Un elegante truco de seducción

Las plantas no tienen patas, ni alas, ni aletas; no corren, caminan ni trotan. No se pueden mover. De hecho, gastan mucha energía en hacer crecer las raíces que las anclan firmemente al suelo. Esto les da estructura, soporte y una conexión vital a la fuente de agua y nutrientes.

     A las plantas, sin poder moverse, les ha ido muy bien. Tan bien, que son una de las formas de vida más abundantes en el planeta.

     El problema está en el sexo. Cuando es momento de reproducirse, la mayoría de las plantas dependen de factores externos para lograr que el polen de una flor llegue a los órganos femeninos de otra. Una manera de atraerlos consiste en “convencer” a los polinizadores para que visiten sus flores. Los polinizadores pueden ser de varios tipos, pero aquí hablaremos de insectos. En general los polinizadores llegan a las flores porque buscan recompensas, como los son el néctar o aceites, y al hacerlo, se impregnan de polen que llevan a las demás flores que visitan.

     Dado que el costo de las recompensas puede ser muy alto, las plantas se encuentran en una carrera evolutiva con sus polinizadores. ¿Cómo lograr que un polinizador las visite y al mismo tiempo reducir los costos que significan producir recompensas? Algunas especies de plantas han logrado solucionar este problema a través de elaborados engaños.

     En la Reserva del Pedregal de San Ángel viven más de 320 especies nativas de plantas, entre ellas destaca Begonia gracilis por su especial sistema de polinización. Las begonias dependen de polinizadores para fecundar sus flores, pero sólo las flores masculinas les ofrecen recompensa: el polen.

     Las flores femeninas, en contraste, no dan ninguna recompensa pero imitan a las flores masculinas para atraer a los polinizadores haciéndoles creer que encontrarán recompensa. Este fenómeno se conoce como polinización por engaño y se basa en el auto-mimetismo, es decir, cuando un individuo imita a otro de su misma especie.

     Debido a que los polinizadores de las begonias buscan polen como recompensa, uno podría pensar que los polinizadores evalúan la cantidad de polen que les ofrece una flor fijándose en el tamaño de los órganos sexuales masculinos que lo producen, esto es el androceo. Sin embargo, dado que el androceo se encuentra por delante de la corola de las begonias, la percepción sobre su tamaño depende de la relación entre estos dos atributos florales. Este fenómeno es de alguna manera es benéfico para las begonias ya que parece que explota el sesgo sensorial de los polinizadores; es decir, si la corola es grande el androceo parecerá muy pequeño, pero si la corola es pequeña el androceo parecerá más grande de lo que en realidad es. Todo es cuestión de perspectiva.

     En el Laboratorio de Interacción Planta-Animal realizaron un estudio para comprobar si las begonias “engañaban” a sus polinizadores manipulando el tamaño relativo del androceo. Los investigadores colocaron corolas artificiales hechas de papel post-it rosa de diferentes tamaños en flores silvestres y encontraron que los polinizadores visitaban más a las flores con corolas pequeñas, femeninas y masculinas, es decir aquellas en las que el tamaño aparente de los órganos reproductivos era más grande.

     Cuando la corola artificial es grande las estructuras masculinas aparentan ser más pequeñas, pero cuando la corola/post-it es pequeña, el androceo parece mucho más grande de lo que en realidad es. Este mecanismo permite que las flores masculinas obtengan los beneficios de ser visitadas por los polinizadores y reducir la cantidad de polen que les ofrecen.

     Como las flores femeninas no tienen ninguna recompensa, ni polen ni néctar, dependen únicamente del auto-mimetismo. Se puede decir que la planta “engaña” a los polinizadores, ya que al imitar a flores masculinas simulan que ofrecen polen e invitan a visitarlas, pero todo es un truco que funciona muy bien. Los insectos visitan muchas flores al día y cuando se posan sobre una flor femenina depositan el polen de las otras flores aunque no encuentren más recompensas.

     Para las begonias, todo es una cuestión de tamaño, pero de tamaño relativo. Así que aunque no troten, corran o vuelen, pueden hacer lo necesario para conseguir ser fecundadas y crear una nueva generación de flores engañosas.

Castillo, R.A., H. Caballero, K. Boege, J. Fornoni y C.A. Domínguez. 2012. How to cheat when you cannot lie? Deceit pollination in Begonia gracilis. Oecologia 169:773-82. DOI 10.1007/s00442-012-2250-y

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