La máquina como jardinero: la Inteligencia Artificial se encuentra con la Madre Naturaleza

Traducción de: Michel Martínez

 Publicado originalmente el 22 de febrero de 2017 en Anthropocene Daily Science

La Inteligencia Artificial (IA) está en boga hoy en día. Ya es crucial para la cadena mundial de suministros y las operaciones de internet, se están considerando sus aplicaciones potenciales en contextos tan variados como la legislación, la medicina y el ejército. Es natural preguntar entonces: ¿qué podría significar la IA para la naturaleza? o, en palabras de un nuevo artículo en Trends in Ecology and Evolution, ¿podría un sistema de aprendizaje profundo sostener la autonomía de procesos ecológicos no humanos en áreas designadas sin intervenciones humanas directas?

     Bradley Cantrell, un arquitecto del paisaje de la Universidad de Harvard, escribió junto con la historiadora ambiental de Harvard Laura Martin y el ecólogo Erle Ellis de la Universidad de Maryland, Baltimore County, un artículo en el que explican que se trata más de un experimento de reflexión que de un programa práctico, aunque, debido a los avances que ha hecho la Inteligencia Artificial en la conservación, quizá no sea improbable. Algunos investigadores ya utilizan la Inteligencia Artificial para darle sentido a un conjunto de datos ecológicos cada vez más complejos. Otros han diseñado robots autónomos para capturar estrellas de mar invasoras en el Gran Arrecife Coralino. Las aplicaciones propuestas para los sistemas de Inteligencia Artificial argumentados incluyen vallas ambulantes para apartar la fauna, drones dispersadores de semillas, e incluso el desvío de sedimentos fluviales hacia configuraciones que fomentan la biodiversidad.

     El grupo de Cantrell piensa en grande, concibiendo un “creador de la naturaleza”: un “sistema autónomo de infraestructura del entorno que crea y mantiene la naturaleza”, inicialmente programado para contrarrestar las influencias tan dañinas del ser humano como los compuestos químicos, el ruido y la contaminación lumínica, y que se le permita operar sin dirección práctica. Con el tiempo aprendería de las consecuencias de sus propias acciones, adoptando nuevas estrategias y también ocultando su presencia. Podría incluso volverse irreconocible para sus creadores. El equipo de Cantrell expone que “los procesos y los patrones ecológicos resultantes discreparían de cualquiera que los humanos hayan creado y sustentado previamente”, y las especies no humanas y los procesos ambientales en el lugar serían capaces de seguir con la vida sin experimentar la influencia humana”.

     Para ser claros, esto aún no es factible y, si llega a ocurrir, probablemente no lo será por mucho tiempo. Pero imaginar dicho sistema, contemplando las tensiones y el desorden inevitable, los diferentes valores que podrían codificarse al inicio, cómo la gente podría relacionarse con los resultados, la propia definición de la naturaleza en sí misma, es un ejercicio útil, como lo es el considerar en dónde podría implementarse.

     Ellis, Martin y Cantrell no imaginan que se utilice en áreas ya protegidas. En vez de ello, ven a estos creadores de naturaleza como algo apropiado para lugares con alto impacto de las actividades humanas, y controlados con algún resultado ecológico en mente: pantanos diseñados, áreas denominadas verdes, tal vez incluso áreas urbanas densas. Ellis se cuestiona: —¿Podemos construir infraestructura verde que cree naturaleza autónoma, criaturas silvestres y resultados imprevistos, que no se asemeje a un jardín controlado, pero que funcione como infraestructura?

     La reflexión sobre el experimento de su última lección, quizás, es acerca del poder de la imaginación humana para concebir y valorar la naturaleza incluso en un planeta de 7.4 mil millones de humanos con hambre de recursos. Los autores concluyen que “la creación de la naturaleza es el último desafío de diseño del Antropoceno. ¿Podemos “borrarnos del cuadro” y dedicar nuestra creatividad y nuestros recursos a los intereses y el futuro de otras especies aparte de la nuestra? Creemos que es tiempo de intentarlo”.

Fuente: Bradley Cantrell, Laura J. Martin and Erle C. Ellis. “Designing Autonomy: Opportunities for New Wildness in the Anthropocene.” Trends in Ecology and Evolution, 2017.

Versión en inglés: Machine as gardener: Artificial intelligence meets Mother Nature
Colaboración con la revista Anthropocene de Future Earth, EUA.
Imagen: Cantrell et al. / Trends in Ecology and Evolution

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