interesantes y, ya que uno los conoce más, fascinantes. Los murciélagos son los únicos mamíferos voladores de nuestro planeta, y lo han habitado durante más de 50 millones de años. A partir de su origen se han diversificado en sus formas corporales y hábitos alimenticios, y han colonizado casi todos los ecosistemas de la Tierra. Actualmente los científicos reconocen más de 1,300 especies de estos mamíferos.

05Fig02Leptonycteris yerbabuenae habitando una cueva de Bahía Kino, Sonora. Fotografía: Marco Tschapka.     Durante el día podemos encontrarlos en cuevas o refugios similares; en cavidades y hoyos en los árboles, e incluso debajo de las hojas o bajo la corteza de los árboles, en bajo-puentes y en casas y construcciones abandonadas o poco utilizadas, incluyendo pirámides e iglesias. Durante la noche, los murciélagos salen de sus refugios y se alimentan. La mayoría de las especies comen insectos, pero hay otras que se alimentan principal o únicamente de néctar y polen, de frutas, o de semillas; otros son carnívoros y comen ranas, peces y pequeños mamíferos. Por último, debemos mencionar un pequeño grupo de sólo tres especies, que se alimentan de sangre de mamíferos o de aves; éstos son los verdaderos vampiros.

     Por desgracia, los murciélagos son muy vulnerables a las actividades humanas, ya que es fácil destruir sus refugios y son muy frágiles ante la toxicidad de los insecticidas usados en cultivos; en otros casos son agredidos directamente por la gente, ya que les temen y acaban con ellos al confundirlos con los vampiros. Además, en años recientes se ha prestado mucha atención a los murciélagos porque se cree erróneamente que son vectores de muchas enfermedades letales como el Ébola en África (los vectores son, según la Organización Mundial de la Salud, “organismos vivos que pueden transmitir enfermedades infecciosas entre personas, o de animales a personas”). Merlin D. Tuttle, en su artículo Give Bats a Break, demuestra que los artículos científicos que los acusan de ser vectores de Ébola, MERS, Henipa y otros virus contienen serias especulaciones y exageraciones infundadas.

05Fig03Leptonycteris yerbabuenae polinizando una flor del género Cleome. Fotografía: Marco Tschapka.     Por otra parte, las actividades humanas afectan a todos los ecosistemas (por ejemplo: desiertos, selvas, pastizales, bosques, humedales y cuevas), y en muchos casos lo hacen de manera negativa: los contaminan y destruyen, con lo cual contribuyen al calentamiento global y a la disminución o pérdida de especies y, a mayor escala, a la pérdida de los servicios que brindan los ecosistemas naturales que se sostienen gracias a las interacciones entre los organismos (animales, microorganismos, hongos y plantas) y su ambiente. Entre las diversas actividades humanas que alteran los ecosistemas, destaca el cambio del uso de suelo de zonas naturales para uso agrícola y ganadero y para la construcción de infraestructura urbana.

     Se considera que un ecosistema es saludable cuando se mantiene funcionando y cuando, desde el punto de vista humano, puede ser valorado por los servicios que provee, conocidos como servicios ecosistémicos (ver Es posible vivir con diferentes tipos de transporte. Pero no podemos vivir sin comer). Entre los servicios ecosistémicos que puede proporcionar un ecosistema boscoso, por ejemplo, están la purificación del agua y aire, la estabilización de suelos, la mitigación de enfermedades e inundaciones y la regulación del clima. En este sentido, los murciélagos son especialmente importantes en muchos ecosistemas, porque contribuyen a regular las poblaciones de insectos (lo cual es particularmente relevante cuando se trata de insectos nocivos) y por el servicio de polinización y dispersión de semillas que llevan a cabo.

     La polinización es uno de los servicios ecosistémicos más importantes que brindan los murciélagos de zonas tropicales y subtropicales. Estos murciélagos polinívoros (o nectarívoros) son polinizadores notables, ya que pueden visitar flores en distintas localidades y transportar el polen a grandes distancias —hasta unos 90 kilómetros— polinizando de manera muy eficiente a las plantas, entre ellas los magueyes y plantas que sirven para producir todo tipo de mezcales (cualquier derivado fermentado de agave) y pulque. Además, los murciélagos polinizan a la mayoría de las cactáceas columnares de México, y a árboles mexicanos tan característicos y representativos como las ceibas, los pochotes (el árbol sagrado de muchos pueblos mesoamericanos) y los cazahuates (varias especies de Ipomoea), entre otros.

Agaves para beber

En el continente americano viven 38 especies de murciélagos nectarívoros, y 12 de estas especies las podemos encontrar en México. Una de las más importantes es el Leptonycteris yerbabuenae, un murciélago nectarívoro conocido como murciélago magueyero. Éste es un interesante animal que forma colonias que pueden albergar hasta 200,000 mil individuos en un mismo refugio. Es muy eficiente al visitar las flores y polinizarlas gracias a sus adaptaciones morfológicas y fisiológicas, y en nuestro país casi siempre se le encuentra asociado a las floraciones de los agaves y cactáceas columnares.

05Fig04Jimador en un campo de agave de la especie Agave tequilana Weber var. azul. Fotografía: David Suro.     México cuenta con la mayor diversidad de especies del género Agave en el mundo; de 200 especies, el 75% son nativas del país y el 69% son endémicas (sólo se encuentran en México, no crecen de manera natural en ningún otro lado del mundo). La diversidad de los agaves corresponde con lo que se conoce como una radiación adaptativa, generada por su co-evolución —un tipo de evolución en la que dos especies van cambiando de forma paralela por selección natural recíproca— con el murciélago magueyero (ver The Evolution of Bat Pollination: a Phylogenetic Perspective). En el estudio Pollination Biology and Adaptive Radiation Of Agavaceae, With Special Emphasis On The Genus Agave demostramos que los dos grupos surgieron y evolucionaron al mismo tiempo y que, con el paso del tiempo, los murciélagos fueron seleccionando activamente las plantas que producían más néctar, más flores e inflorescencias más altas. Los agaves gastan tanta energía en reproducirse que por eso se mueren después de producir sus flores y semillas; ¡de agotamiento sexual! Toda esta energía se almacena en las cabezas o piñas de los agaves justo antes de la floración, y estos recursos, en especial los azúcares de la savia, son los que usamos como materia prima para producir las bebidas emblemáticas de México en el mundo: el tequila, el mezcal y el pulque (para saber más acerca de estos procesos, ver los artículos Agave, mezcal tradicional, cultura y diversidad y De dioses a hipsters: el resurgimiento del pulque, una moda de antigua tradición).

     Indudablemente, una de las especies más importantes del género Agave es el famoso Agave tequilana Weber var. azul, a partir del cual se produce el tequila. Para llevar a cabo el proceso de destilación tanto del tequila como del mezcal, las plantas se cosechan antes de que se produzca la floración. Esta práctica busca aprovechar al máximo los azúcares que el agave ha acumulado durante varios años, pero impide que los murciélagos puedan consumir el néctar y que transporten el polen de una planta a otra. Para replantar sus campos, los productores usan los hijuelos, plantas clonales que crecen en la base de plantas adultas, pero que son copias genéticas exactas de la planta madre. El hecho de que se impida la polinización y se usen hijuelos para repoblar los campos de agaves tequileros y mezcaleros ha provocado que los cultivos sean cada vez más vulnerables al ataque de enfermedades, ya que ahora las poblaciones de A. tequilana Weber var. azul tienen poca variación genética —son básicamente un gran clon—. Esto las hace susceptibles a los ataques de insectos y a sufrir infecciones como las causadas por la bacteria Erwinia y el hongo Fusarium de la enfermedad “Tristeza y Muerte” del agave.

     Según el Consejo Regulador del Tequila, para el año 2015, se produjeron poco más de 228 millones de litros de esta bebida. Para producir tal cantidad se requirió cortar casi 789 mil toneladas de cabezas de A. tequilana Weber var. azul. Estas exportaciones produjeron una ganancia de unos 1.1 miles de millones de dólares, y en el mercado nacional 13,900 millones de pesos. Y, como ya mencionamos, el tequila no es el único producto derivado de los agaves; a partir de otras especies o variedades se obtiene pulque, mezcal y bacanora, entre otros. Sumado a esto, cada vez se produce, exporta y consume más mezcal en México y en todo el mundo. Por si fuera poco, hay algunas localidades de México en las que, además de usarlos para producir bebidas, los agaves se explotan para producir fibras y sus hojas se usan para cocinar barbacoa y mixiotes, entre otros usos culinarios.

Bebidas amigables con los murciélagos

05Fig05Jimador sosteniendo una cabeza de agave lista para entrar al proceso de producción. Fotografía: David Suro.Los murciélagos son tan importantes para los agaves, que la enorme riqueza que estas plantas generan se la debemos a estos animalitos que han sido y siguen siendo una gran fuerza de selección evolutiva. Así que, ¿acaso no podríamos destinar una fracción minúscula de los recursos generados por esta industria para el estudio y conservación de los polinizadores de los agaves? Para lograr esto y por el bien del capital natural de México y de las industrias que explotan estas plantas, se necesita urgentemente dedicar esfuerzos a la conservación de los agaves silvestres, muchos de los cuales aún se utilizan para producir mezcal. Una propuesta modesta es que los productores dejen que florezca un pequeño porcentaje de las plantas que cultivan, para que éstas proporcionen néctar a las poblaciones de murciélagos magueyeros. De esa manera se podrá mantener la variación genética de las poblaciones de agaves, y éstos producirán suficientes semillas para que las poblaciones futuras logren regenerarse de forma natural. Para subsistir, cada murciélago necesita visitar cientos de flores cada noche, y las colonias del murciélago magueyero pueden estar compuestas por muchos miles de individuos, así que es inimaginable la cantidad de flores que una colonia de estos murciélagos nectarívoros puede visitar y, potencialmente, polinizar. Todos estos murciélagos necesitan muchísimas flores para alimentarse cada noche.

05Fig06Etiquetas con holograma del logotipo del proyecto Bat Friendly© del Instituto de Ecología y el Tequila Interchange Project. Imagen cortesía de Rodrigo Medellín.

     La propuesta de nuestro programa de tequilas y mezcales Bat FriendlyMR es que, de cada 20 agaves que se utilizan, ya sea que provengan de poblaciones silvestres o de cultivos, se deje una inflorescencia sin cortar para que produzca sus flores y néctar de manera natural. Además, sugerimos que el 0.1% de las ganancias netas derivadas de estas bebidas se invierta en el estudio de los agaves y sus polinizadores y en la conservación de las poblaciones silvestres de ambos grupos: magueyes y murciélagos. Hoy el proyecto Bat FriendlyMR cuenta con la participación de varios productores de Jalisco y de Michoacán, que han asumido la responsabilidad y el compromiso de cuidar a los murciélagos para así proteger a los agaves, y también de embotelladores y bartenders de Filadelfia, San Antonio, Washington, D. C., Nueva York, y muchos otros sitios que, enterados de la importancia de los murciélagos para la industria, promueven esta información entre sus clientes.

     Esta modesta inversión en plantas y recursos económicos va a evitar, a la larga, que la industria se vea afectada por los problemas que algunos productores ya empiezan a tener a causa de la baja variación genética de las plantas productoras de tequila. Ésta no es la primera vez que surge un problema de esta naturaleza en un monocultivo propagado a partir de clones y asociado a una planta productora de bebidas alcohólicas; algo semejante sucedió en Europa a finales del siglo XIX con las vides y la filoxera; si bien esta enfermedad importada de América atacó tanto a vides silvestres como cultivadas, la baja variación genética de los monocultivos contribuyó a la propagación de la epidemia, que acabó con una enorme cantidad de plantas. La filoxera prácticamente acabó con el cultivo de la uva en Europa, con un costo humano y económico brutal. De igual manera sucedió durante la gran hambruna de Irlanda, entre 1845 y 1849, cuando millones de personas murieron, debido a la pérdida de cultivos de papa cuya variación genética era muy baja en esos tiempos.

     Así que cuando pidan un mezcal o un tequila, pregunten por las marcas que portan el distintivo Bat FriendlyMR. Los murciélagos, los agaves, y su propio paladar, se los agradecerá.

Para saber más

  • Arizmendi, M. C., A. Valiente-Banuet, A. Rojas-Martínez y P. Dávila-Aranda. 2002. Columnar Cacti and the Diets of Nectar-Feeding Bats. En: Fleming, T. H y A. Valiente-Banuet. Edit. 2002. Columnar Cacti and Their Mutualists: Evolution, Ecology, and Conservation. The University of Arizona Press. Tucson USA.
  • Medellín, R.A. y C. Equihua Z. 20. Celebración del murciélago. Revista ¿Cómo ves? 159: 10-14. http://www.comoves.unam.mx/assets/revista/159/celebracion-del-murcielago.pdf.
  • Small, E. y P. M. Catling. 2002. Blossoming Treasures of Biodiversity 6. Agave - Are We Running out of Tequila? Biodiversity 3:3 47-48. DOI: 10.1080/14888386.2002.9712610.
  • Zizumbo-Villarreal, D., O. Vargas-Ponce, J.J. Rosales-Adame y P. Colunga-García Marín. 2013. Sustainability of the Traditional Management of Agave Genetic Resources in the Elaboration of Mezcal and Tequila Spirits in Western Mexico. Genetic Resources and Crop Evolution 60: 33–47. DOI 10.1007/s10722-012-9812-z.