Las plantas arvenses: más que hierbas del campo

Beatriz Rendón-Aguilar, Luis A. Bernal-Ramírez y Georgina A. Sánchez-Reyes.

Entrar a una milpa en alguna comunidad rural de nuestro país es envolverse con los aromas, texturas y colores de muchas plantas que crecen de manera desordenada. Es sentir el roce casi cortante de las hojas del maíz, ver cómo las matas de frijol con sus flores blancas, rojas o lilas se enredan y trepan sobre los tallos del maíz. Es escuchar, además, el zumbido de abejas y abejorros, o toparse con alguna larva de mariposa, y uno que otro escarabajo. La milpa es un ecosistema en toda la extensión de la palabra y como tal, lo que se experimenta dentro de ella, es tan especial como caminar por la selva o nadar en un río. Obviamente, desde la mirada de un biólogo, surgen muchas interrogantes sobre el por qué es así la milpa, de dónde surgen las plantas desordenadas, qué hacen los agricultores con ellas, ¿las usan o no?, ¿esas plantas le hacen daño a los protagonistas del cultivo: el maíz o el frijol?

     En México es común que en los campos tradicionales se cultiven varias especies al mismo tiempo. Esta es una particularidad de los sistemas agrícolas tradicionales en Mesoamérica, conocida como policultivo. Se le llama así porque diversas especies vegetales están presentes, convergiendo en un espacio común destinado a satisfacer diferentes necesidades humanas, principalmente de alimento. El policultivo es mucho más complejo de lo que en su definición se sugiere, ya que no sólo es la siembra de dos o más especies vegetales en un espacio confinado: en él también se establecen interacciones entre los organismos que habitan, ya sean las plantas, cultivadas o no, y los que llegan de manera espontánea, como pueden ser aves, roedores, insectos, hongos y bacterias, entre otros. No es extraño que los agricultores digan: “si comemos nosotros, por qué no dejar comer a los animales” haciendo referencia a pericos, conejos, gusanos cogolleros y demás. Por eso, afirmamos que la milpa es un ecosistema hecho por el ser humano, es decir, un agroecosistema y, como tal, está constituido por elementos florísticos, ecológicos y culturales muy particulares.

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     En términos florísticos, los policultivos están conformados por diversas especies sujetas a diferentes formas de manejo humano. Por un lado, tenemos a las plantas propiamente domesticadas, que los agricultores han seleccionado de manera intensa y directa con el objetivo de obtener características deseables para usarlas ellos mismos o para sus animales domésticos (Ver De la cueva a la mesa, y ahora al laboratorio genómico: la diversidad de calabazas en México De Sonora a Yucatán. Chiles en México: diversidad y domesticación). También están las plantas consideradas como toleradas, que son especies que crecen espontáneamente en ambientes antropogénicos, sin ayuda del ser humano, pero que tienen adaptaciones a las condiciones de manejo del policultivo. Adicionalmente tenemos a las especies fomentadas, que también son plantas no domesticadas con adaptaciones a estos ambientes, pero cuyas semillas guardan ocasionalmente los agricultores para sembrarlas en el siguiente ciclo agrícola, lo que representa una selección humana incipiente que, sin saberlo, asegura que crezcan profusamente. Estos dos últimos grupos de plantas, las toleradas y las fomentadas, conforman el grupo de plantas que se denominan plantas arvenses.

     En términos ecológicos, las plantas arvenses juegan un papel muy importante en los sistemas agrícolas tradicionales, como son las milpas o los huertos familiares. Por ejemplo, se considera que son las pioneras en la sucesión en estos sistemas, es decir, son las que surgen primero cuando se abandona una milpa. Los agricultores de Guerrero, Jalisco, Oaxaca, Puebla, entre otros, comúnmente hacen referencia al término huamil, para referirse a los terrenos en descanso de pocos años, en donde se observan muchas de las arvenses como parte de la sucesión temprana. Además, las arvenses son importantes porque sus raíces forman una malla, la cual evita que el suelo se desprenda y por lo tanto disminuye el riesgo de erosión; también guardan humedad, dan sombra y participan en el ciclo de nutrientes. Algunas de ellas sirven incluso de “plantas trampa” al alimentar a herbívoros que se pueden convertir en plaga, pueden alojar insectos benéficos o repeler a los parásitos, por lo que favorecen interacciones beneficiosas para el agroecosistema. Debido a que los sistemas agrícolas tradicionales en Mesoamérica se desarrollan en variadas condiciones ecológicas (altitud, suelo, humedad, temperatura), biológicas y culturales (prácticas agrícolas), es frecuente que las plantas que ahí se cultivan evolucionen y se adapten a las condiciones particulares de cada lugar. Esta adaptación se debe a las complejas formas de manejo a las que están sujetas, por lo que es frecuente encontrar gran variación infraespecífica en muchas especies de arvenses.

     Finalmente, en términos culturales, las arvenses juegan un papel muy importante al satisfacer diversas necesidades humanas: alimento (como lo son los diferentes tipos de quelites), medicamento, forraje, ornamento, para construcción e insecticidas, entre otros usos (Cuadro 1).

Las arvenses en los estudios de evolución bajo domesticación

Debido a que las arvenses forman parte de las especies que crecen espontáneamente en los sistemas antropogénicos, necesariamente están expuestas a las prácticas agrícolas de cada agricultor. Las arvenses son seleccionadas por la mano humana, aunque de forma diferente a las plantas domesticadas. En cada localidad o región las usan de manera distinta, y la cantidad de plantas que crecen en la milpa (su densidad poblacional) fluctúa de un año a otro. Además, muchos de los atributos por los que son utilizadas son determinados fuertemente por aspectos culturales y preferencias locales, como puede ser su sabor, textura, olor y color. Por esto, muchas arvenses que se consumen en un sitio, no son necesariamente del agrado de las personas en otro lugar. Por ejemplo, el pápalo (Porophyllum macrocephalum DC) lo comen abundantemente en el centro de México, mientras que en el norte es considerado una planta con sabor y olor desagradable.

     Los factores mencionados arriba pueden determinar las características que seleccionan los agricultores de distintas regiones. Y son precisamente estas variaciones culturales, ecológicas y geográficas las que hacen de las arvenses un grupo muy interesante para desarrollar estudios de evolución bajo domesticación.

06Fig01Figura 1. Flor de alache. Malvácea que crece en sitios perturbados. En algunos lugares de México se consume como alimento. Fotografía: Rocío Brito García.     Un ejemplo de estos procesos humanos y naturales que determinan la evolución y ecología de las arvenses lo encontramos con una planta conocida como alache, Anoda cristata (L.) Schltdl., una malvácea (de la familia del algodón) que se encuentra prácticamente en todo el continente americano (Figura 1). Son plantas ruderales, es decir, que crecen en sitios perturbados. Sin embargo, en el centro y sur de México se consumen como alimento y generalmente se localizan creciendo como arvenses, junto con poblaciones que crecen asociadas a perturbaciones humanas (ruderales) en la misma área de distribución. Dentro de las poblaciones arvenses, la gente reconoce dos variantes de alache: “macho” (Figura 2a), que son plantas con hojas alargadas y gruesas, con pubescencias o vellosidades; y “hembra” (Figura 2b), cuyas hojas son anchas y delgadas, glabras o sin vellosidades. La gente consume y selecciona preferentemente las hojas de las variantes “hembra”. Las puntas (partes apicales) de la planta, que incluyen hojas, botones y tallos tiernos, se hierven y se cocinan con sal, ajo, calabacitas tiernas y habas; y el guiso es acompañado con chile verde, limón y cebolla.

06Fig02Figura 2. El alache tiene dos variantes que son conocidas como "macho" (A) y "hembra" (B). La gente prefiere consumir la variante "hembra". Fotografía: Luis Alberto Bernal Ramírez.     Los estudios que se han desarrollado para entender la variación morfológica de las plantas hembra o glabras y el posible efecto que podría tener la selección humana, muestran diferencias significativas en varios atributos. La comparación entre poblaciones ruderales y arvenses de esta especie muestra que, las últimas, son plantas con poca vellosidad, más suaves, con hojas grandes y de crecimiento más abundante. En términos de los mecanismos de defensa, también se observa que las poblaciones arvenses reciben mayor daño, lo que pareciera estar relacionado con el mayor contenido nutricional.

     A pesar de la importancia de las plantas arvenses en las culturas mesoamericanas, al momento hay muy pocos estudios que buscan entender si hay procesos de domesticación, así como el efecto de la selección humana y si hay cambios en los rasgos involucrados.

La diversidad de plantas arvenses en los agroecosistemas

Otro tema apasionante en el estudio de las arvenses es el análisis de la diversidad de arvenses que se pueden encontrar en los sistemas agrícolas tradicionales, ¿cómo varía la cantidad y tipos que hay en un cultivo según la estación del año? ¿cuáles permanecen en el suelo en forma de semillas conformando lo que se llama un banco de semillas? A pesar del cambio en las técnicas, prácticas e insumos utilizados en la agricultura moderna, todavía se reportan muchos tipos de arvenses en México, principalmente nativos. De las 2,298 especies reportadas como arvenses en diferentes estudios, el 96% son nativas de México y el resto son especies exóticas.

06Cuadro02     Los pocos estudios sobre arvenses útiles en México, particularmente en milpas, reportan un número variable, pero nada despreciable, de este tipo de plantas, que puede ser de unas decenas, hasta más de 300 especies. Es interesante notar que hay familias botánicas que están más representadas en este grupo de plantas, como los son Asteraceae (entre otras muchas plantas, aquí se clasifica a los girasoles y a las dalias), Poaceae (todos los pastos), Malvaceae (familia que incluye al jitomate, algodón y a la ceiba), Amaranthaceae (familia del amaranto, entre otros) y Fabaceae (familia de las leguminosas como el frijol o la lenteja). Algunos ejemplos de plantas arvenses útiles se muestran en el cuadro 2.

     Además de obtener listados de especies, algunos estudios han analizado su estacionalidad, y sus resultados indican que la disponibilidad de arvenses en las milpas con manejo tradicional, cambia del inicio al final de la estación de lluvias. También se ha demostrado que en el banco de semillas de las milpas hay un almacén importante de arvenses que, debido a las prácticas agrícolas, permanecerán en estado de latencia, esperando el momento en que haya la humedad e iluminación adecuada para germinar, propias de cada especie. En todos los casos, las arvenses tienen diversos usos: medicina, forraje, alimento y con fines mágico-religiosos.

El futuro de las arvenses

El objetivo de la agricultura es proporcionar una seguridad alimentaria a las poblaciones humanas y, con el paso del tiempo, gracias a esta práctica se han podido mantener mayores poblaciones junto con el grupo de animales que conforman el ganado. En este proceso, desde la década de 1960, se han desarrollado diversas técnicas agrícolas y biotecnológicas para incrementar aún más la producción de alimentos y simplificar el cultivo impulsando el monocultivo, el cual se ha erguido como el sistema agrícola más importante a nivel mundial (a esto se le llama la Revolución Verde). Esto ha llevado al sacrificio de tal vez centenas de arvenses, que durante miles de años habían sido utilizadas como alimento (por ejemplo, los quelites), medicina, forraje, condimento, para prácticas rituales, etcétera, las cuales incrementaban la cantidad de materia orgánica útil en el agroecosistema.

     Es un hecho que la producción de alimentos se ha incrementado, pero el costo de su producción es muy elevado desde diversos puntos de vista: económico, de salud, cultural, de diversidad biológica y de especies útiles. Georgina Sánchez-Reyes demostró, en su tesis de maestría, cómo el efecto de los herbicidas disminuye drásticamente la riqueza de arvenses en las milpas (de 23 a 9 especies) y favorece la presencia de algunos pastos principalmente, que son muy agresivos y que no tienen utilidad ni aportan un beneficio significativo en el rendimiento de maíz. También demuestra que afectan indirectamente al banco de semillas, disminuyendo la riqueza de especies, muchas de ellas útiles y favoreciendo la acumulación de semillas de especies invasoras extremadamente agresivas.

Perspectivas

Son pocos los estudios sobre las arvenses en los diversos sistemas agrícolas. Por eso podríamos decir que son plantas misteriosas, y eso debe ser una invitación a enfocarnos a este tipo de temas, que se encuentran en el umbral de la ciencia básica y sus aplicaciones. Son muchas las preguntas que surgen para entenderlas: ¿cuál es su dinámica en el espacio-tiempo dentro de los sistemas agrícolas? ¿cómo afecta la forma de manejo a su morfología, fisiología y genética? ¿cómo afecta el rendimiento del cultivo o cultivos principales? ¿cómo interactúan con otros organismos, por ejemplo con los animales que las dispersan o polinizan, con los organismos que las consumen, o con microorganismos como hongos y bacterias, que podrían ser patógenos? así como ¿cuáles son los aspectos culturales que determinan sus formas de uso y manejo?

     Finalmente, una de las soluciones al inminente problema del desabasto alimenticio quizá sea retomar el uso de especies arvenses como alimento. Si bien es cierto que su aprovechamiento está limitado regionalmente, es justamente a este nivel donde se debe trabajar para recuperar el conocimiento tradicional y así traducirlo a estándares científicos para su potencial comercialización.

     El entrar a una milpa y tener la oportunidad de probar, oler y mirar a todas esas plantitas aparentemente estorbosas, nos ayuda a reflexionar sobre todo lo que ha implicado miles de años de evolución bajo manejo humano. También debe ser una oportunidad para reflexionar sobre cómo hemos destruido gran parte de ese cúmulo de conocimiento cuando incorporamos prácticas e insumos inadecuados, pero al mismo tiempo nos da la esperanza de que hay mucho conocimiento que prevalece, que se puede rescatar y retomar para implementar mejores formas de producción agrícola, altamente productivas, sustentables y menos dañinas para todos los seres vivos.

Agradecimientos

A Georgina Sánchez Reyes, Luis Alberto Bernal Ramírez y David Bravo Avilez por las imágenes.

Para saber más

  • Altieri, M.A. 1992. Ecología y manejo de malezas. Capítulo 14. Pp. 262-281. En: Altieri M., A. 1992. Agroecología. Bases para una agricultura sustentable. Nordan Comunidad. Montevideo.
  • Espinosa-García F. 1981. Adiciones a la flora arvense del Valle de México. Boletín de la Sociedad Botánica de México 41: 27-32.
  • Liebman M. 1999. Sistemas de policultivos. En: Altieri, M. A. Agroecología. Bases para una agricultura sustentable. Nordan Comunidad. Montevideo: 191-203.
  • Rendón, B. R Bye, J Núñez-Farfán. 2001a. Ethnobotany of Anoda Cristata (L.) schl. (Malvaceae) in Central Mexico: Uses, Management and Population Differentiation in the Community of Santiago Mamalhuazuca, Ozumba, State of Mexico. Economic Botany 55: 545-554.