on 17 March 2019

Se conocen ocho especies de murciélagos del género Eptesicus cuya distribución incluye Sudamérica, cuatro de las cuales se encuentran en Argentina. En un artículo publicado en febrero en la revista Journal of Mammalogy, científicos de este país describen una nueva especie del género, Eptesicus ulapesensis, que habita localidades en La Rioja y Mendoza. Con ello, se eleva el número de especies en el país a nueve.

Esta nueva especie se distingue de las anteriores por tener una coloración parda amarillenta o dorada, con el dorso y el vientre contrastando fuertemente, largo del antebrazo de 41.0 a 45.8 mm, largo del cráneo de 16.4 a 17.0 mm, pelaje de aproximadamnte 6 mm de largo y crestas sagitales y lamboidales bien definidas en el cráneo. El holotipo de la especie fue colectado en 2014, existe un espécimen colectado en 1976 que pasó más de 40 años en una colección antes de que se redescubriera como esta nueva especie.

Ecológicamente, esta especie se distingue de las otras dos especies de Eptesicus de tamaño grande de Argentina (E. chiriquinus E. brasiliensis) en que está asociado a cuerpos de agua en sitios áridos con vegetación arbustiva espinosa, mientras que las otras dos habitan sitios húmedos más al norte. La región que habita, el Chaco árido, se encuentra fuertemente amenazada por la deforestación y la ganadería, por lo que los autores esperan que este nuevo descubrimiento genere conciencia de la importancia de conservarla. 

 

 

Para aprender más:

Sánchez, R. T., Montani, M. E., Tomasco, I. H., Díaz, M. M., & Barquez, R. M. (2019). A new species of Eptesicus (Chiroptera, Vespertilionidae) from Argentina. Journal of Mammalogy, 100(1), 118-129. doi:10.1093/jmammal/gyz009

on 25 February 2019

El síndrome de la nariz blanca es una enfermedad causada por un hongo (Pseudogymnoascus destructans) que infecta la piel de los murciélagos en hibernación. Se manifiesta como parches blancos en la nariz y alas de los murciélagos, y causa que éstos utilicen sus reservas de grasa antes de tiempo, por lo que ya no son capaces de llegar al final del invierno y mueren de hambre. Por ello, ha diezmado las poblaciones de murciélagos hibernantes en Norteamérica desde su introducción desde Europa. 

Tina Cheng y colegas se preguntaron por qué algunas poblaciones de Myotis lucifugus en el noreste de Estados Unidos han logrado sobrevivir al síndrome, incluso cuando la infección causó un descenso inicial en ellas. Con datos de seis colonias de esta especie, las compararon en 2009, cuando el síndrome de la nariz blanca las alcanzó por primera vez, y en 2016, varios años después de que se estabilizaron. ¿Estaban volviéndose resistentes a la infección? ¿Se estaban contagiando menos? ¿O estaban acumulando mayores reservas energéticas?

Se determinó que en cuatro de las seis colonias, las reservas de grasa de los murciélagos al principio del invierno variaron significativamente entre 2009 y 2016, en un promedio de 0.8 g, y estos murciélagos fueron en promedio 1.08 g más pesados que en 2009 (esta especie es pequeña, con un peso de 5 a 14 g). Se calculó que este aumento en las reservas puede reducir la mortandad por síndrome de la nariz blanca en un promedio de 64%.

Si bien es probable que este mecanismo fisiológico explique en parte la mortandad reducida, también se ha observado que en otros sitios la prevalencia de P. destructans es menor en sitios donde ha estado presente por cinco o más años, lo que puede deberse a una menor transmisión o a que ésta suceda más tarde en el invierno. Esto a su vez puede explicarse porque los murciélagos estén desarrollando resistencia al patógeno, así como por mecanismos denso-dependientes. 

Hasta ahora, los esfuerzos para controlar a P. destructans en Norteamérica se han centrado en tratar a los murciélagos infectados y en reducir el contagio durante la hibernación. Estos resultados sugieren que el facilitar que los murciélagos acumulen mayor cantidad de reservas energéticas antes de entrar en hibernación puede ser una estrategia más para combatirlo. Acciones encaminadas a ello incluyen la protección de cuerpos de agua como presas de castores y la restauración de hábitats ribereños, con el objetivo de aumentar la disponibilidad de alimento para estos murciélagos. 

 

Para aprender más:

Cheng, T. L., Gerson, A., Moore, M. S., Reichard, J. D., Desimone, J., Willis, C. K., . . . Kilpatrick, A. M. (2019). Higher fat stores contribute to persistence of little brown bat populations with white-nose syndrome. Journal of Animal Ecology. doi:10.1111/1365-2656.12954

on 20 November 2018

Con 43 hectáreas de superficie y un peso estimado de 59,000 toneladas, Pando es probablemente el organismo más grande del planeta. Se trata de un álamo temblón (Populus tremuloides) que durante miles de años ha crecido a través de la raíz, generando 47,000 troncos genéticamente idénticos y formando un auténtico bosque de un solo árbol. No obstante, en las últimas décadas Pando ha comenzado a encogerse. ¿La causa probable? Un exceso de herbivoría del venado bura (Odocoileus hemionus).

Un nuevo estudio, publicado en PLOS ONE, buscó comprender las dinámicas clave que impactan la sostenibilidad de este bosque. Para ello, se establecieron 65 parcelas de monitoreo en las 43 hectáreas de Pando, que está dividido en tres regímenes de manejo: una zona sin barreras, expuesta a la herbivoría, una zona a la que se le colocó una valla en 2013 y que ha sido sujeta a distintos tratamientos como quemas, podas selectivas y remoción de arbustos y una zona donde se colocó una valla en 2014 y no ha sufrido manejo desde entonces. Se midieron variables ambientales, otras relacionadas con la salud del bosque como los brotes y la edad de los troncos, y la presencia de herbívoros a través de la presencia de heces y brotes masticados. Adicionalmente, se analizaron imágenes satelitales históricas a 72 años en busca de tendencias.

Las imágenes revelaron que ha habido una reducción en la densidad del bosque, aunada a la aparición de caminos, áreas de campamento y residenciales en su parte norte. Además, se encontró que hay una relación inversa entre la presencia de venados y la regeneración del bosque a través de nuevos troncos. La única barrera que protegió al bosque fue la colocada en 2013, mientras que no hubo diferencias significativas entre las áreas sin barreras y la valla de 2014, debido a que segmentos deteriorados permiten la entrada de venados. Pando ha sobrevivido por miles de años a pesar del ataque de los herbívoros, no obstante, ahora parece que la presión es demasiada, ¿por qué?

Los autores creen que la exclusión de los depredadores y la prohibición de la cacería en sitios recreativos en Estados Unidos han creado un "efecto refugio", que hace que aumenten las poblaciones de ungulados tolerantes a la presencia humana como el venado bura. Éstos se alimentan de los troncos jóvenes y evitan que el bosque se regenere. Gradualmente, se pierden individuos a medida que envejecen y mueren los árboles sin nadie que los reemplace, hasta que finalmente cambia la estructura del ecosistema. 

Este estudio resalta el hecho de que no pueden manejarse independientemente la fauna y la flora de los ecosistemas: el manejo del bosque no puede ser exitoso si no se manejan las poblaciones de herbívoros. 

Para aprender más:

Rogers, P.C., McAvoy D.J. (2018) Mule deer impede Pando’s recovery: Implications for aspen resilience from a single-genotype forest. PLoS ONE 13(10): e0203619.

on 29 October 2018

Se sabe desde hace años que los córvidos son aves particularmente inteligentes. En 2002, la cuerva Betty (también de Nueva Caledonia, Corvus moneduloides) se volvió famosa al ser el primer animal en el que se demostró la capacidad de fabricar herramientas en forma de gancho a partir de un material recto. En un nuevo estudio publicado en Scientific Reports, von Bayern y sus colaboradores expanden el conocimiento que tenemos de las notables habilidades cognitivas de esta especie, al demostrar que no sólo pueden modificar sus herramientas, sino que pueden fabricarlas a partir de dos o más partes individualmente inútiles. Esta habilidad sólo se había observado en grandes simios en cautiverio.

Para este estudio, los autores retaron a ocho cuervos de Nueva Caledonia capturados de vida libre en 2010 con una caja-rompecabezas que nunca habían visto. Ésta contenía un recompensa de alimento a la que sólo se podía llegar mediante una fina ranura en la parte inferior de una pared, desde la cual se podía empujar a una salida. Como herramientas potenciales, los investigadores colocaron varitas, inicialmente, de la longitud suficiente para que el cuervo las utilizase individualmente para alcanzar la comida. Posteriormente, se colocaron sólo objetos demasiado cortos para alcanzar la comida, pero de los cuales unos eran huecos y permitían que se les insertaran otros objetos (la parte hueca de una jeringa hipodérmica, en la que se podía insertar una de las varitas cortas). Primero, una herramienta de dos elementos era lo suficientemente larga para alcanzar la recompensa, pero posteriormente los elementos se hicieron más cortos y sólo podía lograrse con una herramienta de tres elementos. 

Todos los cuervos lograron extraer la comida utilizando varitas largas, mientras que sólo cuatro pudieron crear una herramienta compuesta de dos elementos (varita + jeringa) y extraer la comida. Esto lo hicieron en poco tiempo (4-6 minutos) y aparentemente sin una fase de prueba y error, con uno o muy pocos intentos. Los cuatro cuervos restantes siguieron intentando alcanzar la comida con elementos demasiado cortos, sin lograrlo. Un solo cuervo, apodado Mango por los investigadores, logró extraer comida con herramientas de tres y hasta de cuatro elementos. De forma interesante, este individuo también mostraba fluctuaciones motivacionales, ocasionalmente rehusándose a participar en los experimentos. Algunos de los ensayos de los cuervos, incluyendo a Mango, pueden verse en https://www.youtube.com/watch?v=EryZPmOxwC0 (video publicado por los autores). 

El corto período de aprendizaje, la proporción de éxito y la aparente falta de prueba y error sugieren que este comportamiento no se ha originado mediante descubrimientos accidentales ni mediante aprendizaje gradual de prueba y error. Los autores proponen que estos resultados reflejan habilidades cognitivas complejas y muy flexibles que varían entre individuos, quizás incluyendo la de innovar mediante simulaciones cognitivas virtuales. El reto es, entonces, generar modelos algorítmicos artificiales o in silico capaces de replicar el desempeño de los cuervos, lo que permitirá entender los procesos cognitivos subyacentes a estos extraordinarios comportamientos

Para aprender más:

Bayern, A. M., Danel, S., Auersperg, A. M., Mioduszewska, B., & Kacelnik, A. (2018). Compound tool construction by New Caledonian crows. Scientific Reports, 8(1). doi:10.1038/s41598-018-33458-z

on 08 October 2018

Los patrones de manchas en el pelo de las jirafas (Giraffa camelopardalis) son complejos y altamente variables, pero no se sabe exactamente cuál es su propósito en vida libre. Las primeras evidencias de que estos patrones podrían heredarse de madres a crías la aportó la doctora Anne Innis Dagg en 1968 a partir de observaciones de una pequeña población en cautiverio. En este nuevo artículo, publicado en PeerJ, Derek E. Lee y colaboradores retomaron esta hipótesis y utilizaron software de análisis de imágenes para determinar si era correcta.

El estudio se dividió en dos partes: primero, se analizaron los patrones de 31 pares madre-cría en busca de similitudes en los patrones; segundo, se analizaron los patrones de manchas de 258 crías para cuya sobrevivencia en vida libre se tenía registro. El software utilizado por los autores detectó y cuantificó once variables que describían la forma, color y tamaño de las manchas.

De todas estas variables, se descubrió que dos eran compartidas por madres y crías: la circularidad de las manchas y la forma de su contorno (si éste era liso o rugoso). Respecto a la sobrevivencia, los autores determinaron que las crías con manchas grandes y de formas irregulares (poco circulares) tienen una mayor probabilidad de sobrevivir durante el primer año que aquéllas con muchas manchas pequeñas y regulares. En resumen, se demuestra que en las jirafas las manchas a) son una característica heredable entre madres y crías y b) tienen un valor de sobrevivencia para las crías.

Según los autores, ahora falta determinar cómo es que las manchas afectan la sobrevivencia de las crías: ¿se trata de un efecto materno?, ¿reducen el riesgo de depredación?, ¿ayudan a las crías a termorregular?... Esperemos que futuras investigaciones nos ayuden a comprender este fascinante fenómeno.

 

Para aprender más:

 

Lee, D. E., Cavener, D. R. & Bond, M. L. (2018) Seeing spots: quantifying mother-offspring similarity and assessing fitness consequences of coat pattern traits in a wild population of giraffes (Giraffa camelopardalis). PeerJ 6:e5690 https://doi.org/10.7717/peerj.5690