Thalita Fernanda Abbruzzini, Ulises Salazar Cabrera, Enrique Solís Villalpando, Gladys Zerquera Balbuena, Julia Carabias y Julio Campo

A medida que los efectos nocivos del cambio climático se han intensificado, el público ha volteado a ver a la carne como la culpable. Cada día más gente aboga por comer menos carne para ayudar a salvar el ambiente y mejorar la salud personal. Algunos movimientos activistas proponen incluso establecer un impuesto para reducir su consumo. El informe La larga sombra del ganado: problemas ambientales y opciones, publicado en 2006 por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), atrajo la atención internacional porque en él se afirmaba que la ganadería era responsable de 18% de los gases con efecto de invernadero (GEI) producidos en todo el planeta y que generaba más GEI que todos los tipos de transporte juntos. Sin embargo, esta última afirmación es errónea, ya que los investigadores del estudio de la FAO analizaron el ciclo de vida para estudiar el impacto climático de la crianza del ganado, y en cambio para el transporte emplearon un método basado únicamente en las emisiones directas. Si bien el error ha sido reconocido por el propio organismo internacional, la persistencia de la idea ha llevado a suposiciones inexactas en relación con el consumo de carne y el cambio climático que, al día de hoy, aún permean en la opinión pública.

     La ganadería extensiva es indiscutiblemente la causa principal del cambio en el uso de la tierra y la pérdida de la biodiversidad a escala global, pero la información acerca de su impacto en otros componentes ecosistémicos, como el suelo, es aún contradictoria. Numerosos estudios han demostrado que la ganadería tiene impactos negativos en las reservas de carbono y los nutrientes del suelo. Sin embargo, también hay estudios en los que no se detectaron cambios negativos significativos; en algunos casos incluso se ha demostrado que la ganadería tiene un impacto positivo en el almacenamiento de carbono. Ante estos datos, surge un desafío que hay que atender: alcanzar una gestión del sistema productivo tal que permita conservar la mayor capacidad de resiliencia y garantice la producción de carne con un bajo costo ambiental.

Alimentación, ecosistemas y resiliencia

01AbruzziniLos cultivos agrícolas y la ganadería son los principales responsables del cambio en el uso de la tierra y la pérdida de la biodiversidad, del cambio en el clima global, del uso de agua y de la contaminación de ecosistemas terrestres y aguas costeras debido al uso excesivo de fertilizantes con nitrógeno y con fósforo (Figura 1). Estos cambios ponen en riesgo la integridad del “Sistema Tierra” si se superan los límites de autorregulación de sus ecosistemas lo cual, obviamente, afectará negativa y drásticamente el bienestar de la humanidad.

     Sin embargo, a pesar de que se están degradando los ecosistemas del planeta y se está perdiendo biodiversidad para extender el área de producción de alimentos, el hambre en el mundo sigue aumentado, lo cual es paradójico. El reporte El Estado de la Seguridad Alimentaria y la Nutrición en el Mundopublicado por la FAO en 2018, señala que en 2017 alrededor de 821 millones de personas —es decir, uno de cada nueve adultos en el mundo— y más de 150 millones de niños sufren retraso del crecimiento por carencia de alimentos. Este reporte pone en duda que se pueda alcanzar el Objetivo del Desarrollo Sostenible (ODS) de erradicar el hambre (Objetivo 2). Los ODS forman parte de un acuerdo internacional pactado por los estados miembros de las Naciones Unidas para el año 2030.

     Ante esta paradójica y compleja problemática, se ha propuesto reducir los impactos ambientales de la producción de los alimentos, incluyendo cambios en las dietas, mejoras tecnológicas en los sistemas agropecuarios y reducción de la pérdida de alimentos y desperdicios. Nosotros pensamos que no hay una única forma de resolver el problema del hambre y que la aplicación de las posibles soluciones exige además, mejorar el conocimiento de la resiliencia de los sistemas agropecuarios, en particular frente a la variabilidad climática a escala global, especialmente en regiones tropicales. Es en estas regiones donde: 1. hay una mayor presión para el cambio en el uso de la tierra, como consecuencia de varios factores (una mayor demanda de alimentos debido al crecimiento de la población global, las mejoras económicas en países de economías emergentes y la transferencia de la producción desde el trópico a zonas extratropicales), 2. se concentran las mayores dificultades para el acceso a insumos como fertilizantes, plaguicidas, cuidado animal, etcétera, y 3. la brecha entre el rendimiento obtenido y el esperado es mayor.

El Proyecto Usumacinta

El Instituto de Ecología de la UNAM participa en un proyecto multidisciplinario que contribuye a generar información para la gestión sostenible de los recursos naturales y de los agroecosistemas en la cuenca del río UsumacintaEn este amplio proyecto participan 18 instituciones nacionales y cuatro extranjeras, cuyo objetivo es establecer un modelo de gestión territorial sostenibleen la cuenca del río Usumacinta y su zona marina de influencia. Dicho modelo se fundamenta en la adaptación al cambio climático y la disminución de la pérdida de la biodiversidad con acciones a corto, mediano y largo plazo.

    02Abruzzini La cuenca del río Usumacinta abarca más de 77 mil km2; de esta superficie, aproximadamente el 43% se localiza en los estados de Chiapas, Tabasco y una mínima parte en Campeche, mientras que el restante, poco más del 56%, transcurre en Guatemala. La porción mexicana de la cuenca concentra la mayor riqueza natural del país y es una de las zonas de mayor biodiversidad del planetaPor otra parte, la ganadería extensiva es una actividad recurrente en esta región; el 80% del valorde la producciónpecuaria enla cuenca se concentra en el ganado bovino, actividad que ocupa el 85% de la superficie mexicana de la cuenca, y constituye una de las principales causas del cambio de uso de la tierra (Figura 2). 

     El cambio severo en el uso del suelo y la fragmentación de la vegetación nativa en la cuenca del Usumacinta han causado la pérdida de más de la mitad de la superficie forestal en algunos estados, como es el caso de Chiapas. Según el inventario estatal de gases con efecto de invernadero , el cambio de uso del suelo y las prácticas agropecuarias son responsables del 77% de las emisiones totales del estado; la mayor parte de esas emisiones se atribuyen a las actividades ganaderas. Por ejemplo, Tabasco, durante el período de 1968 a 2000, perdió 124, 508 hectáreas de selva y otras 912, 942 de humedales debido al crecimiento de la superficie ganadera.

     Ante las crecientes amenazas para la conservación de la biodiversidad en la cuenca del río Usumacinta, se vuelve imprescindible buscar alternativas que conviertan los sistemas ganaderos extensivos en sistemas multifuncionales, es decir, que se conviertan en agroecosistemas, y con ello ofrezcan una mayor variedad de oportunidades para el desarrollo sostenible de las comunidades locales.

Ganadería en la cuenca del Usumacinta

Considerando las diferentes variantes y la gran heterogeneidad biogeoquímica de los paisajes tropicales, uno de los análisis del proyecto Usumacintatiene como objetivo diagnosticar la condición actual de los suelos en la cuenca del río, su vulnerabilidad al uso pecuario y su potencial de resiliencia al cambio climático. Para esto seleccionamos sitios bajo ganadería extensiva, con monocultivos de pasturas, en un gradiente climático de 1,855 a 2,840 mm de lluvia anual a lo largo de la parte mexicana de la cuenca del río. 

     La ganadería bovina en la cuenca de estudio se practica en suelos que son naturalmente deficientes en fósforo (ver Fósforo: la nueva arista de la crisis global ambiental en Oikos=16), nutriente esencial para la productividad de las pasturas. La situación se agrava por las frecuentes inundaciones y la pérdida de fertilidad del suelo bajo uso pecuario, con consecuencias negativas para la engorda del ganado en la región.

Diferentes pastos forrajeros para diferentes ambientes

Se ha buscado resolver los problemas que afectan la productividad de las pasturas mediante la diversificación en la selección de especies cultivadas, pero el éxito de esta estrategia ha sido limitado. Por ejemplo, en regiones más propensas a inundaciones episódicas se han implementado pasturas mejoradas como Brachiaria humidicola, una especie de origen africano resistente al encharcamiento y de buena adaptación a suelos de fertilidad media a baja, pero de baja productividad, lo que provoca, de manera alarmante, la degradación física y química de los suelos que ya mencionamos. En condiciones donde los potreros se ubican en tierras no inundables, se cultiva otro pasto del mismo género,  Brachiaria brizantha, que tiene mayor valor nutritivo, pero que requiere suelos más fértiles que permitan alcanzar un mayor rendimiento, con lo que persisten las dificultades para mantener la adecuada calidad del suelo.

     Por otra parte, en regiones más propensas a inundaciones por marejadas ciclónicas, como es el caso de los Pantanos de Centla, el cambio en el uso de la tierra ha facilitado la invasión de especies como el arrocillo (Echinochloa colona) y el zacate egipcio (Dactyloctenium aegyptium). Si bien estas especies son de potencial forrajero y se adaptan muy bien al encharcamiento e inundación y a los suelos salinos e infértiles de la región, tienen consecuencias negativas para la conservación de los ecosistemas nativos de la región, por ejemplo, el puktal o selva mediana de pukté (Bucida buceras). El riesgo es que puedan convertirse en plagas graves e inhiban el crecimiento de las especies nativas. Ello ejemplifica cómo la composición de la pastura presente en cada región, ya sea sembrada o invasora, permite hacer inferencias respecto a la calidad de los suelos, su potencial para la producción animal y la vulnerabilidad de los predios a los eventos climáticos extremos.

Los suelos de la cuenca y su problemática

03AbruzziniLa cuenca del Usumacinta se asienta en materiales geológicos que dan origen a una gran variedad de suelos con diferentes capacidades de resistir a los impactos del cambio en el uso de la tierra. El clima de gran parte de la región tiene una temperatura (~25 ) y una lluvia media anual (mayor a los 2,000 mm) elevadas, condiciones que favorecen la degradación de los suelos por lavado de bases (cationes básicos del suelo) y erosión hídrica. Al desmontar la vegetación nativa de una selva y transformarla en sistemas ganaderos extensivos  (Figura 3), se reduce el carbono y los nutrientes almacenados en los suelos y, al paso de unos pocos años, también se degradan las condiciones físicas (compactación del suelo, disminución en la infiltración del agua) y biológicas de los suelos (reducción de la diversidad microbiana del suelo), lo que disminuye la productividad de las pasturas y, por lo tanto, el rendimiento ganadero.

     La situación se agrava en aquellas zonas de la cuenca donde la ganadería extensiva se realiza en zonas con pendientes de moderadas a fuertes, donde las capas superiores más fértiles del suelo se pierden por erosión. Esta pérdida de suelo y la degradación de su fertilidad han provocado que los ganaderos abran nuevos potreros utilizando la roza, tumba y quema de los parches remanentes de vegetación nativa.

     Ante la degradación física, química y biológica de los suelos bajo uso pecuario en la cuenca, ahora se explora el desarrollo de proyectos para transformar la ganadería tradicional en agroecosistemas sostenibles y resilientes. Por ejemplo, en el sur de Chiapas, la Asociación Ganadera Local General del río Lacantúnha adoptado desde hace seis años un modelo de reconversión productiva de los sistemas ganaderos en colaboración con la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO). Sus nuevas estrategias de uso de la tierra sustituyen los monocultivos extensivos por sistemas silvopastoriles y el establecimiento de bancos de forraje.

Los sistemas silvopastoriles

04AbruzziniLos sistemas silvopastoriles son una categoría de agroecosistemas que incluyen árboles y arbustos nativos en una matriz de pasturas (Ver Cómo transitar hacia una ganadería tropical sostenible, Oikos= 23). El resultado es un agroecosistema que brinda una mejor y mayor variedad de servicios ambientales(Figura 4). Además, gracias a que los suelos están mejor conservados, estos agroecosistemas tienen mayor capacidad para capturar carbono y en ellos se incrementa el aporte proteico de los forrajes y los ingresos económicos derivados del cultivo de especies maderables y frutales.

     Los sistemas silvopastoriles de la cuenca del Usumacinta cuentan con especies de árboles y arbustos nativos de alto valor nutritivo y comercial, que forman parte importante de los recursos genéticos de la región, tales como el cocoite (Gliricidia sepium), el cuajilote (Parmentiera aculeata), el guacibán (Albizia leucocalyx), el guácimo (Guazuma ulmifolia), el guayacán (Guaiacum officinale), el jobo (Spondias mombin), la leucena (Leucaena leucocephala), el macuili (Tabebuia rosea), la mora (Morus alba), el pichoco (Erythrina coralloides), el popistle (Blepharidium mexicanum) y la vara negra (Rhus standleyi). 

     Sin embargo, en otras localidades de la misma región apenas se inicia la conversión a agroecosistemas  silvopastoriles, y siguen predominando prácticas con base en monocultivos de especies exóticas de pastos. Es en estas localidades donde nuestro proyecto busca documentar el establecimiento de sistemas silvopastoriles u otras formas de ganadería que expandan el componente arbóreo a los terrenos destinados a la ganadería. De esta manera, el río Usumacinta podría constituirse en una gestión pecuaria modelo, reduciendo el impacto ambiental y fomentando el aprovechamiento de los recursos naturales de la región.

Conclusiones y perspectivas del proyecto Usumacinta

El cambio climático demanda atención urgente, y los sistemas pecuarios generan una gran variedad de efectos negativos en la biodiversidad, el aire, el agua y el suelo. Este impacto, junto con el vertiginoso crecimiento de la población mundial que seguirá demandado carne y productos lácteos, ponen en riesgo la integridad del “Sistema Tierra” y comprometen el cumplimiento del Objetivo del Desarrollo Sostenible de erradicar el hambre, las cuales son razones suficientes para trabajar enfáticamente en la búsqueda de la sostenibilidad de los sistemas pecuarios. 

     Este contexto saca a la luz un gran desafío: alcanzar una gestión adecuada del sistema productivo que permita conservar la mayor capacidad de resiliencia y garantice la producción de carne con un bajo costo ambiental. La implementación de sistemas silvopastoriles puede contribuir a favorecer la conservación de la fertilidad de los suelos a largo plazo, a reducir la presión para el continuo cambio del uso de la tierra y a diversificar los servicios ambientales que los agroecosistemas proveen. Por lo tanto, el estudio de los sistemas ganaderos en la cuenca del Usumacinta contribuye a generar información básica necesaria para el desarrollo de un modelo de gestión territorial sostenible con base en el cuidado de la salud ambiental de la región. Para cumplir con el objetivo central de este amplio proyecto se realiza un esfuerzo conjunto para fortalecer las capacidades de los productores locales, que involucra la participación de instituciones federales y estatales, organizaciones no gubernamentales, e instituciones y asociaciones de productores locales. Asegurar el éxito de este gran esfuerzo exige dar continuidad a los procesos inducidos por el proyecto Usumacinta a través del fomento de la investigación, la comunicación y la transferencia del conocimiento a los tomadores de decisiones, a las instituciones educativas y los ejecutores que tienen injerencia en la región.

AGRADECIMIENTOS

Agradecemos el apoyo técnico brindado por parte del personal local de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad, la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas y El Colegio de la Frontera Sur, y a los ganaderos y asociaciones ganaderas que nos recibieron, acompañaron y apoyaron durante los trabajos de campo. También, al Centro de Cambio Global y la Sustentabilidad A.C., por el apoyo logístico brindado durante la realización de las actividades del proyecto y, al Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología por el apoyo financiero otorgado (FORDECyT – CONACyT273646) al proyecto Cambio global y sustentabilidad en la cuenca del río Usumacinta y zona marina de influencia. Bases para la adaptación al cambio climático desde la ciencia y la gestión del territorio.

PARA SABER MÁS

  • Carabias J.J. de la Maza y  R. Cadena. 2015.Conservación y desarrollo sustentable en la selva Lacandona: 25 años de actividades y experiencias. Natura y Ecosistemas Mexicanos, A.C., México. 694 p.
  • Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología. 2015. Estado del arte sobre investigación e innovación tecnológica en ganadería bovina tropical. Red de Investigación e Innovación Tecnológica para la Ganadería Bovina Tropical, México. 272 p.
  • Cotler-Ávalos H. yM.L. Cuevas-Fernández2017. Estrategias de conservación de suelos en agroecosistemas de México. Fundación Río Arronte, I.A.P. – Espacios Naturales y Desarrollo Sustentable, A.C., México. 112 p.
  • Soares D. y A. García-García2017.La cuenca del río Usumacinta desde la perspectiva 
    del cambio climático. Instituto Mexicano de Tecnología del Agua, México. 422 p.