Rosa Jimena Rey Loaiza

Alexander von Humboldt. 2016. Vistas de las cordilleras y monumentos de los pueblos indígenas de América. 2ª ed. Siglo XXI Editores, 2 vols.

01JReyEl pasado 2019 celebramos los 250 años del natalicio del explorador, geógrafo, humanista y naturalista prusiano Alexander von Humboldt y resulta natural que parte de los festejos se realizaran en diversos países de la América Latina y en Alemania. A lo largo de ese año el proyecto temático "Humboldt y las Américas" impulsó una serie de actividades y conciertos conmemorativos principalmente en México, Cuba, Colombia, Venezuela, Perú, Ecuador y Alemania, aunque también se realizaron actividades en Brasil, Uruguay, Argentina, Bolivia, Chile, Guatemala y Nicaragua.

     Nuestra universidad se unió a la celebración con el coloquio internacional “Estética y ecología de las montañas. La herencia conceptual de Alexander von Humboldt en las Américas”, que tuvo lugar en el Instituto de Investigaciones Estéticas entre el 18 y 19 de septiembre del 2019. Por otra parte, el ciclo de conferencias “Miradas sobre Humboldt en la era del Antropoceno” (organizado por la cátedra Simón Bolívar, de la Facultad de Filosofía y Letras, y la cátedra Humboldt, de El Colegio de México) cerró su programa el 27 de noviembre en la Facultad de Ciencias con la intervención del doctor Rodolfo Dirzo, de la Universidad de Stanford.

     En 1799 el berlinés Alexander von Humboldt se embarcó en La Coruña, España, rumbo a América con Aimé Bonpland, varias maletas y alrededor de 42 carros repletos de instrumentos científicos. El viaje de cinco años comenzó por la entonces capitanía general de Venezuela y continuó por la capitanía general de Cuba, el virreinato de la Nueva Granada, el virreinato del Perú y la Nueva España, adonde llegó en 1803. La última etapa del viaje tuvo lugar en Estados Unidos, desde donde Humboldt se embarcó de regresó a París en agosto de 1804.

     Se sabe que durante su viaje, de alrededor de diez mil kilómetros, Humboldt necesitó cuadrillas de hasta 25 indígenas para trasladar por los caudalosos ríos americanos sus documentos, herbarios, instrumentos de medición y material recolectado, y que en los recorridos por tierra llegó a formar recuas de hasta 20 mulas. Humboldt financió por completo su expedición con la herencia que recibiera a la muerte de su madre, fallecida en 1796. A su regreso a Europa, con 35 años, continuó ocupándose de exponer y organizar en libros las impresiones y los datos recogidos durante su larga aventura americana.

     El libro Vistas de las cordilleras y los monumentos de la América es un registro maravilloso de algunos de los paisajes y objetos culturales americanos que sorprendieron al berlinés en su recorrido. Publicado en francés por primera vez en 1810, Vistas de las cordilleras… es reconocido como uno de los trabajos más importantes de Humboldt, desde el punto de vista paisajístico. La editorial Siglo XXI cuenta con dos ediciones de esta obra, una de 1996 y otra publicada en 2016, idénticas excepto porque en las páginas preliminares de la primera domina la imagen juvenil del explorador, mientras que en la segunda se privilegió el retrato de un Humboldt que se encuentra ya en edad madura. La obra, de dos volúmenes, incluye un texto introductorio de Charles Minguet y Jean-Paul Duviols, ambos notables y reconocidos hispanistas, y un estudio del poeta mexicano, filósofo, editor y traductor de esta edición, Jaime Labastida, sobre las aportaciones de Humboldt a la antropología mexicana.

     Charles Minguet y Jean-Paul Duviols refieren la publicación de las Vistas… como un “acontecimiento sin precedente en la literatura de viajes” por el uso del color y el “tamaño inusitado de la obra (grande en folio)”, resultado de la importancia que Humboldt adjudicó a la imagen “como un testimonio científico y demostración” (Vistas…, p. xii). Por su parte, Jaime Labastida explica que la obra fue concebida por el autor como el “atlas pintoresco” de su Voyage aux régions équinoxiales du Nouveau Continent (la obra monumental de treinta volúmenes publicada entre 1805 y 1834) y que el autor se propuso en ella “recoger materiales dispersos que no podían entrar, por su contenido, en los libros especializados de zoología, botánica y observaciones astronómicas” (Vistas…, p. xxv).

     El primer volumen de la obra, compuesto por 69 láminas, recorre las montañas y las caídas de agua de los Andes, y, por supuesto, los hermosos volcanes a los que Fernando Benítez llamó el leitmotiv (el hilo conductor) de la geografía americana. La vista del volcán Chimborazo desde la meseta de Tapia (el dibujo es de Jean-Thomas Thibault a partir de un boceto de Humboldt), a dos páginas, deja entrever un paisaje andino, con nopales y vicuñas, en el que varios hombres recogen plantas y discuten entre ellos. En otras láminas aparece el interés de Humboldt por las culturas americanas, por su pintura, su arquitectura, los calendarios, los códices, la escultura. Labastida explica que el orden en que aparecen los textos, “en cierto modo arbitrario”, responde a los “requerimientos técnicos de la edición, o sea, el problema de grabar, en diversos países europeos, los dibujos que acompañan al texto” (Vistas…, p. xxv).

     La portabilidad del conjunto de la obra se dificulta por los casi 4 kilos de los dos tomos, así como la manipulación simultánea —necesaria para ir y venir del texto a la imagen— se complica por las dimensiones (240 mm x 350 mm). La biblioteca del Instituto de Ecología (UNAM) cuenta ahora con un ejemplar de Vistas de las cordilleras y los monumentos de la América, un hermoso fragmento del vasto trabajo al que Humboldt dedicó su vida, con el que podemos seguir celebrando la pasión y la curiosidad de ese extraordinario personaje.