Una señal optimista para las aves en un clima cambiante

Traducción de: Michel Martínez

Publicado originalmente el 09 de noviembre de 2016 en Anthropocene Daily Science

¿Serán las aves capaces de continuar en un clima cambiante? Es una cuestión problemática para todo aquél que se emociona con el canto de un Chipe o con el vuelo transatlántico de un diminuto colibrí.

     Algunas investigaciones sugieren que, especialmente durante la primavera, la sincronización del clima y los ciclos reproductivos entrarán en un desajuste: “un desequilibrio fenológico”, como explican los científicos, que extinguiría gran parte de las especies emplumadas.

     Sin embargo, en medio de este panorama desalentador, hay un rayo de esperanza: un estudio de 21 especies de aves en el suroeste de Pensilvania descubrió que, al menos hasta ahora, se están adaptando. Los autores del estudio, los biólogos Molly McDermott y Lucas DeGroote del Museo de Historia Natural de Carnegie, escriben en la revista Global Change Biology que: “Hemos encontrado evidencia convincente de que la reproducción de aves paseriformes mostró susceptibilidad fenológica al cambio climático”.

     McDermott y DeGroote analizaron registros del clima a largo plazo y un importante conjunto de datos de aves paseriformes, incluían aves de percha dentro de este grupo taxonómico, de una sola estación en los últimos 53 años. En general, ahora ponen huevos un mes más temprano que antes, aunque hay una variación considerable dentro de esa generalidad.

     Algunas especies, como los Saltapared común y los Jilgueritos canarios, se están reproduciendo más tarde en el año, mientras que los Carboneros de Corona negra están comenzando mucho antes. El Chinito prospera durante los veranos más cálidos; los Picogordo Degollado prefieren el clima un poco más frío. Las primaveras lluviosas retrasan la puesta de huevos del Colorín Azul, pero la acelera para los Papamoscas Fibí. Y en consecuencia, explica DeGroote que: “un gran conjunto de aves en el suroeste de Pensilvania se está adaptando al cambio climático”.

     Al preguntarle si los resultados podrían considerarse alentadores, DeGroote dice que es una buena forma de pensar al respecto: “éste es el año más caliente que se haya registrado, y hasta ahora las aves se han adaptado a la primavera anticipada”. Desde luego, esto debe tomarse con mucha precaución: el estudio sólo observó algunas pocas especies, y “puede que llegue un momento en que las aves ya no puedan seguir “adecuándose”.

     Sin embargo, apunta DeGroote que, mientras tanto, la gente aún podría tener tiempo para “hacer todas las cosas que sabemos que deberían hacer por el planeta, pero no eligen por un sinnúmero de motivos”. Esto no sólo incluye detener al cambio climático, sino también frenar la destrucción del hábitat y el consumo de recursos que en muchos casos es incluso una amenaza más urgente. Y mientras lo llevamos a cabo, DeGroote espera que tengamos tiempo para escuchar.

     Por último, nos dice que: “al silenciar el clamor de nuestra vida diaria y escuchar a las aves, quizá podríamos escucharnos a nosotros mismos, y examinar el estado de nuestro corazón. Al hacerlo, podríamos darnos cuenta que vivir simplemente, sin electrónicos o combustible, es lo que exactamente necesitábamos. Y también lo que las aves necesitan”.

Fuente: McDermott, Molly E. and Lucas W. DeGroote. “Long-term climate impacts on breeding bird phenology in Pennsylvania, USA.” Global Change Biology, 2016. DOI: 10.1111/gcb.13363

Versión en inglés: A hopeful sign for birds in a changing climate.
Imagen: Brandon Keim

 

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