Shiara K. González-Padrón

—¿Y tú qué haces?
— Estudio un doctorado en Ciencias de la Sostenibilidad.
Mi respuesta siempre resulta un poco desconcertante. Regularmente, mi interlocutor se queda con un gesto de duda y, justificadamente, sin la menor idea de lo que implica, por lo que viene la segunda pregunta:
—Y eso… ¿de qué se trata?
Y continúo:
—Trabajo con comunidades indígenas en la Sierra Huichol, al norte de Jalisco, frontera con Nayarit, tratando de entender procesos de cambio.
Y es que, como dice Mercedes Sosa: “Cambia, todo cambia”.

Victoria fue muy clara cuando me dijo:
“Ven a ver a María antes de la luz del amanecer”.

Los problemas actuales que amenazan la viabilidad de las sociedades humanas y del medio ambiente son cada vez más complejos y de mayor escala. Encontrar los caminos que llevan a la sostenibilidad ambiental, al bienestar humano y a la vez a la justicia social, se ha convertido en uno de los mayores retos a los que nos enfrentamos hoy en día. Abordar la incertidumbre y complejidad está más allá del alcance de cualquier disciplina, por lo que se necesita un enfoque más inclusivo y sistémico.

     Uno de los principales compromisos que emanan de las ciencias de la sostenibilidad es el de abrazar la complejidad y buscar la equidad intergeneracional que permita satisfacer las necesidades actuales (y vaya que habría que redefinir eso que llamamos “necesidades”) sin comprometer las capacidades de futuras generaciones para satisfacer las mismas. Para esto es indispensable entender a mayor profundidad los cambios e interacciones que están ocurriendo dentro de los sistemas socio-ecológicos.

Aún no sale el sol.
Llevamos más de cuatro días sin luz,
se fue en una noche de tormenta y no ha regresado,
por ahí dicen que ya debe andar muy lejos de aquí.

En el contexto de un país en desarrollo, multicultural, megadiverso y cambiante como México, donde la complejidad es evidente, los elementos del sistema no son separables y, por lo tanto, no pueden estudiarse aisladamente.

     México es el segundo país con mayor población de la región Latinoamericana y del Caribe (LAC) después de Brasil. Es uno de los cinco países con mayor diversidad biológica, y a la par se ubica dentro de los diez países con mayor diversidad cultural del mundo. Lamentablemente, tanto en materia de la conservación de la biodiversidad, como del entendimiento y valoración de su diversidad cultural, aún hay un gran camino por recorrer. Actualmente, el 79.3% de la población indígena en México vive en condiciones de pobreza o pobreza extrema, y las comunidades wixáritari —a veces llamadas huicholes— que se localizan en la Sierra Madre Occidental no están ajenas a esta realidad.

Me tocó levantarme temprano para lo que se podría llamar una “cita médica” en la Sierra Wixarika,
aquí todo es diferente a lo que acostumbramos

Los wixáritari son reconocidos como unos de los grupos indígenas mesoamericanos que mantienen parte de su autonomía y cosmovisión a pesar de los cambios de la pujante modernidad actual. La mayor parte del pueblo wixárika habita en la Sierra Madre Occidental, en los municipios de Mezquitic, Jalisco y el Nayar, Nayarit, catalogados por la Secretaría de Desarrollo Social (SEDESOL hoy Secretaría de Bienestar) como municipios con muy alto grado de marginación.

     La mayor parte del pueblo wixárika vive en comunidades de menos de 500 habitantes, compuestas por rancherías de alrededor de 50 personas, aunque los programas asistenciales actuales y la infraestructura (como caminos, escuelas y electricidad) están atrayendo a cada vez más personas a las cabeceras comunitarias. Estas comunidades viven principalmente en zonas boscosas de pino-encino, subsistiendo de la agricultura de temporal (maíz, frijol y calabaza) para autoconsumo, la ganadería a pequeña escala y la creación y venta de artesanías. El relieve montañoso, aislamiento geográfico y su dispersión en el territorio dificultan el acceso a servicios básicos como atención médica, agua potable y drenaje. 

Caminé aún a oscuras a su encuentro, me acerqué al fuego y vi a María, descalza,
se me acercó con sus canas blancas y arrugas en la cara…
quién sabe cuántas fogatas hayan visto esos ojos cansados.

Wixarika01Hace ocho años, en mi primera visita a México, tuve la dicha de asistir al primer viaje de trabajo de un proyecto llamado Ha Ta Tukari “Agua Nuestra Vida”. Este proyecto lo lleva a cabo una alianza de asociaciones no gubernamentales (Isla UrbanaProyecto ConcentrArteDesarrollo Rural Sustentable Lu’um e IRRI México). Dentro de sus muchas actividades, Ha Ta Tukari ha estado instalando Sistemas de Captación de Agua de Lluvia (SCALL) en los hogares de las comunidades La Cebolleta y La Laguna, donde el acceso al agua potable es muy limitado. Sin los sistemas SCALL las mujeres y los niños, los principales encargados del abastecimiento de agua en el hogar por acarreo, deben caminar en promedio dos horas al día para obtener menos de 15 litros que utilizarán para su consumo diario.

Me quedé parada mientras ella se movía de un lado para el otro,
se lavó la cara, miró el tejuino (fermentado de maíz), atizó el fuego.
Yo sólo miraba el fuego con la sensación de estar en otra realidad.

La instalación de estos sistemas, sumado a programas educativos para la adopción a través de la educación ambiental y el trabajo con mujeres artesanas, busca mejorar no sólo el acceso y la calidad del agua de consumo, sino también la salud y el bienestar de estas comunidades. 

Se me acercó, me preguntó si estaba enferma,
como pudo pues casi no habla español, le señalé mi panza.

Wixarika02Ocho años no son nada para entender a profundidad una cultura como la wixárika, pero sí es suficiente tiempo para entender la relevancia de conocer el contexto del sistema que se quiere investigar. En mi estudio, como alumna del posgrado en Ciencias de la Sostenibilidad, utilizo metodologías mixtas (cualitativas y cuantitativas) para entender los procesos de cambio que han ocurrido tanto a nivel comunidad como dentro del hogar. Para esto, y gracias a la colaboración del médico de la comunidad el Dr. Claudio Alejando, analicé datos de casos de enfermedades diarreicas en los ultimos años y se observa una disminucíon significativa del número de casos ocurridos a partir del 2014, que coincidió con la instalación de los primeros sistemas de captación de agua de lluvia hasta el 2017. Por otro lado realicé un análisis de calidad de agua dentro del hogar en dos temporadas (secas y lluvias) y estoy en el proceso de analizar las muestras del agua de consumo en el hogar (sea de los SCALL o de otras fuentes de agua) y mis resultados preliminares muestran que la calidad del agua de los SCALL son de mejor calidad. Sumado a esto, se llevaron a cabo talleres (por ejemplo véase el sitio Steps Center: Pathways to sustainability y entrevistas semi-estructuradas con herramientas diseñadas para lograr un entendimeinto verbal y visual, evitando la exclusión de personas que no hablan español. Mi experienca confirma que cuando las metodologías se diseñan con conocimiento y sensibilidad al contexto es posible obtener información real y confiable de las comunidades en las que se lleva a cabo investigación, particularmente para la sostenibilidad.

María acercó su cara a mi panza y absorbió.
Se paró y escupió en su mano izquierda, con la derecha quitó la saliva y la tiró por la puerta abierta,
y me mostró su palma izquierda diciendo “una piegra”.

Wixarika03Si bien esta investigación no es antropologica, estos años de trabajo de campo me han permitido asistir con la mente abierta a la “cita médica” con María y al hikuri neixa (danza del peyote), con lo que he logrado profundizar en las relaciones personales y ver muy de cerca lo que sucede en estas comunidades indígenas. Cambios en los patrones de precipitación, el surgimiento de plagas, la pérdida de suelos productivos, el lento proceso de desertificación y el agotamiento de las fuentes de agua son algunos de los cambios biofísicos que están ocurriendo y que afectan a las personas que viven en La Laguna y La Cebolleta. Sumado a éstos, están los cambios que ocurren como consecuencia de lo que llamamos “desarrollo”; por ejemplo, la construcción de carreteras y escuelas, la llegada de la electricidad e incluso la llegada de proyectos desde el sector no gubernamental, como Ha Ta Tukari. Específicamente, y tomando en cuenta la relación de estas familias, particularmente mujeres, con el recurso del agua, he encontrado evidencia de que a partir del uso de SCALL en el hogar, las mujeres perciben mejoras en el acceso a agua en cantidad (en número de litros por persona al día) y calidad (coloración y sabor) y disminuye el tiempo que dedican al acarreo.

     Uno de los hallazgos interesantes hasta ahora fue que la percepción de los cambios en aspectos de salud (enfermedades gastrointestinales) no están asociadas con los cambios a la cantidad y calidad de agua. La percepción de los wixáritari de la ocurrencia de enfermedades y otras calamidades son asociadas a castigos por no cumplir con “el costumbre”, lo que representa un ejemplo claro de cómo la complejidad del contexto es esencial en cualquier trabajo que busque entender interacciones dentro de sistemas socio-ecológicos. Y, como en cualquier investigación que aborda problemas complejos, me surgen más preguntas a medida que voy profundizando en el entendimiento de este sistema: ¿cuáles son las consecuencias de lo que llamamos “desarrollo” en este contexto?, ¿hasta qué punto queremos generar cambios profundos en los aspectos culturales de comunidades indígenas?, ¿cuáles son los caminos que llevarían a estas comunidades a transitar hacia un estado más sostenible y a ser menos vulnerables en un contexto de cambio global?

Para saber más