Las milpas de México

Mahelet Lozada-Aranda*, Idalia Rojas Barrera, Alicia Mastretta Yanes, Alejandro Ponce-Mendoza, Caroline Burgeff, M. Andrea Orjuela-R. y Oswaldo Oliveros Galindo

01Fig01Figura 1. Milpa cercana al Nevado de Toluca, con maíz, frijol ayocote y calabazas. Fotografía: Alicia Mastretta.

México es el centro de domesticación y diversificación de muchas plantas que son importantes en todo el mundo. Este proceso se ha desarrollado en diversos sistemas agrícolas tradicionales, y uno de los más conocidos es la milpa, cuyo nombre proviene del náhuatl milpan, compuesto a su vez por los vocablos náhuatl milli que significa “parcela sembrada” y pan “encima de”.

     La milpa (Figura 1) es un agroecosistema que surgió en Mesoamérica y posteriormente se expandió al resto de México y Sudamérica, se caracteriza por ser un policultivo, en el que además de la siembra de maíz, se asocian otras especies domesticadas como los frijoles, las calabazas, los chiles, los tomates, y otras tantas semi-domesticadas, como los quelites, los cuales crecen dentro del sistema de forma natural y el ser humano los ha manejado y protegido con esta forma de sembrado.

     La diversidad de cultivos dentro de la milpa depende de cada región, no sólo por el clima, pendiente y suelo, sino por el grupo humano asociado a ella, que de acuerdo a sus necesidades, saberes y tradiciones, le ha impreso un sello distintivo. Es decir, la composición y estructura de las milpas en la península de Yucatán, es diferente a las presentes en la Sierra Tarahumara en Chihuahua o a las del Centro de México. Por lo anterior, se puede decir con seguridad que en México no existe una sola milpa, sino muchas milpas.

01Fig02Figura 2. Productos de la milpa de Oaxaca. Fotografía: Mahelet Lozada.

     Durante varios meses al año se producen alimentos en la milpa (Figura 2). Poco tiempo después de ser sembrada, las flores masculinas de la calabaza estarán disponibles para consumir, así como diferentes tipos de quelites, posteriormente están listos los elotes y frijoles tiernos, y finalmente los granos maduros de frijol y maíz. En el sureste mexicano, en ocasiones, cuando se supondría que la milpa se encuentra en descanso, ésta sigue produciendo recursos como tubérculos (camotes, yuca) que son rescatados para complementar la alimentación. Dependiendo de la región, también existen milpas con árboles frutales, como el aguacate, la papaya o la guayaba.

     Desde la época prehispánica, el uso de la milpa se ha extendido en todo México y Sudamérica, el agroecosistema fue adaptándose a diferentes condiciones ambientales, que van desde el nivel del mar hasta más de 3,000 metros de altitud. Las plantas que se cultivaron se adecuaron a dichas condiciones gracias al trabajo recurrente de los agricultores, que durante años han seleccionado semillas y experimentado con ellas durante cada ciclo. Esta selección se basa no sólo en términos de producción, sino también de crecimiento de la planta, su capacidad de adaptación, el uso que se le da a los diferentes productos, en la preparación de alimentos que las utilizan, su empleo en las festividades, entre otros; es decir, en aquellos atributos que el grupo étnico considera importantes para ellos.

     Los agricultores, tanto hombres como mujeres, participan en la dispersión de las semillas a nuevos sitios, pues intercambiar semillas entre distintos grupos humanos es una práctica común. El intercambio puede darse dentro de la misma comunidad a pocos kilómetros, o traspasar grandes regiones, como puede ser el caso de jornaleros campesinos, que viajan de un estado a otro transportando semillas.

     Muchas especies cultivadas en la milpa tienen parientes silvestres con los que se pueden cruzar, y por ende desarrollar “formas intermedias” derivadas de estas cruzas, con las cuales el agricultor puede continuar seleccionando las características que le son favorables. Esta acción permite que el proceso de domesticación se mantenga vigente aún en nuestros días. Es decir, que la evolución de los cultivos bajo domesticación sigue ocurriendo de manera continua en las milpas de México y Mesoamérica.

01Fig03Figura 3. Escarabajo en planta joven de maíz en Tlaltizapán, Morelos. Fotografía: Idalia Rojas.

     La riqueza de la milpa va más allá de los recursos que nos ofrecen, pues también son relevantes las interacciones que ocurren entre todos sus componentes. De estas interacciones, por ejemplo, el papel de los insectos benéficos ha sido subestimado y poco estudiado, quizá porque concebimos a los insectos como seres de aspecto poco agraciado y asociados a la destrucción de los alimentos. Sin embargo, estos habitantes o visitantes de la milpa brindan servicios como la polinización y el control de plagas (Figura 3), pues cuando una planta de maíz es atacada por un insecto , ésta es capaz de producir compuestos que se esparcen con el viento y que atraen a los predadores naturales de las plagas. La milpa a su vez, al ser un policultivo, brinda alimento (polen y néctar) y refugio que no siempre están presentes en los sistemas intensivos de siembra (monocultivos). En este contexto, la resistencia a plagas del maíz y demás plantas comestibles, no depende únicamente de mecanismos individuales, sino de las interacciones que ocurren entre los miembros de la milpa. Sin embargo, estos mecanismos son menos eficientes o no ocurren en los monocultivos, y por ende el riesgo de que se establezca un grupo de insectos que se convierta en plaga, es mayor.

     Si bien la milpa no tiene la misma productividad que un sistema intensivo, provee otros servicios al ambiente y al campesino que deben considerarse. En lugares en donde los bosques o selvas han sido desplazados por la actividad humana, la milpa es refugio de especies benéficas como las abejas. Este beneficio se ha asociado a la presencia de plantas con flores que son polinizadas por abejas, como el frijol y la calabaza. La milpa nos muestra que la coexistencia brinda beneficios y sacrificios, y si los primeros son más recurrentes que los últimos, vale la pena conservar estos lazos de convivencia.

     Por otro lado, las milpas representan parte importante en la cocina tradicional mexicana y sigue siendo la base de la soberanía alimentaria en muchas regiones de México. Son además un patrimonio cultural y biológico de enorme valor, dado que al conservarlas se conservan también los recursos naturales y la diversidad que existe en ellas (agrobiodiversidad). Al mismo tiempo, contribuyen a custodiar el conocimiento de muchísimas generaciones de agricultores de distintos pueblos.

     Todas las mujeres y hombres que participan de forma directa e indirecta en sistemas como la milpa juegan un papel fundamental en su mantenimiento y diversificación. Gracias a los procesos bioculturales asociados al manejo de este sistema, es que se fomenta un intercambio y enriquecimiento genético. Este último es relevante y positivo para la continua adaptación de los cultivos al entorno, y también para los diferentes usos que el ser humano puede ir dando a las plantas que se manejan en este agroecosistema. La milpa es una herencia de México para el mundo.

Para saber más

  • CONABIO. La milpa.
  • CONABIO. Alimentos.
  • De la Paz, S. 2008. Diversidad de insectos en maíz y teocintle y efecto de factores agroclimáticos en plagas rizófagas en México. Universidad de Guadalajara. Zapopan, Jalisco.
  • López, J. 2014. Diversidad de abejas (Hymenoptera: Apoidea) asociadas a milpas en paisajes con diferentes niveles de antropización. Colegio de la Frontera Sur. San Cristóbal de las Casas, Chiapas.
  • Santillán, M.L. 2014. La milpa, tradición milenaria de agricultura familiar. Consultado 25 de agosto, 2016.