Un cerebro mas grande aumenta la vulnerabilidad a la extinción

Es bien conocido que el tamaño del cerebro está asociado con una capacidad de supervivencia en ambientes cambiantes. Así, por ejemplo, aves que colonizan ambientes urbanos tienden a tener cerebros relativamente más grandes. También el mayor cerebro se relaciona con una mayor capacidad de innovación y flexibilidad de comportamientos, lo que les permite enfrentarse a nuevos desafíos. Esto puede sugerir que las perturbaciones ambientales que los humanos estamos induciendo a nivel global durante las últimas décadas, incluyendo el calentamiento global, afectarían mas a especies de menor tamaño de cerebro relativo comparado con las de mayor tamaño de cerebro relativo. Sin embargo, esto no es así.

       En un estudio publicado en la revista Evolution, cuyo primer autor es el Dr. Alejandro González Voyer del Laboratorio de Conducta Animal del Instituto de Ecología de la UNAM, en colaboración con la Universidad de Reading en Inglaterra y la Estación Biológica de Doñana de España, se analiza la relación entre el tamaño del cerebro de un gran número de mamíferos con su grado de amenaza según la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza). Por supuesto, animales más grandes tienen cerebros más grandes, pero al estudiar el tamaño del cerebro en relación al tamaño corporal, los investigadores observaron que se encuentra una relación contraria a lo que sugerían estudios previos: un mayor tamaño relativo del cerebro está asociado con un mayor riesgo de extinción.

            La relación entre el tamaño del cerebro y el grado de amenaza no es directa. No es que animales con mayor cerebro sean más perseguidos o respondan peor a los cambios ambientales. Lo que sucede es que el cerebro es un órgano “caro” de mantener. En humanos, el cerebro representa alrededor del 2% de la masa corporal, pero consume 20% de su energía. El mayor tamaño del cerebro lleva a costes adicionales que impactan muchas características de la historia de vida de las especies y dilatan su desarrollo: tienen un periodo de gestación más largo, se retrasa el destete (y, por tanto, se aumenta el periodo de dependencia de la madre) y las camadas son menos numerosas. Todo esto hace que sus requerimientos energéticos sean más difíciles de satisfacer y que su capacidad de respuesta ante cambios ambientales y demográficos sea limitada. Para verificar los patrones observados los investigadores repitieron los análisis para los grupos para los que se disponía de mayor cantidad de información: carnívoros, artiodáctilos y primates, y el patrón observado era prácticamente el mismo en todos los casos.

            Estos resultados sugieren que en las condiciones actuales, las restricciones impuestas por el tamaño del cerebro son mayores que sus beneficios potenciales. Así, las actividades humanas pueden estar cambiando las fuerzas selectivas que durante millones de años han estado llevando a una tendencia a incrementar el tamaño del cerebro.

Fuente:

Gonzalez-Voyer, A., M. González-Suárez, C. Vilà y E. Revilla. (Aceptado para publicación). Larger brain size indirectly increases vulnerability to extinction in mammals. Evolution. Doi: 10.1111/evo.12943

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